La lucha por preservar la democracia y la soberanía es la consigna que el presidente Lula da Silva está llevando a cada rincón de Brasil en su campaña por obtener la reelección en el próximo mes de octubre.
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Sin descuidar las redes ni el mundo virtual, Lula -al viejo estilo- recorre el territorio, se abraza con la gente y le dice sus verdades cara a cara. Que Flavio Bolsonaro, su rival, es un “traidor a la Patria” que “conspira contra Brasil” al punto de solicitarle a la Casa Blanca que “aplique sanciones económicas contra el país” es una de ellas.
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“No tenemos derecho a perder un voto. Brasil no soporta perros falderos. No soporta políticos que de día muestran la bandera nacional y de noche se ponen en cuatro patas ante Estados Unidos y ante la bandera norteamericana”, castigó Lula, vestido con jeans negros y camisa roja, en un acto en Brasilia el 16 de septiembre pasado.
“En este país hay una disputa. Hay un ciudadano que envió a su hermano, Eduardo Bolsonaro, a Estados Unidos a hablar mal de nuestro país y a pedirle a Trump que venga a intervenir Brasil”, continuó.
La información no es nueva, pero cobró fuerza la semana pasada cuando el diario conservador O Estado de Sao Paulo publicó un documento confidencial con 21 exigencias políticas y comerciales que la Casa Blanca le transmitió al Planalto en octubre de 2025.
Flavio Bolsonaro se encontró y fotografió con el presidente estadounidense en el Salón Oval el 26 de mayo de 2025. La lista de exigencias publicada por el diario paulista era la comprobación de cómo Trump busca obstaculizar un nuevo triunfo de Lula y favorece a la familia Bolsonaro.
Como se sabe, Flavio prometió importantes concesiones a EE.UU. En julio pasado el candidato del Partido Liberal envió una carta al secretario del Departamento de Estado, Marco Rubio, con los favores que haría si salía elegido futuro presidente de Brasil.
Bolsonaro le ofreció crear un gabinete de transición (entre octubre de 2026 y enero de 2027, es decir, durante el período que aún le corresponde gobernar a Lula) que funcionaría con permanentes consultas con Washington. También prometió ventajas a empresas financieras y tecnológicas estadounidenses y ofreció promover el distanciamiento de Brasil con el Mercosur.
“Vemos con optimismo su candidatura en octubre y su generosa oferta de colocar un equipo de transición a nuestra disposición en caso de ser electo. EE.UU. está listo para cooperar en forma amplia y justa”, respondió Rubio.
Las exigencias que Lula rechazó
El triunfo del ultraderechista Flavio Bolsonaro no sólo implicaría un cambio radical en la actual política brasileña y el riesgo de que una nueva autocracia se sume a las ya existentes en Sudamérica, sino que implicaría una victoria estratégica para Washington. EE.UU., en su actual situación de declive relativo, necesita imperiosamente dominar el continente -desde Groenlandia a Tierra del Fuego- y está dispuesto a pelear, a sangre y fuego, contra gobiernos soberanos como los de México, Cuba y Brasil.
El documento publicado por O Estado de Sao Paulo así lo demuestra. En octubre de 2025, Trump exhortó a Lula a “no impedir la participación arbitraria de líderes opositores en las elecciones” (o sea, una presión directa para liberar a Jair Bolsonaro y permitirle ser candidato).
Además, le exigió:
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no aplicar multas a redes sociales, ciudadanos o empresas de EE.UU. (Brasil estaba en disputa judicial con plataformas como X);
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avisar a EE.UU., con anticipación, la venta de tierras raras y minerales críticos y priorizar a las empresas estadounidenses;
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comprar aviones Boeing
y eliminar el arancel aplicado al etanol, entre otras.
La cancillería brasileña calificó al documento como “inaceptable” y Lula en persona y en público se encargó de subrayarle a Trump que no permitiría la injerencia de ningún país en las decisiones de Brasil. Según el diario paulista hubo un segundo documento más acotado, de 14 puntos, que fue igualmente rechazado.
El próximo martes 22, en la apertura de la 81ª Asamblea General de Naciones Unidas, en Nueva York, Lula y Trump se cruzarán en el estrado. Es tradición que el presidente de Brasil inaugure esa reunión anual y lo siga, en segundo lugar, el mandatario de EE.UU. Es improbable que haya una reunión bilateral entre ellos, pero sin dudas, Lula aprovechará la oportunidad para aludir a las injerencias externas y a la soberanía.
Quien sí quiere juntarse con el presidente brasileño es el alcalde de Nueva York. Zohran Mamdani pidió una entrevista con él y lo invitó a participar en un encuentro con dirigentes progresistas. Lula declinó la segunda propuesta y aún queda pendiente la primera. No obstante, dado el actual contexto de campaña presidencial brasileña y las tensiones entre Brasilia y Washington es improbable que se produzca.
El escándalo del Banco Master
Un clásico de las campañas electorales, especialmente en Brasil, es que en los días previos a los comicios se produzca una explosión mediática como consecuencia de la filtración de datos que involucran, en casos de corrupción, a uno o más candidatos (o a sus allegados, colaboradores, amigos o familiares, etc.).
En esta campaña, el escándalo se llama Banco Master. Su dueño, el ex banquero Daniel Vorcaro está preso desde marzo de este año por fraude (y muchos otros delitos) por cerca de 10 mil millones de dólares. La investigación salpica al Poder Judicial, al candidato Flavio Bolsonaro, a legisladores, financistas, empresarios, entre muchos otros.
Vorcaro, además, fue bautizado por la prensa y las redes sociales como el “Jeffrey Epstein de Brasil”, porque como el delincuente norteamericano organizaba orgías con políticos y “chicas muy jóvenes, preferentemente no brasileñas”, según la revista brasileña Piauí.
Flavio Bolsonaro conocía muy bien al ex banquero y admitió haberle pedido dinero, según él, para realizar una película sobre su padre, Jair. Pero hay audios, mensajes y pruebas que lo complican mucho más y se sospecha que las partidas de dinero tienen que ver con la recaudación de fondos para el aparato político bolsonarista. Todo está siendo investigado.
Lo curioso es que este escándalo, por el momento, perjudica electoralmente mucho más a Lula que a Flavio. ¿Por qué? Porque, en el celular del ex banquero Vorcaro hay intercambios de mensajes con el juez Alexandre de Moraes (no hay respuestas del magistrado) que abren las sospechas de un supuesto conflicto de intereses o tráfico de influencias. El juez De Moraes fue quien metió preso a Jair Bolsonaro y es, supuestamente, cercano a Lula.
Una elección de dimensión continental
Brasil enfrenta una elección presidencial de una importancia decisiva. Con Lula como presidente, mantiene un alto grado de autonomía política, sostiene su proyecto de multilateralidad como todos los miembros de los BRICS y desafía las embestidas del imperio estadounidense frente a una Sudamérica mayoritariamente sometida al Departamento de Estado y militarizada por el Pentágono.
Esta semana Bolivia informó sobre la capacitación de su policía por parte de comandos norteamericanos y sobre la conformación de una fuerza de tarea conjunta integrada por la Policía, las Fuerzas Armadas y unidades especiales, destinada a enfrentar a organizaciones criminales en la frontera con Brasil.
También, el canciller Marco Rubio, durante su gira por Colombia, Perú y Ecuador este mes, informó sobre la “consolidación de una agenda de seguridad y de control de fronteras, alineadas con la estrategia” de Washington.
Es muchísimo lo que está en juego… y no sólo para los brasileños. Estas elecciones tienen dimensiones continentales y globales. Y todos los jugadores lo saben.
