Unas 20 familias palestinas abandonaron sus hogares en la comunidad beduina de Ras Ein al-Auja, en el valle del Jordán, en la Cisjordania ocupada. La dramática decisión se produjo tras una escalada del acoso y ataques por parte de los colonos israelíes de los asentamientos cercanos durante los últimos dos años.
Tras el 7 de octubre de 2023, los residentes de las comunidades vecinas huyeron de sus hogares debido al acoso y la violencia de los colonos, pero los habitantes de Ras Ein al-Auja se habían mantenido firmes hasta ahora. Estas tierras fueron históricamente reconocidas como propiedad privada palestina. Pero en los últimos dos años y medio se establecieron puestos de avanzada que rompieron con su tranquilidad, según denunció Mahmoud Salamah Ka'abana, integrante de la organización Mirando a la Ocupación a los Ojos.
De acuerdo a los datos divulgados por las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), los ataques cometidos por judíos contra palestinos en la Cisjordania ocupada aumentaron de forma continua y pronunciada desde el 7 de octubre de 2023, con un total de 1.720 incidentes de este tipo registrados en ese período. Las cifras muestran que en 2025 se registraron 845 incidentes de crímenes cometidos por colonos, en los que 200 personas resultaron heridas y cuatro murieron. Estos datos indican un aumento de aproximadamente el 25 % en comparación con 2024, cuando se denunciaron 675 casos, 149 palestinos resultaron heridos y seis murieron.
Acoso, ataques y temor por sus vidas
"Solíamos recorrer largas distancias con los rebaños y abrevar a las ovejas y cabras en el arroyo Auja", contó Salamah Ka'aban, en diálogo con Haaretz, y añadió que los colonos comenzaron a restringir el acceso a las tierras de pastoreo lejanas con amenazas y violencia. De hecho, el pastoreo cesó casi por completo; además, alrededor de 1500 ovejas y cabras de la aldea fueron robadas.
El pasado 30 de diciembre, alrededor de una docena de colonos adolescentes entraron en la aldea, algunos de ellos enmascarados y portando porras, incluso uno tenía un arma larga. Los activistas presentes alertaron a la policía, pero las FDI arrestaron a algunos palestinos —que posteriormente fueron liberados— después de que los colonos informaran que uno de los suyos había sido agredido y herido durante el incidente.
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A la mañana siguiente, los colonos comenzaron a arar la tierra en el centro de la aldea, a pocos metros de la casa de Salamah Ka'abana. Este relató que llegaron con un arado y destrozaron el camino pavimentado que conducía al centro de la aldea y el cableado eléctrico. "La Administración Civil llegó después de que hubieran completado la mayor parte del arado y les ordenó detenerse hasta que se aclarara la propiedad de la tierra", indicó Salamah Ka'abana.
Después de eso, relató, llegaron colonos; lo amenazaron e intentaron entrar en su casa. "Esa noche trajeron camellos, ovejas, vehículos todoterreno y decenas de colonos, y establecieron un nuevo puesto de avanzada cerca de mi casa". Un video de los días siguientes muestra a los colonos en la nueva ubicación.
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En los días siguientes, según Salamah Ka'abana, el acoso se intensificó. "El domingo, cuando los niños regresaban de la escuela, llegó un colono del puesto fronterizo cercano en un vehículo todoterreno. Aceleró hacia ellos y dio un volantazo en el último momento. Los niños se asustaron y volvieron a casa llorando", resaltó, y agregó que al día siguiente, los colonos lanzaron una piedra contra un camión que venía a entregar alimento para el ganado de los aldeanos.
"Ya no podemos salir a pastar y tenemos que pagar por el alimento, pero ahora ni siquiera eso llega", denunció. Ese mismo lunes por la noche, unos colonos caminaban cerca de su casa y lanzaron una piedra contra el techo de hojalata de la casa de un vecino.
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Desde entonces, montaron guardias nocturnas. "Si antes teníamos problemas para dormir, ahora nos cuesta conciliar el sueño. Tengo miedo, la situación es difícil. Temo que roben los animales o que quemen la casa. Temo por nuestras vidas, por nuestros hijos. Creemos en la paz. Judíos, musulmanes y cristianos: todos somos hijos de Dios y debemos aprender a vivir juntos", resaltó.
El pasado martes, mientras un equipo de Haaretz se encontraba en el lugar, cuatro rebaños de tres asentamientos diferentes pastaban dentro de Ras Ein al-Auja, entre sus casas. Un colono enmascarado apareció repentinamente con un rebaño y comenzó a vaciar los tanques de agua de la comunidad hasta que los activistas lo obligaron a irse.
