Desde el inicio de la gestión de Javier Milei, la distancia entre los salarios y el costo de sostener los gastos básicos se amplió de una manera gigantesca. Si para los propietarios es una utopía llegar a fin de mes, el presupuesto que deben asumir los inquilinos es aún más dramático.
Un informe de la consultora Eunomia reveló que el Índice de Presión sobre el Presupuesto Familiar (IPPF) de los trabajadores registrados llegó en junio a 108,6, apenas 0,9 puntos por debajo de su máximo histórico, también registrado bajo el gobierno libertario. Entre los hogares que alquilan, la situación es todavía más crítica: el indicador alcanzó 135,6, el mayor nivel de toda la serie.
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La presión sobre las familias volvió a niveles máximos
El IPPF compara la evolución de una canasta de gastos esenciales con el comportamiento del salario registrado. El valor 100 representa la relación existente en enero de 2024. Cuando el índice supera ese nivel, significa que esos gastos tienen un peso mayor sobre los ingresos que en el momento tomado como referencia.
El dato de junio refleja un deterioro significativo. El índice general se ubicó en 108,6, frente al récord de 109,5 registrado en abril de 2024. Es decir, la presión sobre los ingresos volvió prácticamente al máximo observado desde el comienzo de la serie.
La brecha también puede observarse en la evolución acumulada: entre enero de 2024 y junio de 2026, los gastos esenciales seleccionados aumentaron 227,6%, mientras que el salario registrado avanzó 201,5%.
Vivienda y tarifas, los principales factores de presión
Dentro de la canasta, hay un rubro que sobresale ampliamente por encima del resto: vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles. Desde enero de 2024 acumuló un incremento del 423,5%, más del doble que la evolución de los salarios registrados.
La presión también se explica por otros gastos difíciles de postergar. La comunicación aumentó 275,1% durante el período analizado, mientras que el transporte acumuló una suba de 219,9%. Ambos incrementos también superaron el avance de los ingresos registrados.
Los alimentos, en cambio, registraron una suba acumulada de 155,4%, mientras que los gastos vinculados con la salud aumentaron 180,7%.
La metodología del indicador contempla cinco grandes divisiones del IPC-GBA: alimentos y bebidas no alcohólicas, vivienda y servicios, salud, transporte y comunicación. En conjunto, representan el 57,1% de la ponderación oficial del IPC-GBA.
Para los inquilinos, el impacto es todavía mayor
La situación se profundiza entre quienes deben pagar un alquiler todos los meses. El IPPF para hogares inquilinos alcanzó 135,6 en junio, el máximo de toda la serie iniciada en enero de 2024.
En este caso, la canasta utilizada para medir la presión sobre el presupuesto aumentó 308,7% desde enero de 2024. El salario registrado, durante el mismo período, avanzó 201,5%.
La vivienda tiene un peso particularmente importante en este indicador. Dentro de la canasta de los inquilinos, alquiler y gastos relacionados con agua representan el 36,1%. El transporte pesa 17,4%, los alimentos 26,4%, salud 6,5% y comunicación 7%.
El sector público enfrenta una presión mayor
El deterioro tampoco impacta de la misma manera sobre todos los trabajadores registrados. En junio, el IPPF alcanzó 107,7 para los asalariados privados registrados, mientras que llegó a 110,5 para los trabajadores del sector público. El promedio general fue de 108,6.
MÁS INFO
La trayectoria del indicador muestra que la situación había experimentado cierta mejora después del pico de abril de 2024, pero comenzó a deteriorarse nuevamente hacia fines de 2025. En junio de 2026, el índice regresó a 108,6 y quedó prácticamente en el máximo de la serie.
Para los hogares inquilinos, en cambio, el deterioro es todavía más contundente: el índice no solo volvió a niveles elevados, sino que alcanzó un nuevo récord.
