Las ventas minoristas de las pequeñas y medianas empresas volvieron a ser reflejo en septiembre del apretón monetario al que están llevando las políticas económicas del gobierno libertario, que deprime el consumo de los hogares. Según el Índice de Ventas Minoristas elaborado por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), las ventas del sector pyme arrojó en el noveno mes de este año una mejora interanual 0,3 por ciento, pero una caída mensual desestacionalizada de 1,2 por ciento. Con esta caída, el sector acumula una contracción de 2,1 por ciento durante los primeros nueve meses del año, mientras que dentro de los rubros relevados por la entidad, el comportamiento de Alimentos y bebidas volvió a ubicarse entre los registros negativos. El segmento retrocedió en las tres mediciones consideradas, con una baja de 3,1 por ciento frente a septiembre del año pasado, de 3 por ciento en el acumulado de 2026 y de 1,7 por ciento respecto de agosto.
El informe de CAME describe una demanda concentrada en la reposición diaria y en compras de bajo importe, con una preferencia creciente por alternativas económicas y presentaciones fraccionadas, mientras que las operaciones vinculadas a productos de consumo por impulso mostraron un menor ritmo y llevaron a los comercios a extremar la rotación de sus stocks. CAME registró que septiembre representó apenas el segundo mes del año con una variación interanual positiva, después del 0,9 por ciento registrado en junio, y recordó que la última medición positiva antes de ese período había sido en abril de 2025, cuando las ventas habían aumentado 3,7 por ciento interanual. Desde entonces y hasta junio de este año se habían acumulado trece meses consecutivos de retrocesos interanuales, de acuerdo con la serie utilizada por la entidad empresaria.
La comparación con agosto también muestra los límites de la mejora interanual, dado que las ventas minoristas generales disminuyeron 1,2 por ciento en la medición mensual desestacionalizada. CAME vinculó este comportamiento con la finalización de los picos de ventas asociados a las fechas festivas y escolares de agosto, pero también con una menor disponibilidad de ingresos para los hogares y con las restricciones que enfrenta el financiamiento mediante tarjetas. La entidad sostuvo que las familias mantuvieron una actitud de cautela presupuestaria y concentraron sus desembolsos en reposiciones necesarias, mientras postergaron compras de mayor magnitud.
MÁS INFO
Poco y fraccionado
En el caso específico de Alimentos y bebidas, esa descripción se tradujo en una modificación de las cantidades y de las modalidades de compra. El relevamiento señaló que los consumidores mostraron una marcada preferencia por opciones económicas y presentaciones fraccionadas, con operaciones de bajo importe unitario y visitas frecuentes a los comercios. La dinámica también se observó en las carnicerías, donde se acentuó la sustitución de cortes vacunos por alternativas avícolas, mientras que en el segmento de perecederos y verdulerías los comerciantes reforzaron el descarte diario para evitar pérdidas de mercadería.
La situación de la carne constituye uno de los ejemplos más claros del proceso de sustitución que atraviesa el consumo de alimentos, donde por primera vez cedió terreno para que la carne aviar lidere el podio de consumo. De acuerdo con datos de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados, durante los primeros ocho meses de 2026 el abastecimiento de carne vacuna destinado al mercado interno había caído 11,3 por ciento interanual, mientras las exportaciones habían aumentado 6,5 por ciento. En agosto, el consumo aparente por habitante, medido como promedio móvil de doce meses, se ubicó en 46 kilos anuales, un 9,5 por ciento por debajo del nivel de un año antes.
La menor disponibilidad de carne vacuna en el mercado interno se produjo además en un contexto de menor producción. Durante los primeros ocho meses del año se produjeron 1,944 millones de toneladas res con hueso, un volumen 6,8 por ciento inferior al registrado en igual período de 2025, mientras que las exportaciones alcanzaron 567.400 toneladas res con hueso. La combinación entre menor producción, mayor participación de las exportaciones y una demanda doméstica debilitada conformó uno de los componentes de la reducción del consumo de un producto central dentro de la canasta alimentaria argentina.
La propia descripción de CAME señala que las familias priorizaron artículos de primera necesidad y reposiciones inmediatas, mientras los comercios enfrentaron una mayor competencia de cadenas mayoristas y supermercados. La presión sobre el canal minorista se combina así con una demanda que reduce cantidades, cambia marcas, fracciona compras y posterga productos que no considera indispensables.
Según los últimos datos disponibles del INDEC, correspondientes a julio, las ventas de supermercados a precios constantes habían caído 2,1 por ciento respecto de julio de 2025 y acumulaban una baja de 2,7 por ciento durante los primeros siete meses de 2026. En la comparación mensual desestacionalizada, el indicador también había retrocedido 0,7 por ciento. De acuerdo con un informe de Scentia citado por El Destape, durante agosto las ventas medidas en volumen descendieron 1,5 por ciento frente al mismo mes del año anterior y 0,7 por ciento en relación con julio, con una caída acumulada de 2,7 por ciento durante los primeros ocho meses de 2026. El resultado significó el octavo mes consecutivo de retroceso interanual para ese indicador.
Los rubros afectados
La secuencia resulta relevante porque permite distinguir entre una recuperación estadística del indicador general de CAME y una recomposición efectiva de los niveles de consumo. En septiembre, el crecimiento interanual de 0,3 por ciento para las ventas minoristas pyme se explica además por la comparación con un período de 2025 en el que la actividad había mostrado una contracción importante. El propio informe de CAME describe la recuperación como marginal y advierte que la demanda permaneció fragmentada y orientada principalmente hacia compras cotidianas y de bajo valor.
El comportamiento de los demás rubros refuerza esa lectura. Cinco de los siete sectores relevados por CAME presentaron aumentos interanuales en septiembre: Textil e indumentaria registró una suba de 5 por ciento, Calzado y marroquinería aumentó 3,5 por ciento, Ferretería, materiales eléctricos y materiales para la construcción avanzó 3,3 por ciento, Farmacia creció 1,5 por ciento y Perfumería mejoró 0,7 por ciento. En cambio, Bazar, decoración, textiles para el hogar y muebles cayó 3,4 por ciento y Alimentos y bebidas retrocedió 3,1 por ciento.
Sin embargo, la comparación mensual muestra que incluso algunos de los sectores que presentan crecimiento interanual no están atravesando una expansión homogénea. Textil e indumentaria, por ejemplo, tuvo una suba interanual de 5 por ciento, pero una caída mensual de 3 por ciento y acumula un retroceso de 2,5 por ciento en el año. Calzado y marroquinería aumentó 3,5 por ciento frente a septiembre de 2025, aunque bajó 0,6 por ciento respecto de agosto y acumula una caída de 0,5 por ciento. En alimentos, las tres mediciones permanecieron en terreno negativo: 3,1 por ciento interanual, 3 por ciento acumulado y 1,7 por ciento mensual.
La diferencia entre los rubros también puede observarse en la disposición de los comerciantes frente a la inversión. CAME relevó que 55,7 por ciento de los propietarios consultados considera que no es una etapa propicia para realizar inversiones, mientras 31 por ciento no tomó posición y apenas 13,4 por ciento consideró conveniente concretar nuevos desembolsos de capital. En paralelo, 44,1 por ciento de los consultados espera que el desempeño de su firma permanezca sin cambios durante los próximos doce meses, 41,8 por ciento proyecta una mejora y 14,1 por ciento anticipa un empeoramiento.
El balance de septiembre también muestra que la mejora interanual no se tradujo en una percepción generalizada de recuperación entre los comerciantes. El 50,2 por ciento de los propietarios consultados señaló que su nivel de actividad se mantuvo respecto del mismo mes del año anterior, mientras 44,3 por ciento manifestó un empeoramiento y solamente 5,6 por ciento informó una mejora. Aunque la proporción de respuestas negativas disminuyó frente a agosto, la distancia entre quienes observan un deterioro y quienes registran una mejora continúa siendo amplia.
La evolución del comercio minorista se encuentra así vinculada a una cuestión más amplia: la capacidad de los hogares para sostener el consumo corriente después de afrontar el resto de los gastos fijos. El relevamiento de CAME menciona una pérdida de dinamismo de los ingresos disponibles y los límites del endeudamiento con tarjetas como factores que explicaron la caída mensual de septiembre. En agosto, la misma entidad había señalado la reducción del poder adquisitivo, el peso de las tarifas de servicios y el endeudamiento familiar como elementos que habían limitado la demanda.
