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La carrera contra la inflación: qué gremios perdieron más de 10% de poder adquisitivo

Por primera vez desde noviembre de 2023, el ingreso real quedó por debajo del nivel previo al cambio de Gobierno. La evolución de los convenios muestra una fuerte dispersión: mientras algunos gremios lograron recomponer parcialmente sus ingresos, textiles, metalúrgicos, comercio y calzado acumularon pérdidas superiores al 10% en términos reales.

18 de agosto, 2026 | 12.50
La carrera contra la inflación: qué gremios perdieron más de 10% de poder adquisitivo

La desaceleración de la inflación no está alcanzando para recomponer el poder de compra de los salarios. El dato surge del último informe de la Secretaría de Trabajo, que registró una caída de 0,9% en junio en el salario real promedio de los trabajadores privados registrados. El retroceso se sumó al desplome de 2,9% observado en mayo y llevó el ingreso medio a quedar 0,6% por debajo del nivel de noviembre de 2023, antes de la asunción de Javier Milei.

Se trata de la primera vez en 20 meses que el salario privado registrado se ubica por debajo de aquel punto de referencia. La explicación que ofrece el organismo que conduce Julio Cordero es que durante los últimos dos meses los salarios nominales desaceleraron a un ritmo mayor que los precios, incluso en un contexto en el que el Índice de Precios al Consumidor comenzó a moverse alrededor del 2% mensual.

El dato adquiere otra dimensión cuando se abandona el promedio y se observa qué ocurrió convenio por convenio. La radiografía elaborada por Trabajo muestra que la evolución del poder adquisitivo fue muy desigual entre actividades y que varios de los gremios de mayor peso en el empleo privado terminaron acumulando pérdidas de dos dígitos durante el último año.

De los 27 acuerdos utilizados por la Secretaría de Trabajo para seguir la evolución del salario conformado, apenas siete registraron una mejora real en los últimos doce meses. En el otro extremo, cuatro actividades tuvieron una pérdida superior al 10%. El mayor retroceso correspondió al convenio de trabajadores textiles, con una caída real de 12,6%, seguido por metalúrgicos, con 12,4%; comercio, con 11%; y calzado, con 10,5%.

La composición de ese grupo no es menor. Se trata de actividades vinculadas en buena medida con el mercado interno y, por lo tanto, particularmente expuestas a la contracción del consumo y a una negociación salarial condicionada por empresas que también enfrentan una menor demanda. La pérdida del poder adquisitivo no se limita así a una discusión estadística sobre porcentajes: afecta a sectores numerosos de trabajadores y se vincula con la capacidad de consumo de una parte relevante de la economía.

En el extremo opuesto, siete convenios consiguieron superar a la inflación durante el período analizado. Encargados de edificio registró la mayor recuperación, con una mejora real de 5,9%, seguido por Camioneros, con 3,1%. Construcción y Farmacia mostraron una recomposición de 2,5% cada uno, mientras que Entidades deportivas registró 1,7% y Aceiteros y Seguros, 1,6% en ambos casos.

La dispersión entre actividades muestra que la evolución salarial no puede explicarse únicamente por la inflación general. También inciden la capacidad de negociación de cada sindicato, las características de cada actividad, la situación de las empresas y la estructura de los acuerdos alcanzados. Bancarios, Químicos e Industria de la carne quedaron en una zona intermedia, con variaciones cercanas a cero o leves caídas.

Paritarias que corren por detrás

El informe oficial incorpora otro elemento que permite entender el deterioro: los salarios definidos por convenio avanzan a un ritmo inferior al promedio de las remuneraciones del sector privado. Para ese conjunto de trabajadores, los ingresos se encuentran casi 7 puntos por debajo del nivel de noviembre de 2023. La diferencia puede estar relacionada, entre otros factores, con la incidencia de sumas fijas dentro de los acuerdos salariales. Estas compensaciones pueden producir recuperaciones puntuales del ingreso, pero no necesariamente generan una recomposición sostenida cuando la inflación continúa erosionando el salario mes a mes.

Un informe reciente de la consultora CP sobre la evolución del poder de compra planteó que "la inflación en torno al 2% pareciera garantizar apenas que los salarios se estanquen y no vuelvan a caer como a fines de 2025 pero no se recuperen los niveles anteriores". El diagnóstico agrega que "la generalización de las sumas fijas permite apenas recuperaciones esporádicas y heterogéneas. Solo más desinflación y la adopción de sumas fijas más abultadas podrían permitir una recuperación sostenida del salario real".

El problema para los trabajadores es que una inflación más baja no implica automáticamente una recuperación salarial. Si los aumentos nominales se pactan por debajo de la variación de precios, el salario deja de caer a la velocidad de los meses de mayor inflación, pero continúa perdiendo capacidad de compra. La estabilidad de precios, en ese escenario, funciona como condición necesaria para recuperar ingresos, pero no como garantía de que esa recuperación ocurra.

La medición de la Secretaría de Trabajo contempla exclusivamente a trabajadores privados registrados en relación de dependencia. El Indec utiliza una cobertura más amplia, ya que incorpora a los asalariados registrados del sector público y privado y suma una estimación, con rezago, de los ingresos de los trabajadores informales. Los últimos datos disponibles del organismo estadístico corresponden a mayo. Ese mes, los salarios registrados aumentaron 1,8%, frente a una inflación de 2,1%. La pérdida fue más pronunciada en el sector público, donde los ingresos avanzaron 1,5%, mientras que los salarios privados subieron 2%.

La diferencia entre las dos mediciones no cambia la tendencia general: los ingresos laborales comenzaron a mostrar nuevamente dificultades para acompañar el ritmo de los precios después de varios meses en los que habían conseguido recomponer parte del terreno perdido tras el salto inflacionario de fines de 2023 y comienzos de 2024. Durante buena parte de 2024 y principios de 2025, el discurso oficial utilizó la recuperación del salario real como uno de los indicadores para sostener que la estabilización comenzaba a trasladarse a los ingresos. La nueva secuencia de datos introduce un límite a esa lectura: la desaceleración inflacionaria no alcanza si los salarios nominales pierden velocidad más rápido que los precios.

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