La mega empresa global Bunge cerró su planta de fertilizantes en el país bajo la excusa de la apertura importadora y la dificultad de conseguir insumos claves como consecuencia de la guerra sobre el Estrecho de Ormuz. Verdades a medias. Los países agroindustriales como Brasil, Estados Unidos pero también la India están invirtiendo en plantas propias para evitarse el corte en la cadena de suministros en los productos derivados del petróleo y el gas, como es el caso de los fertilizantes.
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“Es absurdo que hayan cerrado la planta de fertilizantes bajo la excusa de que se abrió la importación. El país produce solamente el 50% de todos los fertilizantes que se utilizan, el resto se importan siempre. Lo que están haciendo los empresarios de Brasil, la India, Estados Unidos es poner plata para construir plantas por una cuestión de seguridad de abastecimiento. No podés depender de un conflicto armado para abastecerte de fertilizantes. Entonces, sería a contrapelo que la cerraban porque era más fácil importar”, reflexionó el consultor Javier Preciado Patiño.
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La planta manejada actualmente por Bunge fue fundada en la década del ´60; se dedicaba a la fabricación de tiosulfato de amonio, un fertilizante líquido comercializado bajo la marca SolMix, y también producía amoníaco para abastecer ese proceso y vender los excedentes a terceros.
Bunge, luego de la fusión con Viterra, maneja aproximadamente el 25% de las exportaciones agroindustriales del país. El fondo financiero de BlackRock posee cerca del 6% de sus acciones.
¿La caída de un gigante del agro?
Con el cierre de esta planta ubicada en Campana quedaron en la calle cerca de 200 trabajadores altamente calificados. "Un operador necesita entre cuatro y cinco años de formación para trabajar de manera segura en una instalación de este tipo", explicó el secretario general del Sindicato de Químicos y Petroquímicos de Zárate, Oscar Casco.
La empresa atribuyó el cierre al incremento de los costos industriales y a la competencia de productos importados. La fábrica elaboraba tiosulfato de amonio, un fertilizante líquido comercializado bajo la marca SolMix, y también producía amoníaco para abastecer ese proceso y vender los excedentes a terceros.
“Lo que aducen es que no pueden competir con los productos chinos, que hoy está tan complicado. Ellos usan azufre como parte de las materias primas, y está complicado conseguirlo por el tema de la guerra, por los precios. Después, los costos fijos hacen inviable la planta con respecto a las importaciones”, explicó Leandro Straschenco, secretario gremial del sindicato químico en una nota publicada por Bichos de Campo.
¿Por qué el gigante que se fusionó con Viterra, que concentra el 25% de las exportaciones agropecuarias del país, no decidió invertir en una nueva fábrica de fertilizantes? Para algunos, el negocio del agro es meramente un negocio financiero.
“El tema del azufre en Medio Oriente es una cuestión compleja, se cayó mucho el abastecimiento. Ahora, el tema es que es una planta muy vieja que quedó obsoleta. Sin embargo, no me cierra lo de las importaciones. Otros países, en un escenario similar, están invirtiendo. Acá está el proyecto de Pampa Energía (Mindlin) y el de Profertil (Adecoagro) que triplicaría la producción argentina y podríamos hasta exportar urea”, agregó Preciado Patiño.
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El contexto internacional de los fertilizantes para el agro
El conflicto desatado en febrero de este año en Medio Oriente tuvo consecuencias sobre el mercado energético global, trasladándose a una crisis igual de profunda en el segmento de los fertilizantes. Tanto el cierre del Estrecho de Ormuz como los ataques a la infraestructura petrolera regional tuvieron impactos en los precios globales de productos energéticos que son insumos claves para la producción de fertilizantes.
Antes del conflicto bélico, por el Estrecho de Ormuz pasaba cerca de un quinto del comercio de gas natural del mundo y la cuarta parte del comercio de urea global. ¿Qué hicieron los países ante este escenario?, se preguntaron en la Bolsa de Comercio de Rosario en un informe del pasado 7 de agosto.
“India, uno de los principales productores y mayor importador de este producto, detuvo momentáneamente su producción debido a la escasez de gas; China, uno de los exportadores clave, restringió sus exportaciones temporalmente para asegurar su abastecimiento interno. De esta forma, el mercado global de nitrogenados sufrió un fuerte estrangulamiento de oferta. Por lo tanto, como efecto dominó, el cierre del canal marítimo puso en jaque a la cadena de suministro de la urea tanto desde la producción hasta la logística”, analizaron desde la BCR.
En el caso puntual del azufre, hubo una fuerte suba de los costos. Según la FAO, cerca de la mitad del comercio mundial de azufre se concentraba en la región afectada por el conflicto. A ello se sumó la suspensión de la producción de amoníaco en Irán y de amoníaco y azufre en Qatar, luego de los ataques contra sus instalaciones.
El impacto en la Argentina fue el aumento de los precios para la importación de productos como el azufre o la urea. “La importación de fertilizantes en el primer semestre tuvo su segundo peor año desde 2019. En el complejo nitrogenados, se compraron al exterior 437.000 toneladas; en el rubro fosfatados, se adquirieron 767.000 toneladas. La urea fue el producto que más cayó en volumen. Medido en términos de valor, el primer semestre de 2026 marcó el segundo registro más alto de la historia con 1762 millones de dólares de importaciones”, concluyó el documento de la Bolsa de Comercio de Rosario.
