Patricia Sosa y Oscar Mediavilla conforman una de las parejas más emblemáticas y duraderas del ambiente musical argentino. El origen de su historia se remonta a la adolescencia, cuando una amiga de la cantante -prima de Mediavilla- le avisó que el músico estaba buscando coristas para su grupo. Sosa se presentó a la prueba, comenzó a cantar con el proyecto y al poco tiempo iniciaron un noviazgo que superaría medio siglo de vicisitudes.
A cincuenta años de aquel primer encuentro, la artista reflexionó sobre la huella que dejó ese amor inicial y la vigencia del vínculo en el día a día. "Oscar es mi amor, fue muy fuerte lo que nos pasó. Mi primera vez fue con Oscar, tenía 16 años. A 50 años de aquella época, esta semana vamos a ir a cenar los dos solos; elegimos un lugar muy lindo para festejar. Es mucho y es poco porque seguimos amándonos, construyendo, y tuvimos una hija hermosa. Agradezco al cielo esto", soltó Patricia.
La relación no estuvo exenta de interrupciones; durante la década de los noventa la pareja atravesó un divorcio que los mantuvo distanciados durante tres años, hasta que una charla sincera permitió el reencuentro y la reconstrucción de la dinámica familiar. Al recordar esa etapa de separación y la posterior decisión de volver a apostar por la pareja, la intérprete detalló los acuerdos que permitieron redefinir la convivencia y mantener encendida la chispa.
"Hicimos un pacto; cada uno respeta la privacidad del otro, y esa parte quedó en el olvido. Fue un milagro del amor volver. Me pregunté: ¿qué vale más, recuperar mi amor o mi ego? Seguimos siendo novios; por supuesto que el deseo sigue ahí. Oscar es una persona que me dice todos los días que me quiere y lo linda que estoy, todos los días tiene en cuenta mi palabra", sostuvo Patricia en diálogo con Caras.
Patricia Sosa deslumbró en La Trastienda
A principios del 2026, Sosa se presentó en el reciento de San Telmo y deslumbró a los presentes. La cantante abordó material de su última producción discográfica, Alquimia, e integró a la lista de temas composiciones de sus más de cuatro décadas de trayectoria, entre las que figuraron Aprender a volar, El mar más grande que hay, Solo quiero rock'n roll y No te rindas.
La dinámica del espectáculo combinó pasajes de mayor intensidad vinculados a su etapa al frente de La Torre durante la década de 1980 con segmentos dedicados a baladas como Luz de mi vida. La propuesta sonora se basó en una formación clásica de guitarra, bajo, batería, teclado y coros, sosteniendo el desempeño vocal de la intérprete.
