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Guillo Espel: “Crear es un acto de amor muy genuino”

El compositor, director, productor y guitarrista  anunció el lanzamiento del álbum Papel Máquina.

11 de septiembre, 2026 | 19.00

“No hay en verdad nada más valioso para el futuro que lo que aún no se ha creado. La idea es lo que vislumbra, lo que antecede a un giro insospechado. Y crear, componer,  es poner en valor la idea”, dice Guillo Espel -Compositor, director, productor y guitarrista- y agrega que “nada me seduce más aún hoy, que saber que puedo construir de la nada y alterar el tiempo y espacio de mi recorrido con eso. Es simultáneamente  lo más poderoso y lo más frágil que conseguí hasta ahora. El sendero entre una incierta  realidad y una segura ficción es, por fortuna, impreciso. Por eso compongo otra vez. Para encontrar un espacio que me interpele, me asombre, y así empezar de nuevo. Componer es un arrojo a sabiendas que perdemos la batalla de antemano. Es un salto, y desprolijo al vacío”. Desde hace casi un cuarto de siglo, Espel lidera su cuarteto de música de raíz argentina con composiciones propias y de destacados referentes y ha presentado obras en más de 40 países de América, Europa, Asia y Oceanía, actuando en recintos como el Teatro Colón, Carnegie Hall (Nueva York), Cankarjev Dom (Liubliana) y Sala Bulgaria (Sofía).

Su producción musical original ha sido interpretada por agrupaciones como la Orquesta Sinfónica de Oslo, Holland Symfonia, Orquesta Filarmónica de Praga, Orquesta Sinfónica Nacional (Argentina) y la Orquesta Estable del Teatro Colón, junto a solistas como Abel Pintos, David Lebón  Anna Netrebko, Nancy Zeltsman, Pedro Aznar y Víctor Torres. Y por estos días, está presentando su nuevo álbum, un trabajo que reúne  diez composiciones propias de última producción, grabado junto a grandes músicos tales como Nicolás Guerschberg, Fernando Ciancio, Oscar Albrieu Roca, Agus Voltta, Natacha M., Elías Gurevich, Grace Medina, entre otros. Compuesto en tres meses de intenso trabajo, este álbum articula la estructura de la canción clásica con una marcada diversidad tímbrica. La instrumentación —que incluye desde bandoneón, cuerdas y pianos hasta vibráfono, waterphone y gaitas— evita el uso figurativo o la imitación de géneros específicos. El repertorio cruza formas tradicionales reconocibles (zamba, cueca) con desarrollos compositivos exploratorios. Lejos de una división estilística, la obra plantea un discurso unificado centrado en el material sonoro y la ampliación de sus horizontes expresivos.

Ahora, se vienen las presentaciones del vivo del disco y una será el sábado 19, en Bariloche, durante el Festival Internacional de Música que se realizará en esa ciudad patagónica. El sábado 4 de octubre la cita será para cerrar el Festival Café Vinilo, junto a Luis Rocco (flauta), Lisandro Rajal (bandoneón), Alejandro Becerra (cello), Belén Serrano (artista invitada en voz), al tiempo que la guitarra y la dirección estarán a cargo de Guillo Espel: guitarra y dirección. La cita es en Estados Unidos 2483.

El cuarteto de música, liderado por Guille Espel.

-¿Por qué se ilustró la tapa del disco con una vieja máquina de escribir?

-El título del álbum sale de un libro que es una compilación de conferencias de Jacques Derrida. Algunas de esas conferencias ponen el acento en la cinta de la máquina de escribir. El proceso por el cual en el siglo XX la cinta de máquina de escribir genera traslación de información y reproducción de ideas es abismal en ese contexto, y esto ocurre en un presunto anonimato. Este objeto no es la estrella de la transmisión, como son los medios fríos al decir de Umberto Eco (televisión, por ejemplo), o la presencia con mayor actividad en el receptor que es la radiofonía. Sin embargo, la reproducción en papel es la circulación expuesta y duradera. Todo lo cual, según Derrida, inevitablemente tiende a deconstruirse, pero hay una gran irreverencia y un empecinamiento en cuidar la idea, reproducirla, vivenciarla. Esto no es ajeno a nuestros tiempos, donde el vértigo se apodera de cada instante, pero nos urge mantener el peso de la idea mientras parecemos flotar en algo que se diluye. Entonces las referencias al pasado son eslabones vivos, perennes, que permiten pensar con detenimiento.

Guillo Espel, compositor, director, productor y guitarrista.

-Te acompaña un seleccionado de músicos en tu disco. ¿Cómo se gestó este trabajo? ¿Qué fuiste buscando en los artistas que te acompañan?

-El álbum tiene la base de mi cuarteto, que son los primeros grandes músicos que admiro. La formación es rotable entre seis o siete personas, pero en definitiva llevamos 25 años manteniendo esta estructura y sigue siendo una bendición para mí cada vez que comparto un escenario o grabación con ellos. Luego, convocó a músicos que, creo previamente, que son los mejores para las obras. La música está por encima de los nombres. Allí llegan Nico Guerschberg, Ale Guerschberg, Fernando Ciancio o un set de cuerdas de primera línea con el que trabajo desde hace muchos años. Quiero mencionar a Agus Voltta o Natacha M. Dos cantantes superlativas. Realmente son las mejores que puedo elegir, y tengo el placer de que se sumen a mis proyectos. La música tiene una ambigüedad muy particular: puede ser el momento más íntimo y solitario de tu vida mientras compones o trabajás en ella. Y a su vez es uno de los momentos comunitarios más ricos y nobles que produce la comunicación humana. Yo disfruto de esas disparidades; formo parte de ese mismo camino.

 

Textual de Guillo Espel: "Para Jacques Derrida, el martillo-letra que impacta el papel de la máquina de escribir a través de su cinta, devela una idea y la esparce. Se replica lo único, lo íntimo, en un  perfecto imaginario social que transmite el significante contenido. Ocurre la comunicación humana, aún cuando el mismo Derrida deconstruya sustantivamente su potencialidad. El sonido, organizado, pretende posar con cierta jerarquía estética, si esa cualidad existiese. "Papel máquina" es parte de esa ilusión sin resolver: supone ser un arrojo caótico hacia la luz, una mutación equívoca del silencio, en complicidad con quien escucha. Gracias por estar aquí, acompañando esta fantasía"

 

-Un disco nuevo siempre es un nacimiento, una luz. Ahora se viene el tiempo de mostrar, de presentar esas músicas. Una de esas citas será el cierre del Festival Café Vinilo. ¿Qué imaginás para ese encuentro?

-Hoy Café Vinilo es nuestra casa en Buenos Aires. Adoro tocar allí, lo que se genera con el público que nos ve, lo que producen Teresa y Edu, quienes son los grandes mentores de este paraíso. El Festival Vinilo es además un nuevo gran atractivo que tiene la Ciudad en materia cultural y me honra cerrar esta segunda edición el próximo 3 de octubre. El festival cuenta además con entradas muy populares que permiten que todo sea una fiesta y no implique un costo alto para la gente. Los artistas que componen la grilla durante los 10 días del ciclo son esenciales en las músicas que se están desarrollando en nuestro medio. Son disparadores de ideas, de proyectos. Es un lujo formar parte de esa grilla.

-Contás que de chico te maravillabas "jugando con objetos casuales o con sueños que fabricaba para ellos". ¿Cuáles son los sonidos de la infancia que te marcaron para siempre?

-No sé cuáles me marcaron. Pero sé con cuáles convivía. El jadeo o la respiración de mis perros fueron algo importante para mí. Yo sabía que ellos estaban allí. Los pájaros me enseñaban el amanecer. El sonido del agua era parte de mi mundo, en un arroyo, en el mar o algún tanque australiano en el que me refrescaba algunos veranos. Luego, el viento. Yo creo que conocí mucho la naturaleza por su sonido. Claro que estaba la imagen allí, pero yo interiorizaba esa imagen desde su sonido, con esa experiencia. Otra vez, era algo muy íntimo. Muy solitario. No sé cuánto esos sonidos me marcaron, pero sé que atravesaron mi historia. Luego sí, tuve el impacto más fuerte en el sonido organizado como música. Sin equivocarme, podría decir que mi vida cambió por completo más que nunca antes por causa de sonidos dispuestos de una manera y no de otra. Y siempre hay un primer ordenador sonoro: en mi caso se llamó The Beatles. Mi música y mi vida pueden parecer muy distintas de ese germen, pero eso implica que soy también un gran embustero.

Guillo Espel, compositor, director, productor y guitarrista. Crédito de foto: Máximo Parpagnoli

-Se vive un tiempo complejo, donde desde el poder se desfinancia a la cultura, se agrede a quien piensa diferente, se corre a las formas artísticas del lugar de privilegio que deberían ocupar. ¿Cómo lo vivís, desde tu rol de artista y comunicador?

-Es un tiempo muy complejo, muy áspero. Comparto eso. Pero también es cierto que otros períodos no han sido una panacea. Los ejes de poder y de interés propio fueron siempre moneda corriente, a veces más o menos expuestos, pero siempre fatalmente eficaces. Desde el arte, mi posición respecto de los entornos es siempre crítica. Yo no siento que deba marcar alguna pertenencia, sino, por el contrario, la independencia y observación crítica está mucho más emparentada a lo creativo. Trato de no tener referentes. Puede sonar antipático, pero lo colectivo no conduce a la singularidad, a lo original, y esto último es lo que esforzadamente perseguimos al momento de componer. En este sentido yo siento un compromiso social más que brutal, y plenamente sincero. Crear es un acto de amor muy genuino. La singularidad implica un despojo y una incomodidad muy grande. Creo que el compromiso con el arte, con la propia obra, en un mundo tan dispar en valores, excede lo rotulable. Mi obra, como la de cualquier artista, está allí, como servicio, como entrega, como gesto amoroso. Puede generar interés o ser ignorado. Es perfectamente legítimo lo que suceda desde el otro. Pero yo no explico el contexto que vivo, no lo convalido, sea de mi mejor o peor apreciación. Luego, claro está, soy ciudadano, y allí todo cobra un sentido diferente. Trato de hacer del mundo un espacio mejor. Al menos lo intento.

 

-Dicen por ahí que existe otro mundo, pero que habita en este mundo... ¿Cómo es el mundo de Guillo Espel?

-Mi mundo me construye, día a día. Es completamente dinámico. Ha cambiado y se ha transformado abismalmente durante su trayecto. En este sentido, cada día es un espacio imprevisto, un lugar a descubrir. Allí conviven tanto los momentos más oscuros como la luminosidad más grande que haya alcanzado. Debido a todo esto, me resulta imposible pensar cuál es el mundo que habitamos. Supongo que tiene algo, al menos mínimo, de lo que mi mundo le asigna. Pero casi siempre eso es ilusorio. Me resulta muy difícil vivir cada día y a la vez no hay nada más fascinante que saber que eso ocurrirá mañana. En definitiva, componer y hacer música, que es una de las cosas en las que más ocupo mi tiempo, es buscar espacios de luz en esta odisea. El timbre de voz de mi hija, el recuerdo del sonido de mis perros, o el viento en el mar, golpeando una casilla de madera, parecen acompañarme siempre en esa búsqueda, desde la luz.

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