El FOMO, el miedo a quedarse afuera de una experiencia que otros están viviendo, también modifica los hábitos de ocio de los argentinos. Un estudio realizado sobre el uso del tiempo libre reveló que el 44% compró durante el último año una entrada para un evento al que inicialmente no pensaba asistir.
El fenómeno está estrechamente relacionado con las redes sociales. Las publicaciones de otras personas, las imágenes de los eventos y la sensación de estar perdiéndose algo pueden terminar modificando una decisión que parecía tomada.
El relevamiento fue realizado por Betsson a partir de una encuesta a 2.039 personas en Argentina. El objetivo fue conocer cómo utilizan su tiempo libre, qué actividades realizan y qué factores influyen a la hora de decidir si gastar dinero en una experiencia.
El dato más llamativo aparece en la compra de entradas. Casi la mitad de los encuestados reconoció que, durante el último año, terminó comprando una entrada para un evento al que originalmente no tenía pensado asistir. En ese proceso, las redes sociales son el principal detonante. La exposición constante a lo que hacen otras personas puede generar la sensación de que hay una experiencia que no debería perderse.
El fenómeno también aparece cuando las entradas ya están agotadas. Casi la mitad de los argentinos consultados estaría dispuesta a pagar más que el precio original para conseguir una entrada en reventa. Así, el FOMO no solamente puede modificar la decisión de asistir a un espectáculo. También puede aumentar la disposición a pagar para acceder a una experiencia que ya no está disponible a su precio inicial.
Los argentinos también tienen poco tiempo libre
El dinero no es el único obstáculo. La cantidad de tiempo disponible también condiciona las posibilidades de ocio. El estudio indica que el 62% de los argentinos dispone de tres horas o menos para sí mismo durante un día de trabajo o estudio, una vez descontados el sueño, los traslados, las tareas domésticas, los cuidados y otras necesidades básicas.
Para más de un tercio, el tiempo disponible se reduce a dos horas o menos. Y uno de cada diez argentinos cuenta con apenas una hora o directamente no tiene tiempo libre.
