Digger, la nueva película de Alejandro González Iñárritu protagonizada por Tom Cruise, pasó un primer fin de semana preocupante en Hollywood, con una taquilla muy por debajo de lo esperado. El filme que apostó por la impactante transformación física del actor de Misión imposible, va camino a ser uno de los grandes fracasos del año.
De los 20 millones que recaudó Digger desde que aterrizó en cines el pasado jueves 1 de octubre, 8 millones corresponden a la taquilla de Estados Unidos y Canadá, mientras que 12 millones provienen del resto del mundo. Según información de Variety, el filme habría contado con un presupuesto de entre 160 y 180 millones, por lo que su estreno se perfila como un fracaso en toda regla.
De hecho, se trata del peor estreno de una película de Tom Cruise en 19 años, desde que en 2007 Leones por corderos recaudó apenas 10,3 millones de dólares en su primer fin de semana en cines. No obstante, el filme protagonizado por Cruise junto a Robert Redford y Meryl Streep contó con un presupuesto de 35 millones de dólares, bastante inferior al de Digger.
El fracaso comercial del filme de Iñárritu marcará un final bastante agridulce para Warner Bros., pues se trata de la última película estrenada por el estudio antes de su fusión con Paramount. Y aunque, con una puntuación del 51% en Rotten Tomatoes, sería injusto hablar de un fracaso rotundo de crítica, sin duda es una acogida que deja bastante que desear, si bien algunos la tildan de obra maestra incomprendida.
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La estrategia de Warner Bros para capitalizar el "fracaso"
Warner Bros. aprovechó para articular el marketing del filme precisamente en torno a la polarización que está suscitando, lanzando videos promocionales en los que las críticas negativas se contraponen con las positivas. Así, a través de mensajes como "decide por ti mismo" o "todo es cuestión de percepción", el estudio se está apoyando precisamente en esa falta de consenso para alentar al público a acudir a las salas.
