En una ciudad donde la gastronomía suele asociarse a tendencias fugaces y aperturas ruidosas, un restaurante de barrio logró destacarse por otro camino. Reconocido por la Guía Michelin, este proyecto independiente propone una cocina cotidiana, sin artificios, que pone en valor el trabajo constante, el producto y el vínculo con la comunidad.
Lejos de los polos gastronómicos más transitados, la propuesta se construye desde una lógica distinta, donde el reconocimiento llega como consecuencia y no como objetivo. La distinción internacional aparece más adelante, en un recorrido marcado por decisiones coherentes y una identidad sostenida en el tiempo.
MN Santa Inés y una distinción de la Guía Michelin en La Paternal
Ubicado en el barrio porteño de La Paternal, MN Santa Inés fue distinguido por la Guía Michelin dentro de la categoría Bib Gourmand, que reconoce a los restaurantes que ofrecen una excelente relación entre calidad y precio. Al frente del proyecto está la cocinera Jazmín Marturet, quien sostiene una forma de hacer cocina basada en el trabajo diario y el arraigo barrial.
Una propuesta gastronómica sin artificios ni tendencias
La cocina de MN Santa Inés dialoga con lo criollo, con los viajes y con la formación profesional de su creadora, pero evita encasillarse. No hay una búsqueda de platos diseñados para impresionar, sino una idea clara de cocinar lo que se entiende y lo que se tiene a mano. Esa coherencia atraviesa toda la propuesta y se refleja en una carta que cambia según la temporada y la disponibilidad.
El proyecto se construye desde el trabajo invisible: la repetición, la organización y la constancia. La gastronomía aparece como un oficio que combina creatividad con esfuerzo físico y responsabilidad diaria, lejos de cualquier romantización.
El equipo ocupa un rol central en esta dinámica. La cocina funciona como un espacio colectivo donde el resultado final depende del trabajo compartido. Sin esa estructura humana, la propuesta no tendría sentido ni continuidad.
El barrio como parte esencial del proyecto
La elección de La Paternal no respondió a una estrategia de mercado. Abrir en este barrio implicó asumir una responsabilidad: integrarse a una comunidad que ya existía. MN Santa Inés se piensa como una casa abierta, donde quienes llegan lo hacen de manera consciente, muchas veces buscándolo en el mapa y alejándose de los recorridos habituales.
La relación con el entorno se construye desde lo cotidiano: la vereda, los vecinos con nombre propio, el tiempo sin apuro. La mesa larga y el clima de encuentro no funcionan como una pose, sino como parte real de la experiencia. La comida se entiende como un espacio para compartir, mirarse y escucharse.
Liderazgo, oficio y una forma de sostenerse en el tiempo
El reconocimiento de la Guía Michelin no altera el rumbo. MN Santa Inés sigue apostando por una forma de hacer las cosas con sentido humano, demostrando que no es necesario copiar modelos ni depender de grandes inversiones. En tiempos de incertidumbre, el restaurante propone algo tan simple como contundente: cocinar todos los días, en el barrio, para que la comida vuelva a ser un verdadero acto de encuentro.
