La colorimetría no es un invento de las redes sociales, sino una ciencia de los colores. A la hora de armar un look, resulta fundamental tener en cuenta factores como el subtono de la piel, qué paleta va mejor con cada persona, y evaluar la intensidad y la pureza de los colores que mejor sientan según el contraste natural entre la piel, los ojos y el pelo.
Cómo identificar en 3 pasos mi colorimetría
El primer paso es examinar el tono de piel. Frente a un espejo y con luz natural, hay que observar el color de las venas de la muñeca: si se ven verdosas, el subtono es cálido; si se ven azuladas o violáceas, el subtono es frío; y si no se logra distinguir con claridad, probablemente sea neutro. Otra forma sencilla de confirmarlo es sostener una hoja de papel blanco cerca del rostro y si la piel se ve amarillenta o dorada en contraste, el subtono es cálido, y si se ve rosada, es frío.
El segundo paso es evaluar el contraste natural entre la piel, los ojos y el cabello. Hay que observar si existe una diferencia marcada entre esos tres elementos o si, por el contrario, son similares entre sí. A las personas con mucho contraste físico, por ejemplo, piel muy clara junto a cabello muy oscuro, suelen favorecerles los colores intensos y puros, mientras que a quienes tienen poco contraste les sientan mejor los tonos suaves, empolvados o neutros.
El tercer paso es prestar atención al color de ojos y cabello, evaluando si son oscuros o claros, fríos o cálidos, suaves o intensos. Los ojos color miel, ámbar o marrón con destellos dorados, junto a reflejos cobrizos o rojizos en el pelo, suelen indicar una tendencia cálida. En cambio, los ojos azules, grises o verde esmeralda, junto a un cabello con reflejos ceniza o sin rastros de rojo, señalan una tendencia fría.
Qué estación soy: verano, otoño, invierno o primavera
Una vez identificado el subtono y el nivel de contraste, se puede identificar a qué estación se pertenece. El grupo invierno reúne a las personas de subtono frío y alto contraste, a quienes favorecen los colores puros e intensos como el blanco, el negro, el azul eléctrico o el rojo puro. El grupo verano, también de subtono frío pero con bajo contraste, se lleva mejor con tonos suaves y empolvados como la lavanda, el celeste o el gris perla.
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Del lado cálido, el grupo otoño agrupa a quienes tienen una apariencia terrenal, con piel dorada o melocotón y cabello castaño rojizo o cobrizo, a quienes favorecen los colores tierra, mostaza y verde oliva. Por último, el grupo primavera, también de subtono cálido pero con rasgos más claros y luminosos, se destaca con colores frescos y vívidos como el coral, el turquesa o el amarillo cálido.
