Qué es el "bliss point" en la alimentación: qué significado tiene esta comida y por qué es perjudicial

Detrás del sabor irresistible de galletitas, snacks y bebidas hay una estrategia científica diseñada para generar placer inmediato y adicción. Se llama bliss point y explica por qué los ultraprocesados dominan la mesa, sobre todo la de niños y niñas.

19 de enero, 2026 | 14.17

La sensación de “no poder comer solo uno” no es casual ni una cuestión de fuerza de voluntad. La industria alimentaria lleva décadas perfeccionando una combinación exacta de azúcar, grasas y sal que maximiza el placer en el paladar y activa el sistema de recompensa del cerebro.

Ese punto exacto tiene nombre: bliss point. Si bien se traduce como “punto de felicidad”, su impacto en la alimentación cotidiana es todo menos inocente. Especialistas advierten que este mecanismo no solo favorece el consumo excesivo de ultraprocesados, sino que moldea hábitos desde la infancia, con consecuencias físicas y emocionales de largo plazo.

Qué es el bliss point y por qué no es inocente

Es un concepto desarrollado por el psicofísico estadounidense Howard Moskowitz, conocido por aplicar matemáticas y estadística al diseño de alimentos. Su primer gran éxito fue el relanzamiento de la gaseosa Dr Pepper, hoy parte del conglomerado Coca-Cola, gracias a una combinación precisa de azúcar, vainilla y cereza que conquistó al mercado.

En términos simples, el bliss point es el nivel exacto de dulzor, salinidad y grasa que genera el máximo placer sensorial sin saturar. Esa mezcla activa el sistema de recompensa del cerebro y libera dopamina, la hormona asociada al placer. El resultado es una “felicidad” breve pero intensa, que empuja a seguir comiendo.

No se trata solo del sabor. Textura, color, olor y formato —lo que los especialistas llaman características organolépticas— están cuidadosamente diseñadas para estimular el consumo. Como señalan nutricionistas, el objetivo no es alimentar, sino vender más.

Ultraprocesados, emociones y consumo infantil

El problema se agrava cuando el bliss point se instala en la infancia. Papas fritas, galletitas de chocolate, panes industriales, salsas, jugos y yogures “para chicos” suelen responder a esta lógica. Son productos que aparecen en meriendas, cumpleaños y fines de semana, asociados al premio, al festejo o al consuelo.

La nutricionista Rebeca Pastor advierte que el azúcar como recompensa emocional —darle una galletita a un niño para que deje de llorar o por “portarse bien”— condiciona la relación con la comida. Comer deja de ser una necesidad para convertirse en un regulador emocional.

El efecto es doble: por un lado, se genera dependencia a estímulos intensos; por otro, se pierde la capacidad de disfrutar sabores naturales. “Después una manzana parece insípida”, explican especialistas. El umbral de sabor se eleva tanto que lo simple deja de generar placer.

El pico de azúcar y el círculo de la adicción

A nivel fisiológico, el bliss point funciona como un subidón. Los alimentos ultraprocesados generan picos de azúcar en sangre y, en paralelo, picos de insulina. El cerebro atraviesa una excitación exagerada, comparable —según los expertos— a los efectos del alcohol.

Cuando ese pico baja, aparece el deseo de repetir la experiencia. No por hambre, sino por necesidad de volver a esa sensación placentera. Así se construye la adicción.

Estudios recientes señalan que los ultraprocesados están asociados a un aumento del riesgo de enfermedades crónicas y a cerca del 10% de las muertes prematuras. Pero también empobrecen la experiencia alimentaria: el amargo y el ácido desaparecen, todo se reduce a lo dulce o lo salado.

Cómo romper con la lógica del bliss point en casa

Salir de este circuito es posible, pero requiere conciencia y decisión adulta. Los niños no eligen qué compran ni qué hay en la alacena. El primer paso es reconocer que estos productos no son neutrales ni inofensivos.

Evitar tener ultraprocesados en casa, no normalizarlos como opción cotidiana y ofrecer variedad de alimentos reales desde edades tempranas son estrategias clave. Eso no implica prohibición absoluta, sino desnaturalizar su consumo: que no sean “lo normal”.

Como coinciden especialistas en nutrición infantil, educar el paladar es también educar las emociones. Comer sano no es solo una cuestión de nutrientes, sino de vínculo con la comida. En esa relación, el bliss point juega silenciosamente en contra.