Cada tanto aparece una noticia que dice "un asteroide se acerca peligrosamente a la Tierra". La reacción inmediata suele ser una mezcla de curiosidad y temor. Pero, ¿qué es lo que realmente está pasando cuando leemos estos titulares? ¿Estamos ante una amenaza concreta o ante una exageración fruto de las noticias y la histeria colectiva?
El espacio exterior no está vacío. Hay una gran variedad de restos: desde partículas hasta objetos de varios cientos de metros. En lo que va del año se han descubierto más de 1.700 objetos cercanos a la Tierra y se conocen alrededor de 42.000. Que un asteroide pase "cerca" es algo que ocurre todo el tiempo. La clave está en entender qué significa "cerca" para los astrónomos, porque no es lo mismo que para una persona común.
Existe una categoría llamada "asteroide potencialmente peligroso" (PHA, por sus siglas en inglés). Que un objeto reciba esa clasificación no significa que vaya a chocar. Significa que cumple dos criterios técnicos: su órbita se acerca a menos de 0,05 unidades astronómicas de la Tierra y tiene un diámetro estimado superior a 140 metros. Estos objetos se monitorean constantemente porque, en caso de colisión, podrían causar daños regionales significativos. Pero la clasificación es una herramienta de vigilancia, no una sentencia de impacto.
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El cálculo de una posible colisión es un proceso complejo. No se trata de una certeza, sino de una probabilidad. Cuando se descubre un objeto nuevo, las primeras estimaciones tienen grandes márgenes de error. Con el paso de los días y las semanas, y a medida que se suman observaciones, esa incertidumbre disminuye y la probabilidad se ajusta a un valor más realista. Por eso, lo que hoy parece un riesgo mañana puede dejar de serlo.
Qué dicen los especialistas
Marcela Cañada Assandri, investigadora adjunta del CONICET especializada en objetos del cinturón interior de asteroides, explica que la clasificación de "potencialmente peligroso" no debe alarmarnos de inmediato.
"Un asteroide potencialmente peligroso es un objeto cercano a la Tierra. Esta clasificación no implica una amenaza inminente de impacto, sino que indica que el objeto debe ser monitoreado constantemente porque, en caso de colisión, podría causar daños regionales significativos o catástrofes globales dependiendo de su tamaño", detalla.
Romina Di Sisto, investigadora del CONICET y profesora en la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la UNLP, profundiza en cómo se calculan esas probabilidades. "El proceso es complicado. La órbita de un asteroide no se conoce con certeza y siempre hay que actualizarla. Se calcula una nueva solución orbital cada vez que se encuentran disponibles nuevas observaciones. Cada vez que se calcula una órbita se tiene la órbita nominal y su región de incertidumbre asociada. Entonces, mediante un código numérico, el movimiento del objeto se propaga hacia adelante en el tiempo durante al menos 100 años para determinar sus aproximaciones más cercanas a la Tierra", explica. Y agrega: "Lo que hoy puede ser una probabilidad de colisión dentro de las incertezas de los cálculos, mañana puede no serlo, o viceversa".
Ambas especialistas coinciden en que el problema no está en los datos científicos, sino en cómo se comunican. "En mi opinión, el problema radica en que la información es levantada por los portales de información sin el contexto necesario para entender qué es exactamente lo que está sucediendo, por lo que puede generar temor en la población de manera innecesaria o precipitada", sostiene Cañada Assandri. Di Sisto apunta al mismo lugar: "Muchas veces se desdibuja la información y lo que en realidad es un pasaje cercano los medios lo titulan como un objeto tal 'podría' colisionar con la Tierra. En el modo potencial del verbo 'poder' está el truco".
¿Estamos preparados para un impacto?
La respuesta corta es: depende. Depende del tamaño del objeto, de dónde caiga (el 70% de la superficie terrestre es agua) y de cuánto tiempo de antelación tengamos. "La preparación en sí misma hoy está fuertemente ligada a que hagamos monitoreo constante del cielo para encontrar esos objetos. Se está trabajando en lo que se llaman planes de defensa planetaria, pero hoy por hoy estamos muy lejos de poder desviar la trayectoria de un objeto en curso de colisión", admite Cañada Assandri.
Di Sisto aporta el contexto de los esfuerzos internacionales: "Los astrónomos estamos trabajando en ello. Por un lado hay redes a nivel global de descubrimiento y seguimiento de NEAs (Near-Earth Asteroids o Asteroides Cercanos a la Tierra) y por otro, trabajos teóricos para conocer estos objetos mejor. También misiones espaciales que han ido a NEOs (Near-Earth Object u Objeto Cercano a la Tierra) y traído muestras como las misiones al NEO Ryugu y al NEO Bennu. La misión DART de NASA al asteroide binario Didymos-Dimorphos para probar la técnica de desvío".
Y agrega un dato clave: "En nuestro grupo, en el Instituto de Astrofísica de La Plata de CONICET, estamos trabajando justamente para saber con cuánto tiempo de anticipación es necesario conocer la trayectoria de impacto para desviar un asteroide y si realmente esto es cuestión de tiempo o no".
Argentina también mira el cielo
El país participa activamente en la vigilancia del espacio ultraterrestre. "Argentina participa desde al menos 2015 a través del Observatorio Astronómico de Córdoba y desde 2018 a través de la UTN San Francisco, reportando sus hallazgos al Minor Planet Center, el organismo que centraliza las mediciones de cuerpos menores a nivel mundial", detalla Cañada Assandri. Además, la CONAE se ha integrado a la Red Internacional de Observaciones Científicas (ISON) y el país contribuye al marco global de seguridad mediante su participación en la COPUOS de la ONU.
Di Sisto complementa: "En Argentina hay astrónomos profesionales y también aficionados que observan asteroides y reportan sus observaciones al MPC y por ende al centro de estudio de NEOs. Pero además hay astrónomos que hacen trabajos teóricos al respecto, como el cálculo del número de estos objetos, sus órbitas y cómo desviarlos en caso de una posible colisión".
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Qué hacer cuando leemos un titular alarmante
Ambas especialistas tienen un consejo simple para el público. "Un buen parámetro para dimensionar un posible riesgo es ver cuál sería la distancia mínima en unidades de la distancia Tierra-Luna a la que el objeto pasaría. Los astrónomos consideramos potencialmente peligroso a cualquier objeto que pase hasta 20 veces la distancia Tierra-Luna, pero como ciudadana no me preocuparía por nada que pase a más de 1 distancia Tierra-Luna", dice Cañada Assandri. Y recomienda consultar fuentes oficiales: "La página de la NASA o del Centro de Planetas Menores para tener información confiable y sin sensacionalismos".
Di Sisto coincide: "Que consulte la página donde se nuclea toda la información al respecto, CNEOS, y que se fije en la sección 'Close approaches' cuán cerca realmente está pasando el objeto antes de preocuparse".
Sobre el interés del público, las visiones difieren. Cañada Assandri cree que "el 50% de las consultas viene de la mano del morbo, no de la curiosidad por entender la naturaleza real de estos eventos". Di Sisto es más optimista: "Creo que la gente realmente se interesa y quiere entenderlo, no creo que sea solo curiosidad por el morbo".
Por lo pronto, Apophis pasará en 2029. Hoy podemos decir que no impactará, pero a seguir sacando cuenta.
