A poco más de dos horas de Córdoba capital, se esconde una de las escapadas más impensadas. Se trata de Ascochinga, un pueblo que guarda una historia conjunta con una familia muy famosa de Estados Unidos. Entre grandes casonas, estancias y paisajes serranos, el pequeño pueblo fue escenario de una visita que comenzó cuando John Fitzgerald Kennedy todavía era un joven desconocido y continuó, 25 años después, con la llegada de su viuda, Jacqueline Kennedy junto a sus dos hijos.
El vínculo nació a través de los Cárcano, una tradicional familia diplomática argentina. Miguel Ángel Cárcano había conocido a Joseph Kennedy, el papá de John, en círculos internacionales del rubro. Sus hijos, Stella “Baby”, Michael y Ana Inés, entablaron una amistad con el joven estadounidense.
En 1941, tras graduarse en Harvard y durante un viaje por América Latina JFK llegó a Argentina y terminó hospedándose en la estancia San Miguel de Ascochinga. Allí permaneció dos semanas y festejó su cumpleaños 24.
Una amistad que perduró en el tiempo
Durante aquellos días, JFK disfrutó de una vida muy distinta la que tendría pocos años después como presidente de Estados Unidos. Cabalgó, comió asados, recorrió el campo y fue a misa en la parroquia del Sagrado Corazón de Jesús. También intentó aprender a bailar tango y hasta probó el mate, aunque no quedó particularmente encantado.
Su relación con los Cárcano continuó durante años. En especial, mantuvo una estrecha amistad con Stella “Baby” Cárcano, con quien intercambió cartas y encuentros incluso después de que los dos tomaran caminos diferentes en sus vidas. Sin embargo, la historia de los Kennedy con Ascochinga no terminó allí.
Jackie volvió al lugar donde JFK fue feliz
El 5 de abril de 1966, tres años después del asesinato de JFK en Dallas, Jacqueline llegó a Argentina junto a sus hijos Caroline y John-John. Después de reunirse con el presidente Arturo Illia, viajó a Córdoba y se instaló en la estancia San Miguel, el mismo lugar donde su esposo había pasado tiempo de su juventud.
Jackie permaneció allí nueve días en los que hizo cabalgatas, recorrió el campo y visitó la misma iglesia a la que JFK había ido 25 años antes. Según contó en ese momento, había elegido ese destino para que sus hijos conocieran “el lugar donde su padre fue feliz”. Antes de volver a Estados Unidos, Jackie se detuvo frente a la placa que recuerda a su marido.
