Aunque suele asociarse la piel seca con el invierno, la llegada de la primavera también puede traer algunos cambios en el rostro y el cuerpo. Resequedad, tirantez, irritación y pequeñas zonas que comienzan a descamarse pueden aparecer o intensificarse durante esta época, especialmente cuando se modifican las condiciones ambientales y también las rutinas de cuidado.
La piel se mantiene hidratada gracias, entre otras cosas, a su capacidad para retener agua. Cuando pierde agua con demasiada rapidez, puede volverse seca, áspera y propensa a la descamación. La Academia Americana de Dermatología (AAD) señala que factores cotidianos como los productos de limpieza demasiado agresivos, las duchas con agua caliente y determinados productos cosméticos pueden contribuir a eliminar los aceites que ayudan a proteger la superficie cutánea.
Durante la primavera, además, aumenta la exposición al sol y pueden aparecer irritaciones relacionadas con las alergias estacionales. Sin embargo, no toda descamación tiene necesariamente una causa ambiental: algunas enfermedades de la piel, como la dermatitis atópica, la psoriasis o la dermatitis seborreica, también pueden provocar sequedad y piel escamada.
Cuatro cambios que pueden ayudar a cuidar la piel
1. Cambiar el limpiador por uno más suave
Una de las primeras medidas consiste en revisar los productos que se utilizan para limpiar el rostro. Los jabones fuertes, productos con fragancias o fórmulas que generan una limpieza demasiado agresiva pueden favorecer la pérdida de los aceites naturales de la piel.
La AAD recomienda optar por limpiadores suaves y, especialmente cuando existe tendencia a la resequedad o sensibilidad, preferir productos sin fragancia. También aconseja evitar ingredientes que puedan resultar irritantes para una piel que ya está seca.
2. Hidratar inmediatamente después de la limpieza
No alcanza solamente con tomar agua o utilizar una crema cuando la piel ya está muy seca. El momento de aplicación también puede ser importante.
Los dermatólogos de la AAD recomiendan colocar la crema hidratante poco después del baño o de lavar la piel, cuando todavía está ligeramente húmeda. De esta manera, el producto ayuda a retener el agua en la superficie cutánea. Para pieles secas, las cremas y ungüentos suelen ser más efectivos que las lociones porque forman una barrera más eficaz contra la pérdida de humedad.
Entre los ingredientes que pueden resultar útiles se encuentran las ceramidas y el ácido hialurónico, mientras que la glicerina también es utilizada en productos destinados a aportar hidratación.
3. No intentar eliminar las escamas a fuerza de exfoliación
Cuando aparecen pequeñas escamas, puede surgir la tentación de exfoliar la piel con mayor frecuencia para recuperar rápidamente una textura uniforme. Sin embargo, hacerlo de manera excesiva puede terminar agravando la irritación.
La AAD advierte que exfoliar una piel seca y descamada puede quitar todavía más humedad y empeorar el problema. Por eso, cuando existe irritación o resequedad marcada, la prioridad debería estar puesta en recuperar la hidratación y proteger la barrera cutánea, en lugar de intensificar los productos exfoliantes.
4. Mantener el protector solar durante toda la primavera
Con el aumento de los días soleados también es importante sostener el uso diario de protector solar. La recomendación de la AAD es utilizar protección de amplio espectro con FPS 30 o superior y complementarla, cuando sea posible, con sombra y ropa que proteja de la radiación solar.
El protector solar no debería reservarse exclusivamente para los días de playa o las jornadas de mucho calor: la exposición a la radiación ultravioleta ocurre durante todo el año y forma parte de los factores que deben contemplarse dentro del cuidado habitual de la piel.
Cuándo consultar con un dermatólogo
La descamación ocasional no siempre significa que exista un problema de salud. Pero si la piel continúa seca pese a los cambios de rutina, o aparecen síntomas como picazón intensa, dolor, grietas, sangrado, ardor, enrojecimiento importante o lesiones persistentes, conviene realizar una consulta dermatológica.
La razón es que detrás de una piel excesivamente seca pueden existir enfermedades como dermatitis atópica, psoriasis o dermatitis seborreica, además de otros factores como determinados medicamentos o algunas enfermedades sistémicas.
En esos casos, un dermatólogo puede determinar la causa y definir el tratamiento más adecuado en función del estado de la piel, en lugar de sumar productos por cuenta propia.
