Parece un castillo medieval europeo, pero está en pleno centro de CABA

El Palacio Barolo, ubicado en pleno centro de Buenos Aires, es un edificio que parece un castillo medieval europeo. Construido entre 1919 y 1923, fue inspirado en la Divina Comedia de Dante Alighieri. Un recorrido por el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso a través de su arquitectura.

30 de julio, 2026 | 13.40

El Palacio Barolo, ubicado en pleno centro de Buenos Aires, es un edificio que parece un castillo medieval europeo. Una travesía por sus pasillos permite descubrir una historia fascinante que une arquitectura, literatura y misticismo. El edificio fue construido entre 1919 y 1923 por iniciativa de Luis Barolo, un empresario textil italiano de Piamonte, quien encomendó el proyecto al arquitecto Mario Palanti, también de origen italiano. La obra fue concluida en tan solo cuatro años y se inauguró en 1923 como edificio de oficinas, nunca concebido para uso residencial. "Las razones por las que no podría ser de residencia son claras: el edificio no tiene acceso a gas ni agua caliente, todo es eléctrico y además desde 1997 fue declarado Monumento Histórico Nacional, lo que impide cualquier modificación estructural", explicó una guía especializada durante una visita al emblemático edificio.

Luis Barolo, el visionario detrás del proyecto

Luis Barolo nació en 1869 en la región de Piamonte, en Italia, y llegó a la Argentina en 1890. Fue un poderoso productor agropecuario que supo destacarse en el mundo de los negocios. Fue el primero que trajo máquinas para hilar el algodón y se dedicó a la exportación de tejidos. Instaló las primeras hilanderías de lana peinada del país e inició los primeros cultivos de algodón en el Chaco. Tenía en mente la construcción de un edificio inspirado en la obra del poeta Dante Alighieri y fue el arquitecto Mario Palanti a quien contrató para realizarlo. Barolo murió a los 53 años, el 14 de junio de 1922, poco antes de la inauguración oficial del Palacio que lleva su nombre.

El arquitecto Mario Palanti

Mario Palanti, nacido en Milán en 1885, comenzó su formación artística en 1905 cuando estudió pintura en la Academia de Brera, para después graduarse de arquitecto en la Escuela de Arquitectura del Politécnico de Milán. En 1909 se trasladó a la Argentina para realizar, junto a Francisco Gianotti, la construcción del pabellón italiano de la exposición del centenario de la Revolución de Mayo. A partir de entonces, colaboró con el estudio de Prins y Ranzenhofer en el proyecto de la facultad de derecho (actual facultad de ingeniería). Luego, instaló su oficina en la Avenida de Mayo 695 y construyó independientemente edificios privados hasta su partida a su tierra natal, donde murió en 1979.

Infierno, Purgatorio y Paraíso en un solo edificio

La visita al Palacio Barolo está marcada por un eje central: la simbología de la Divina Comedia. "El edificio fue concebido como un viaje literario: la planta baja representa el infierno, los pisos intermedios el purgatorio y los niveles superiores, junto al faro, el paraíso", relató la guía durante el recorrido. En la planta baja, los visitantes se encuentran con esculturas en los techos altos con criaturas talladas como cóndores, serpientes y dragones, además de nueve bóvedas que simbolizan los nueve círculos del infierno. En su centro, frases en latín seleccionadas por Palanti —provenientes de la Biblia y la Eneida de Virgilio— remiten a la tradición clásica que inspiró la obra.

Las frases en latín y su significado

El recorrido permite descubrir frases en latín que decoran el edificio, cada una con un significado profundo:

  • QUI FECIT OPUS-UT EST-UT IPSE MALLET NOVIT: Quien hizo la obra la conoce tal como es, así como él la preferiría.

  • HOMINES QUAM MÀXIME HÒMINES: Que los seres humanos sean lo mejor posible.

  • ARS, HOMO ÀDDITUS NATURAE: El arte es el ser humano agregado a la naturaleza.

  • LÌTTORA OCCÌDIT, SPÌRITUS VIVIFICAT: La letra mata, el espíritu vivifica.

  • MALIS TIBI PLACERE QUAM PÒPULO: Prefiere agradar a ti mismo antes que al pueblo.

  • OMNIS PULCHRITUDINIS FORMA ÙNITAS EST: La unidad es lo que constituye la forma y la esencia de lo bello de toda índole.

  • CORPUS ÀNIMUM TEGIT ET DÈTEGIT: El cuerpo a veces oculta el alma, otras la revela.

  • SIC VOS, NON VOBIS MELLIFICATIS APES: Así, vosotras, abejas, creáis miel que no será para vosotras.

  • SIC VOS, NON VOBIS NIDIFICATIS AVES: Así, vosotras, aves, construís nidos que no serán para vosotras.

  • UT PORTET NOMEN EIUS CORAM GÈNTIBUS: Para que lleve su nombre ante los gentiles.

  • FUNDATA EST SUPRA FIRMAN PETRAM: Está fundado sobre sólida piedra.

  • NOCET EMPTA DOLORS VOLUPTAS: El placer comprado daña a causa del dolor.

  • TRAHIT SUA QUEMQUE VOLUPTAS: No todos gozan con los mismos placeres.

  • OPERIS PERACTI NULLUS STRICTOR IUDEX AUTORE: Ningún juez más justo que el autor de la obra.

La escultura de La Ascensión y el misterio de Dante

Uno de los momentos más fascinantes del recorrido es la explicación de la escultura "La Ascensión" , ubicada en el hall central. Se trata de un cóndor que eleva sobre su lomo la figura de Dante Alighieri, simbolizando la elevación al paraíso. La obra original, realizada por Palanti en Trieste, llegó a Buenos Aires pero fue robada dos veces. "Se pensaba que allí se depositarían las cenizas de Dante, convirtiéndola en un mausoleo. Ese mito alimentó su desaparición. Lo único que se conserva es parte de la base, exhibida hoy en la oficina-museo del edificio", detalló la guía.

Numerología y simbolismo

El recorrido también permite descubrir la profunda carga numérica en la concepción del edificio. "El poema de Dante tiene 100 cantos y el edificio alcanza 100 metros de altura. Se divide en 22 pisos, como los 22 párrafos en que se ordena la obra. Y la dirección, Avenida de Mayo 1370, al sumar sus cifras da 11, otro número clave en la simbología de la Divina Comedia", explicó la guía.

Oficinas, ascensores y secretos

Originalmente el Palacio contó con 400 oficinas, que hoy se reducen a 260 debido a modificaciones internas. Los baños, de uso compartido, nunca fueron privados, otro motivo que impidió su destino residencial. Los ascensores también guardan curiosidades: de los nueve existentes, siete están a la vista y dos fueron construidos como accesos privados para Barolo. Aunque actualmente no se usan, aún permanecen dentro de la estructura.

En los pisos intermedios, correspondientes al purgatorio, la guía invitó a reflexionar: "Estos niveles representan el proceso de purgar nuestros pecados para poder llegar libres al paraíso. Se dice que aquí podemos dejar nuestras culpas antes de ascender". Ya en el tramo final, el recorrido se convirtió en un ascenso físico y simbólico por escaleras hasta alcanzar el faro, donde la guía sentenció: "Llegamos al paraíso". Desde allí, la vista panorámica de Buenos Aires se reveló como la recompensa celestial del recorrido.

Historia viva en el corazón de Buenos Aires

La visita concluyó en una oficina-museo ambientada en los años 20, con mobiliario de época, fotografías, recortes periodísticos y la pieza sobreviviente de la escultura de Palanti. Allí, la guía recordó que Luis Barolo murió en 1922, un año antes de ver concluida la obra que lleva su nombre, dejando como legado este ícono porteño que conjuga arquitectura, literatura y misticismo. "Lo que vemos hoy es más que un edificio: es un viaje al universo de Dante en pleno corazón de Buenos Aires", resumió la guía al despedirse. El Palacio Barolo sigue siendo uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad, un monumento que invita a recorrer sus pasillos y descubrir los secretos que guarda entre sus muros.