Los perros y los lobos se separaron como especies hace miles de años, pero nuevas investigaciones apuntan a que su vínculo genético no se cortó tan rápido como se pensaba. Un estudio reciente detectó que la mayoría de los perros actuales, incluyendo razas puras y perros callejeros, conservan fragmentos de ADN provenientes de lobos antiguos.
Para llegar a esta conclusión, los científicos analizaron miles de genomas antiguos y modernos, abarcando 2693 ejemplares de perros y lobos. A diferencia de estudios anteriores que sugerían que la mezcla genética después de la domesticación era rara, esta investigación utilizó métodos más sensibles para identificar segmentos cortos de ascendencia lobuna, incluso cuando la recombinación genética los había fragmentado con el tiempo.
La coincidencia genética entre perros y lobos
El resultado fue contundente: el 64,1 % de los perros de raza muestra ascendencia de lobos detectada, aunque en cantidades pequeñas, con un promedio del 0,14 % del genoma nuclear. Esta ascendencia está distribuida a lo largo del genoma y parece corresponder a mezclas ocurridas hace cientos o hasta mil generaciones.
Por otro lado, los lobos modernos presentan segmentos de ADN canino mucho más largos, lo que indica que el flujo genético desde perros hacia lobos es más reciente. En el caso de los perros de calle, que viven en libertad cerca de asentamientos humanos, todos mostraron linaje de lobos, con niveles más altos y fragmentos aún más cortos, lo que sugiere que su mezcla genética es aún más antigua.
Un hallazgo destacado fue la concentración de ascendencia lobuna en regiones del genoma relacionadas con la transducción olfativa, una vía clave para el sentido del olfato. Los autores interpretaron esto como un ejemplo de introgresión adaptativa, donde genes del lobo vinculados al olfato podrían haber ayudado a los perros callejeros a mejorar su capacidad para encontrar alimento.
Además, el estudio encontró que la ascendencia de lobo tiene una débil pero significativa correlación con el tamaño corporal en distintas razas. Los perros de trineo árticos y algunas razas de caza mostraron niveles más altos de ADN lobuno, lo que podría estar relacionado con sus características físicas y funcionales.
Por último, el análisis cruzó la ascendencia genética con descriptores de personalidad según los estándares de raza. Aquellas razas con mayor ascendencia lobuna eran descritas con más frecuencia como “sospechosas de los extraños”, mientras que las con menor ascendencia se consideraban “amistosas”. Sin embargo, los autores aclararon que estos descriptores son subjetivos y que no se puede afirmar que el ADN de lobo influya directamente en el comportamiento.
Este estudio abre una ventana fascinante sobre cómo la domesticación no fue un proceso cerrado, sino que perros y lobos continuaron intercambiando genes durante mucho tiempo, dejando una huella genética que aún podemos rastrear en las mascotas y perros callejeros de hoy.
