Julio Cortázar dejó una enorme cantidad de frases con sus obras que, a pesar del paso de las décadas, todavía circulan. Una de las más recordadas y citadas es: "Cuando uno dice que se va, es que ya se ha ido". La frase volvió a cobrar relevancia en los últimos días después de que el exfutbolista Jorge Valdano la utilizara para describir el momento que atraviesa Julián Álvarez en el Atlético de Madrid.
Más allá de la coyuntura deportiva, la frase condensa una idea central en el pensamiento del autor de Rayuela: la distancia emocional suele anticiparse a la partida física y cuando algo se acaba las palabras terminan por ser apenas la confirmación de una decisión que ya estaba tomada.
Qué quiso decir Cortázar con su icónica frase
La cita pertenece al universo de reflexiones que Cortázar construyó sobre los vínculos, las despedidas y el paso del tiempo, un terreno que exploró tanto en su narrativa como en sus intervenciones públicas. La idea que propone es sencilla pero contundente: cuando alguien anuncia que se aleja de un lugar, de un proyecto o de una relación, el duelo ya está hecho. Esa despedida y alejamiento ya se produjo en un plano interior, mucho antes de que se verbalice.
Así, el anuncio funciona como un cierre y no como el inicio de un proceso. Esa dimensión explica en parte por qué la frase trasciende el ámbito literario y se utiliza con frecuencia para describir situaciones de la vida laboral o afectiva.
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¿Quién fue Julio Cortázar?
Nacido en Bruselas el 26 de agosto de 1914, hijo de un funcionario de la embajada argentina en Bélgica, Cortázar creció en la localidad bonaerense de Banfield junto a su familia y allí transcurrió gran parte de su infancia, marcada por la lectura como refugio durante una enfermedad que lo mantenía postrado.
Con el tiempo se formó como maestro y profesor en Letras, inició estudios de Filosofía en la Universidad de Buenos Aires que no pudo concluir por razones económicas. También trabajó como docente en distintas ciudades del interior antes de radicarse en París en 1951, ciudad donde desarrolló buena parte de su obra y donde se desempeñó como traductor para la Unesco.
Autor de amplia producción de cuentos y relatos, alcanzó su mayor reconocimiento internacional con Rayuela, novela que renovó los códigos de la narrativa en lengua española y lo consolidó como una de las figuras centrales del boom latinoamericano. Si bien Cortázar murió en París el 12 de febrero de 1984, su legado continúa vigente cada vez que una de sus frases vuelve a resonar en contextos completamente distintos a los que le dieron origen.
