Silvia Di Biase comenzó a conducir desde muy pequeña con una camioneta Estanciera. En ese entonces, en los caminos de tierra del pueblo bonaerense de San Cayetano, el gran desafío era esquivar a los zorros que se cruzaban. Si bien ese gen persiste intacto en ella, con los años se transformó en pasión y lo llevó mucho más allá del mero gusto por el volante: creó Mujeres Rodanteras, un colectivo que realiza varios encuentros anuales para viajar acompañadas.
La nacida en Tres Arroyos, primero se lanzó sola a las rutas argentinas, luego compartió varios viajes, pernoctó en estaciones de servicio y en campings. Aunque en un momento sintió que debía hacer algo más para todas aquellas compañeras-colegas de aventura. Así las cosas, nació la organización, que, además de generar encuentros, tiene una red de contención y un grupo de Whatsapp de auxilio mecánico permanente y cuenta con más de 24 mil integrantes.
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“En 2021, marzo o abril más o menos, se me ocurrió armar este grupo de Facebook. Y este año festejamos los primeros 5 años en un encuentro en Balcarce. Al comienzo más que nada fuimos agregando personas, como para empezar a comunicarnos y luego a juntarnos, Y ya a fines de 2023 y comienzos del 2024, empezamos a hacer los encuentros nacionales. En general, hacemos dos de esos grandes en el año. De hecho, el próximo será la primera semana de diciembre en Los Reartes, Córdoba, Te cruzás con mujeres de Salta hasta de Ushuaia: es lindísimo”, le contó Silvia a El Destape.
Y agregó: “La única condición es que sea sola, con hijos, con mascotas o con amigas. Las mujeres que viajan con hombres tienen dos millones de grupos. Este es específicamente para las que están separadas, viudas o solteras que no incorporan hombres en sus viajes. Es decir, que se han empoderado de salir a manejar a las rutas que hoy en día son cada vez más. Y precisamente es lo que tratamos de demostrar: que la mujer también puede viajar sin peligro y que está todo bien”.
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El primer viaje sola: un camino de ida
Silvia nació hace 63 años en Tres Arroyos. Si embargo, se crío a 57 kilómetros de la localidad bonaerense: en el pueblo de San Cayetano, para luego recalar a sus 30 en Mar del Plata. Hace más de tres décadas también que vive en La Feliz, consecuentemente, ella se siente natural de la ciudad atlántica por excelencia.
Comenzó a manejar a los diez años: camionetas, motos, autos. “En los pueblos no te pedían registro. Manejabas sin el carnet y bueno, esquivando a los zorros (se ríe), aprendí de muy chiquita.”, recuerda. “El primero de mis autos fue un Fiat. Recuerdo que empecé a trabajar como maestra, arranqué yendo en bicicleta, después en moto, hasta que me compré mi querido 128”, agrega Silvia.
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Aunque hasta ese entonces, no había salido en solitario a las rutas, sino que el debut llegó a sus 33 años. El trayecto unió Mar de Plata con su querido San Cayetano y el motivo fue que extrañaba mucho a sus amigas. Desde ese entonces, la falta de acompañante dejó de ser un impedimento a la hora de entregarse a la magia de los caminos.
Un destino y un amor
El primer vehículo que transformó para viajar y vivir arriba del auto fue un Corsa Wagon, un modelo de esos llamados rurales o familiares de los 90. En rigor, en la jerga de los aventureros de las rutas, el término utilizado para indicar que un vehículo se adaptó como casa rodante es “camperizar”. Silvia con ese rodado comenzó a dormir en campings, estaciones de servicio y, por lo tanto, no depender de hoteles, zonas geográficas, ni horarios para detenerse.
Desde el Fiat 128, hasta la actualidad tuvo decenas de vehículos. “Después del Corsa ya pasé a una casilla rodante, el auto ya me quedaba como chico y tenía unos perritos muy viejitos que no los quería dejar en casa. Y con ese anexo, me fui por todos lados. Más adelante, tuve varias marcas, formatos y modelos”, comentó Silvia.
Hasta que adquirió una Toyota Hylux. “Siempre me gustaron las camionetas, pero esta última es como mi amor, ya le hice el doble de kilómetros de cuándo la compré y nunca me dejó. Además de que es amplia y es mucho más cómoda para camperizar. De todas maneras, no necesitas comprarte un motor-home carísimo para poder viajar y ser feliz. Hay una compañera, por ejemplo, que está recorriendo Perú en un Fiat 600, al que le hizo una cama adentro”, aclaró Di Biase.
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Esa compra de la que se enamoró fue casi en simultáneo con la conformación del grupo de mujeres.“En el año 2021, mientras paraba en un camping de El Calafate, me encontré con una chica rodantera que tenía una Kangoo, con cama y también con su perrito. Ahí entonces se me prendió la lamparita y pensé en que debíamos ser un montón las mujeres que nos gusta esta manera de disfrutar los viajes. Y yo veía muchos grupos de rodanteros mixtos. Y me dije: ‘De mujeres solas no hay ninguno’. Entonces, ahí decidí abrir el Facebook Mujeres Rodanteras”, explicó.
Una red solidaria de mujeres ruteras
Mujeres Rodanteras no se creó solo con el fin de realizar encuentros nacionales, compartir historias y divertirse, también hay una intención denododa de contener y de ayudar. De hecho, Silvia armó un grupo de WhatsApp llamado Viajo Sola, en el que participan 1.500 mujeres, con el fin de cumplir con esos objetivos. “Cuando salis de viaje avisas en el grupo y precisas hacia donde vas. Cuando llega al destino, lo mismo, y el grupo lo notifica para todas”, arranca Di Biase.
Y continúa: “Es una manera segura para que quienes viajan solas, sepan que hay una red que las está conteniendo y que está mirando si llegaron al destino, si tuvieron un desperfecto mecánico, si necesitan algo, básicamente, si está todo bien. Entonces, eso también es como que ayuda a aquellas que aún no se han animado a salir a las rutas a que lo hagan”. Entre otros de los datos que se manejan desde el grupo de Whatsapp aparecen: estaciones de servicio en las que se pueda pernoctar, campings cercanos, conocidos de la zona que puedan ir en ayuda en caso de ser necesario y, entre otros tantos, direcciones sobre talleres mecánicos.
“Ahora estamos confeccionando un mapa en Google Maps, donde marcamos, por ejemplo, las estaciones de servicio que tienen duchas. Entonces quien está viajando envía la ubicación al grupo y yo la agrego en el mapa que tenemos y también tenemos un mapa hecho con lugares donde pernoctar gratis. Así que nos proveemos de esa información en la comunidad y la vamos armando entre todas, porque a medida que vas recorriendo, vas descubriendo y cargando en el mapa”, explica Silvia.
“Salir sola a la ruta es decirte a ser libre”
Si bien en un encuentro de las Mujeres Rodanteras se reúnen entre 200 y 300 aventureras, las pasiones en común, las charlas y algunas historias de vida similares que surgen en el cara a cara, propician vínculos que exceden el mero hecho de viajar. “A veces, hay tanta cercanía que se generan lo que llamamos juntadas express, que también tienen un toque muy íntimo. Ahí, las mujeres hablamos de cosas que nos han pasado en la vida y quizás, a veces, surgen historias que no se las han contado ni siquiera a las mejores amigas. Es un espacio de libertad, donde sabes que no te van a juzgar. No sé, es como una magia”, reflexiona Silvia.
El grupo contiene, inspira y estimula a moverse. De hecho, Silvia contó que una mujer asisitó a uno de sus encuentros con su hermana para que conduzca su utilitario porque ella no sabía manejar, con la idea de aprender e incentivarse con las Rodanteras para lanzarse a las rutas. “También hay una de las miembras que tiene 78 años y que el año pasado, después de conocernos, se fue sola hasta Ushuaia durmiendo en su auto. Se llama María Gloria. Son esos casos en los que te decís: ‘Qué loco que a través de un medio puedas generar estas situaciones”, agregó Di Biasi.
Junto a la fundadora de Mujeres Rodanteras se encontraba María Montero, quien se desempeña como prensa del grupo, aunque ella mismo bromeó con que ese rol se lo endilgó Silvia sin mucho consenso. “Para mí este grupo es un espacio de pertenencia del que difícilmente querés salir luego que ingresás. Te da una vitalidad, un aprendizaje, un entender de un montón de cosas, como acompañar y divertirte, compartir, pasarla bien. Yo entré en el 2024. Fui al Encuentro que se hizo en Villaguay, Entre Ríos. Y bueno, para mí fue un despertar a una vivencia que yo no la tenía calculada. No sabía que me iba a gustar rodantear en términos de camping”, aseguró quien se encarga de registrar toda la información, imágenes y filmaciones para el colectivo.
“Salir sola a la ruta es decidirte a ser libre, a hacer e ir a donde querés. Es, creo, encontrarte con quien realmente sos. Por eso en nuestros Encuentros de Rodanteras pasan cosas hermosas, más que nada porque te sentís parte de una comunidad. En cada uno de ellos se van sumando tantas mujeres, que decís, bueno, esto funciona”, concluye Silvia Di Biase.
