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Una falla en la roca lo "decapitó": el hallazgo científico que pone a la Argentina en el centro de un misterio de la evolución

El descubrimiento del cráneo más completo conocido de Kawanectes lafquenianus, un prehistórico reptil marino, permite reconstruir con mayor precisión la evolución y las rutas de dispersión de los grandes reptiles marinos.

02 de octubre, 2026 | 15.18
Una falla en la roca lo "decapitó": el hallazgo científico que pone a la Argentina en el centro de un misterio de la evolución

La Patagonia volvió a aportar una pieza clave para entender cómo era el planeta al final de la era de los dinosaurios. Un equipo de investigadores del CONICET logró describir el cráneo más completo conocido de Kawanectes lafquenianus, un reptil marino que habitó las costas de lo que hoy es Chubut hace 66 millones de años.

La especie ya había sido identificada en la Formación La Colonia, pero hasta ahora los científicos contaban con información parcial. El nuevo ejemplar cambia ese panorama.

"Esta especie perteneciente a los plesiosaurios, el Kawanectes lafquenianus, ya había sido registrado en la Formación La Colonia, en Chubut. Lo que hace excepcional a este hallazgo es que, por primera vez, se halló el cráneo casi completo de esta especie. El cráneo preservado mide unos 225 milímetros de largo y el animal habría alcanzado unos 4 metros de longitud total", detalló el doctor José O'Gorman, investigador del CONICET y líder de la expedición que concretó el descubrimiento en 2024.

Por qué el cráneo vale tanto

Para los paleontólogos, encontrar la cabeza de un animal extinto equivale a acceder a la mitad de su historia. Aunque ocupa una porción mínima del cuerpo, el cráneo concentra cerca de la mitad de los datos que se utilizan en los análisis filogenéticos, es decir, los que permiten reconstruir los parentescos entre especies.

"La distribución es muy asimétrica, porque el cráneo, que es en proporción muy chico, nos da muchísima información, como la capacidad encefálica, la alimentación y un largo etcétera. El resto del cuerpo, mucho más grande, tiene la otra mitad", explicó O'Gorman.

El ejemplar fue hallado durante una campaña de campo organizada por el Museo Paleontológico Egidio Feruglio (MPEF) de Trelew, que hoy lo conserva en su colección.

Los plesiosaurios eran reptiles, pero no dinosaurios. Se desplazaban por el agua con cuatro grandes aletas y algunas especies tenían cuellos extraordinariamente largos. Desaparecieron hace 66 millones de años, en la misma extinción masiva que terminó con los dinosaurios no avianos.

Lo que se sabe de ellos sorprende. "Por lo que se sabe actualmente, eran de sangre caliente y vivíparos, porque hay registro de plesiosaurios embarazados. Sospechamos que había dimorfismo sexual, es decir, había diferencias marcadas en cuanto si el ejemplar era macho o hembra", señaló el investigador.

Kawanectes, en particular, era de menor tamaño que otros miembros de su grupo, una característica que el especialista vincula con su entorno: "Dado el contexto geográfico donde vivía (estuarios y mares restringidos), el tamaño debía suponer una ventaja, para no quedar ni atrapado ni varado en ningún lugar".

La Patagonia como punto de partida

El aporte más relevante del hallazgo tiene que ver con el origen de estos animales. Hasta ahora, los estudios indicaban que la familia Elasmosauridae había surgido en el Mar Interior Occidental, el antiguo brazo de mar que partía Norteamérica de norte a sur durante el Cretácico, y que desde allí se había expandido al resto del mundo.

Sin embargo, el grupo específico al que pertenece Kawanectes, los Weddellonectia, habría tenido su cuna en el sur de Sudamérica. Era una hipótesis que circulaba, pero sin pruebas suficientes.

"En el caso de esta especie, era una hipótesis propuesta, pero con la mitad de los datos faltantes. Ahora, con este hallazgo, pudimos llevar a cabo lo que se llama análisis paleobiogeográfico. Se trata de una herramienta que nos permite entender dónde apareció cada uno de los grupos tanto en tiempo como en espacio mediante modelización matemática", contó O'Gorman.

Este linaje tiene parientes en la Antártida y Nueva Zelanda, lo que convierte a la región patagónica en un territorio central para reconstruir la historia evolutiva de los grandes reptiles marinos de fines del Mesozoico.

El animal que estaba "cortado"

El descubrimiento tuvo un giro inesperado. Fueron estudiantes del equipo quienes dieron con los primeros restos, correspondientes a la cola. Desde ahí, el trabajo avanzó hacia la cabeza durante casi dos semanas.

"Ese proceso nos llevó unos 12 o 13 días, con un esfuerzo enorme. Pero, al llegar a la zona del cráneo, el animal se 'cortaba'", recordó el paleontólogo.

La solución apareció casi por azar. Mientras preparaban los bochones para trasladar los fósiles, uno de los estudiantes encontró una vértebra del cuello. Después aparecieron otras, pero un metro por encima del nivel donde estaba el resto del esqueleto.

"Un metro, si hablamos estratigráficamente, es un montón. Lo que pasó es que había una falla, una fractura en las rocas, que había, de alguna forma, 'decapitado' al animal como con una guillotina. Así, pudimos seguir excavando hasta encontrar estos restos prácticamente completos del cráneo", relató.

Con información de la Agencia CTyS.

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