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Estudiantes argentinos encontraron la clave para dos problemas mundiales: crearon combustible a base de plásticos

El proyecto, que se llevó adelante en una escuela técnica de Temperley, Lomas de Zamora, busca transformar determinados residuos plásticos en productos derivados mediante un proceso de pirólisis. Los detalles.

26 de agosto, 2026 | 06.00

“Moni, ¿vos sabés algo de esto?”

La frase podría haber salido directamente de la boca de Pepe Argento, el inolvidable personaje de Guillermo Francella en Casados con hijos. Pero esta vez no hay living de muebles viejos, ni discusiones familiares, ni un televisor de fondo. Hay un taller de una escuela técnica de Temperley, un grupo de adolescentes, algunos kilos de plástico y una pregunta que terminó convirtiéndose en un proyecto.

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Se llama PP Argento, aunque esta vez no viene de un personaje de ficción. Significa Petróleo Pirolítico Argento y es el nombre que eligieron estudiantes y docentes de la Escuela de Educación Técnica N° 5 “Dos de Abril”, de Lomas de Zamora, para una iniciativa que busca transformar determinados residuos plásticos en productos derivados mediante un proceso de pirólisis.

La idea nació en una escuela pública. Y también nació, en buena medida, de una inquietud adolescente: qué hacer con un problema que parece demasiado grande para ellos, pero que tienen todos los días delante de los ojos.

“Lo que hicieron los chicos acá no termina en el taller, sino que puede mejorar la vida de toda la comunidad y nació en una escuela pública”, dice Pablo Enjo, docente de Conocimiento de los Materiales y de Química.

A su lado están Joaquín Centurión y Bautista Orzuza, estudiantes de 4° 2°. Oyen con atención y respeto. Si alguien llegara a esta charla, después de la presentación, no tendría dudas de los roles de cada uno de los entrevistados. Pablo habla siempre impulsado a sus estudiantes. Buscando sus reflexiones y abriendo el juego. Ellos escuchan, esperan, y recién ahí se sueltan a hablar.

La escena tiene algo de clase, aunque esta vez no están aprendiendo solamente de su profesor: están contando algo que ellos mismos ayudaron a construir.

La pregunta que puso todo en marcha

“En la escuela nos propusimos buscarle una vuelta al problema ambiental que tiene no solo Lomas de Zamora sino el mundo, donde se consume alrededor de 55 kilos de plástico por persona al año”, explica Enjo.

El punto de partida fue una dificultad concreta: el reciclaje tradicional no puede procesar todos los tipos de plástico. Entonces apareció otra pregunta: ¿se podía buscar una alternativa? Así nació PP Argento.

“Presentamos este proyecto, PP Argento, Petróleo Pirolítico Argento, más que nada para demostrar que la basura plástica puede convertirse en un recurso energético”, cuenta el docente.

El equipo que llevó adelante la iniciativa está integrado por los estudiantes Joaquín Magis, Joaquín Centurión, Bautista Orzuza, Alejo Ottaviano e Ignacio Moreira; los docentes Antonio Cuella, Pablo Enjo y Javier Martínez, además del director Sandro Amiel. Pero la historia no empezó este año, ni con estos protagonistas, aunque siempre fue desde el aula.

La iniciativa había surgido en 2025 gracias a Simón Shurt, un estudiante que ya terminó su estudios, y se había interesado por este proceso. La idea quedó dando vueltas en la escuela hasta que, en 2026, los alumnos de 4° año de la especialidad Electromecánica decidieron recuperarla. “¿Profe, se podrá hacer?”, preguntaron. Lo que al principio parecía una incognita casi ingenua terminó convirtiéndose en el comienzo de muchos meses de trabajo.

Ellos pensaban presentar el proyecto en la Feria Distrital de Educación, Arte, Ciencia y Tecnología. Ganaron. Pero para entonces PP Argento ya había dejado de ser solamente un trabajo para una feria. “Lo trajo un estudiante. La verdad es que no teníamos mucha idea, pero nos pusimos a investigar si era factible”, reconoce Enjo.

Y ahí apareció otra característica de esta historia: los alumnos empezaron a trabajar más allá de las horas obligatorias. “Nos copamos tanto con la idea que empezamos a dedicarle horas por fuera del horario de clases”, cuenta Joaquín.

Cuando la basura dejó de ser solamente basura

Bautista explica por qué la propuesta los atrapó desde el principio. “Lo que busca resolver el proyecto es un problema que no es solo en Lomas sino mundial, que es el de la contaminación”. Y agrega: “Este proceso, al ser novedoso en el mundo, es una buena alternativa para el reciclaje y la reutilización de los recursos”.

La investigación llevó tiempo. Había que averiguar qué plásticos podían utilizar, cuáles debían descartar, cómo construir un reactor y sobre todo, cómo hacerlo sin poner en riesgo a quienes trabajaban con él. “Es un proceso que se está utilizando en el mundo. En Europa ya hay algunas plantas y reactores de pirólisis, pero en Latinoamérica todavía no se conocen más allá de algunos casos aislados”, explica Bautista.

El desafío era pasar de lo que aparecía en los textos y en las investigaciones a algo que pudiera construirse en el taller de una escuela. Y no salió a la primera.

Construyeron varios reactores. Fueron cuatro meses de trabajo, haciendo eje siempre en la seguridad de los estudiantes y docentes. Los fueron modificando. Probaron. Volvieron a probar. Joaquín explica cómo funciona: “Lo que hacemos primero es seleccionar el plástico. Trabajamos con el polietileno y polipropileno y evitamos el PVC porque libera cloro y ácido clorhídrico”.

Después viene la preparación.

“Todo ese material lo que hacemos es molerlo y dejarlo en forma de escamas y esas escamas las introducimos en un reactor que diseñamos nosotros mismos y lo llevamos a una temperatura de entre 400 y 500 grados, en ausencia de oxígeno, para que no produzca una explosión ni genere otros subproductos que es lo que no queremos”, detalla. Bautista completa la explicación: “En otro momento se condensa y se separan los vapores que se desprenden a través de un proceso de enfriamiento y división especial”.

El objetivo es obtener diferentes fracciones y gases a partir de la descomposición térmica del plástico. “Lo que hacemos ahí es separar una nafta traslúcida de muchísima pureza con un octanaje superior al comercial y obtenemos gasoil, fueloil y, sobre todo, gas sintético que podemos utilizar o para realimentar el reactor o producir garrafas sociales”, sostiene.

El momento en que había que comprobar si funcionaba

Hasta ese momento todo podía quedar en planos, cálculos, pruebas y explicaciones. Faltaba la prueba más sencilla y, al mismo tiempo, la que podía cambiarlo todo: usar el combustible obtenido. Eligieron una moto de 150 centímetros cúbicos, cargaron 200 CM cúbicos de nafta purificada y probaron. “La moto arrancó al instante y de una manera súper estable en todo momento”, revela Enjo.

Ahí, en ese instante, la historia dejó de ser solamente un proyecto escolar. Ya no era una duda en el aire, era un resultado tangible. Desde el plástico usado había nacido energía, que alimentaba una moto.

 

Más allá del aula

Para Enjo, hay algo que pesa incluso más que el resultado técnico. “La realidad es que las plantas de pirólisis se conocen a nivel mundial, pero me parece que lo

más importante de esto es que nace de una escuela pública
. De chicos preocupados y comprometidos por el ambiente y su contexto. Son jóvenes que impulsan proyectos para vivir mejor, promovidos por la escuela y eso me parece lo más importante para destacar”, subraya.

No fue sencillo.

“Atrás de este trabajo hay una escuela comprometida. Montar un reactor de pirólisis, ir modificándolo, no fue sencillo. La dirección que nos acompañó y es todo un engranaje de gente comprometida, sin la cual nada hubiese sido posible”, amplía.

Con el éxito de la Feria, llegaron reuniones con organismos públicos y empresas interesadas en conocer el proyecto. Hubo contactos desde Corrientes hasta Tres Arroyos. También aparecieron medios locales y nacionales y hasta propuestas de televisión. El taller de Temperley empezó a quedar chico para una idea que había nacido ahí, pero los estudiantes querían más.

El sueño de la planta

Para Enjo, la posibilidad de producir combustible a partir de determinados residuos podría tener aplicaciones concretas en la comunidad. “Puede volver a la comunidad, para las cortadoras de césped de los espacios verdes, para las garrafas sociales de comedores, para mover los camiones de recolección, etc.”, plantea. Joaquín lo resume de una manera todavía más directa: “Lo mejor de esto es que no quedó encerrado en las paredes del taller”.

Por eso proyectan “dar el salto y armar la primera planta municipal de reciclaje químico de la provincia de Buenos Aires”. Bautista dice que desde el comienzo sintieron que PP Argento podía crecer. “El plástico está en todos lados y genera tremendos problemas en personas y animales”, advierte. Y después recurre a una imagen para dimensionar el problema: “Cuando pensamos que si unimos todos los restos de plásticos podemos cubrir la superficie de un país, tomamos conciencia de los peligros que eso significa”.

El otro desafío: convertir residuos en trabajo

Hay una dimensión de PP Argento que aparece menos cuando se habla del ambiente, pero que para los estudiantes resulta igual de importante: el trabajo.

Una planta de estas características necesitaría máquinas, infraestructura, logística, personal y capacitación. “Si lo pensamos desde un costado económico, todos los proyectos tienen un costo-beneficio”, plantea Joaquín. Y desarrolla: “En el caso de este proyecto, el costo es alto porque hay que comprar máquinas, construir las plantas, hacer la logística de recolección, capacitar al personal, pero los beneficios también son altos”.

El principal, dice, sería transformar “el desecho plástico en algo de gran valor como es el combustible”. Pero no es el único. También menciona la generación de puestos de trabajo y la reducción de costos de producción.

Para Enjo, llegar a una escala mayor no depende solamente del entusiasmo de los estudiantes, sino de una política de Estado. Que exista una planta estatal o una política de apoyo a iniciativas privadas, como ocurre en otros lugares. “Hay que entender que los beneficios se ven en el tiempo y no de forma

inmediata”, agrega.

El “combustible” de la escuela publica

Pero quizás la parte más interesante de PP Argento no está dentro del reactor. Está afuera. En lo que les pasó a esos estudiantes cuando descubrieron que una idea surgida dentro de una escuela podía ser escuchada fuera de ella.

Para Joaquín, una de las enseñanzas más importantes fue justamente “sentirse escuchados”. Saber que una idea “que nació de un compañero” pudo generar “todo un movimiento escolar y extraescolar” le permitió entender que “una buena idea es posible llevar a cabo con organización y que nada es imposible”.

Bautista también mira más allá del proyecto. “Pensar que una idea nuestra trascienda nuestra estadía en la escuela y pueda ayudar a mejorar la vida de mucha gente, con una planta municipal o provincial, es algo que te impulsa a ir por más y eso es lo que queremos”. Y entonces, aparece la verdadera dimensión de la historia.

Porque PP Argento puede hablar de plástico, reactores, temperaturas, combustibles y reciclaje químico. Puede discutir costos, inversiones y la posibilidad de construir una planta. Pero antes de todo eso hubo algo mucho más simple: un alumno tuvo una idea, una escuela la escuchó y un grupo de personas creyeron que era posible.

Enjo lo resume al final: “Más allá de la Feria o de lo que vaya a pasar, es un orgullo para nosotros como docentes ver tantos chicos entusiasmados atrás de la idea de mejorar su comunidad. Eso es lo más importante que nos llevamos y es el verdadero combustible de cada día”.

Asi nace el combustible dentro y fuera del reactor. En un taller de Temperley, entre plástico descartado, herramientas, pruebas y un grupo de adolescentes que descubren que en su escuela encuentra un lugar donde una idea imposible empieza a hacerse realidad.

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