Un pequeño fragmento de pergamino de apenas 6,6 por 7,7 centímetros conservó durante unos 1.700 años parte de una de las obras fundamentales de la literatura occidental. Se trata de unos versos de La Odisea de Homero, identificados en la biblioteca de la Universidad de Utrecht, en Países Bajos.
El fragmento había pasado inadvertido durante décadas dentro de una colección de manuscritos antiguos. El investigador Mark de Kreij, especialista en literatura griega de la Universidad Radboud, lo identificó en 2024 mientras estudiaba los fondos de la biblioteca. En un primer momento había sido considerado un fragmento poco relevante, pero las pequeñas letras griegas permitieron reconocer algunas expresiones características de los poemas de Homero.
Qué cuenta el fragmento de la Odisea
Los versos corresponden al libro XII de La Odisea, uno de los momentos decisivos del viaje de regreso de Odiseo a Ítaca. El pasaje se sitúa después de que el héroe y sus compañeros atraviesan los peligros de Escila y Caribdis y llegan a la isla de Trinacia, donde se encuentran los rebaños sagrados de Helios, el dios del Sol.
Circe ya había advertido a Odiseo y a sus hombres que no debían tocar los animales. Sin embargo, después de permanecer en la isla y quedarse sin alimentos, sus compañeros desobedecen la orden, sacrifican el ganado y lo comen. Helios reclama entonces a Zeus que castigue a los responsables. Finalmente, una tormenta destruye la nave y toda la tripulación muere, salvo Odiseo.
Según la Universidad de Utrecht, el fragmento perteneció a un pequeño códice de pergamino, una especie de edición de bolsillo de la obra completa, producido probablemente en Egipto alrededor del año 300. Los investigadores creen que pudo haber pertenecido a un lector de Homero que vivía en el oasis de Fayum. El códice habría tenido un tamaño similar al de un lector electrónico actual.
La pieza resulta especialmente significativa por su rareza y es que existen alrededor de 30 fragmentos comparables de este tipo de pequeños códices en todo el mundo. Además, el pergamino estaba escrito en ambas caras y su ubicación dentro del códice pudo haber contribuido a su conservación, al quedar protegido por las páginas que lo rodeaban.
El fragmento llegó a Utrecht como parte de una colección de manuscritos vinculada al investigador alemán Carl Schmidt, cuyos herederos vendieron el conjunto a la universidad a mediados del siglo XX. La colección contiene principalmente manuscritos cristianos tempranos, además de textos egipcios y griegos. Todavía no se conoce con precisión cómo llegó originalmente este fragmento de la Odisea a formar parte de la compilación.
