Lo que muchos ya empiezan a notar es que no se trata solo de un par de días grises. Es un patrón que se repite y se repite: amanece nublado, el sol se asoma tímidamente durante un rato, vuelve a cerrarse el cielo y otra vez llueve. La sensación de estar atrapados en un bucle climático tiene una explicación que va más allá de las particularidades de la estación.
La pregunta ya no es solo cuánto va a durar el frío. La pregunta es si el sol volverá a aparecer por varias horas seguidas y por qué este invierno tiene este humor tan cambiante. Quienes viven en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) ya empezaron a notar que la falta de luz solar empieza a pesar.
No es el invierno más frío, pero sí uno de los más grises. A diferencia de otras temporadas, donde el sol cortaba el frío al mediodía, esta vez el termómetro baja y la luz no aparece. El cielo plomizo se convirtió en el paisaje cotidiano.
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Mientras el paraguas se volvió un accesorio permanente y los planes al aire libre se cancelan con cada pronóstico, la incógnita crece: ¿Qué está pasando con el clima en Buenos Aires? ¿Es normal que llueva tanto y que el sol se esconda por semanas y semanas?
Los especialistas tienen la respuesta. Y también advierten sobre algo que muchos ya empiezan a sentir sin saber nombrarlo: la falta de sol no solo moja los zapatos. También pesa en el ánimo, en el sueño y en la energía de todos los días. La ciencia climática tiene una explicación para este fenómeno y la salud mental también.
Para entender esta seguidilla de días nublados, Cindy Fernández, comunicadora meteorológica y vocera de Meteored, explica cuáles son las causas detrás de este patrón climático.
Según la especialista, el principal responsable es un fenómeno conocido como "río atmosférico". Se trata de una corriente de humedad que avanza desde el Pacífico hacia la zona central de Chile y los Andes argentinos, trayendo consigo una gran cantidad de vapor de agua. Este río, además, viene acompañado de perturbaciones en altura que refuerzan la inestabilidad y la humedad, generando un pasillo de nubes y lluvias que se extiende sobre la región central del país.
"La situación es provocada por una serie de factores, pero principalmente tenemos un río atmosférico que avanza desde el Pacífico hacia la zona central de Chile y la zona de los Andes centrales argentinos. Esto también viene acompañado de algunas perturbaciones en altura aportando mucha humedad", detalla Fernández. El resultado es una especie de "callejón de humedad y perturbaciones" que genera inestabilidad y episodios reiterados de lluvias y tormentas sobre la zona central del país.
El fenómeno de "El Niño", actualmente activo, juega un papel clave en esta dinámica. Fernández explica que "el Niño una de las cosas que hace es que estos ríos atmosféricos ocurran de manera más persistente, más seguidas y además coincidan con la zona central de Argentina". En otras épocas del año, sin "El Niño" activo, estos ríos atmosféricos "suelen variar más su posición, incluso ubicarse un poco más al sur, afectando menos la zona central y quizás más la Patagonia".
El sol volverá a salir pero la tregua puede ser temporal
Según la especialista, el sol volverá a salir a partir del viernes 7 de agosto, luego del paso de un frente frío intenso. "Después de ese frente frío va a empezar aire polar, entonces el aire polar es bastante más seco y se va a barrer toda esta humedad", asegura.
Pero la tregua podría ser temporal: con "El Niño" activo, "es esperable que esta temporada tenga más cantidad de días sin sol o con lluvias que otras temporadas sin el Niño".
El invierno, la niebla y lo que viene
Fernández también señala que durante el invierno, en esta época del año, "solemos tener más persistencia de días nublados. Pero existen otros factores que están haciendo que quizás haya más cantidad de lo habitual. De cualquier manera, es habitual tener bastante cantidad de días nublados o con nubosidad en esta época".
Si bien no hay un récord histórico confirmado de días sin sol —"no tengo las estadísticas", dice—, el patrón es claro: "Con El Niño activo es esperable que predominen los días con mucha nubosidad, porque una de sus consecuencias principales es es generar más cantidad de días con precipitación, incluso con mayor cantidad de eventos fuertes" en el noreste de Argentina y centro del país.
La otra cara del clima: cuando el cielo gris también se siente adentro
La falta de sol no solo se nota en el termómetro. Los días grises, la lluvia persistente y el encierro tienen un correlato directo en el estado de ánimo. La Dra. Natividad Olivar (MN: 137.897), médica especialista en Psiquiatría, perteneciente al Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Facultad de Medicina UBA, explica que "en algunas personas puede aparecer una disminución transitoria del estado de ánimo. Pueden sentirse más cansadas, con menos energía o un poco menos motivadas".
El efecto, sin embargo, no es igual para todos. La especialista aclara que el impacto directo del clima sobre el ánimo "suele ser pequeño y muy variable de una persona a otra". Pero hay un factor que sí pesa. "Recibimos menos luz durante el día, llueve, hace frío y pasamos más tiempo dentro de casa. Algunas personas reducen la actividad física, salen menos y tienen menos interacción social", enumera. Esa combinación de factores puede generar un malestar que no es exclusivamente climático, sino que se alimenta de él.
Más allá del cansancio y la apatía, existe un cuadro clínico reconocido: el Trastorno Afectivo Estacional. Según Olivar, "se trata de un episodio depresivo con un patrón estacional, que aparece vinculado al cambio de estación". Los síntomas incluyen: tristeza, falta de energía, fatiga, dificultades para concentrarse, aumento del sueño y del apetito, y tendencia al aislamiento social. Pero no se diagnostica después de unos días grises: el patrón debe repetirse en la misma época del año durante al menos dos años.
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La psiquiatra advierte también sobre la confusión con una depresión común, y señala que la clave está en el cuándo y el cómo aparecen los síntomas. "Hay que evaluar cuánto tiempo llevan, cuánto afectan la vida cotidiana, si ocurrió algo parecido en años anteriores y si puede haber otras causas médicas o psiquiátricas". En ese sentido, recomienda no subestimar los síntomas, pero tampoco sobredimensionarlos: el malestar es real, pero no todas las semanas grises son una depresión.
El sol va a salir, al menos por unos días. Pero el invierno de 2026 ya dejó en claro que el clima no es solo una cuestión de pronósticos. Lo que antes era una excepción, hoy empieza a ser una normalidad: eventos climáticos más persistentes, más extremos, más difíciles de predecir. Y eso no es solo un dato meteorológico.
El cambio climático ya no es un fenómeno que ocurre allá lejos. Está acá, en los días grises, en la humedad que no se va, en el malestar que muchos empiezan a sentir sin saber que tiene un nombre. La pregunta que queda abierta no es sólo cuándo volverá el sol. Sino que estos fenómenos llegaron para quedarse y que todas las problemáticas que vienen con ellos, también.
