El Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Medio Plazo (ECMWF, por sus siglas en inglés) anticipa el fin del bloqueo atmosférico histórico en Argentina desde la segunda semana de febrero de 2026.
El fenómeno, caracterizado por la ausencia de sistemas de precipitaciones de escala regional, dio lugar en enero a un marcado déficit de lluvias, acompañado por temperaturas extremadamente elevadas y reiteradas olas de calor en amplias zonas del país.
“La combinación entre déficit hídrico y altas temperaturas ha generado un impacto significativo en distintos sectores productivos y ambientales”, señaló el meteorólogo Leonardo De Benedictis en Meteored.
¿Cuándo llega el fin del bloqueo atmosférico histórico en Argentina?
Según los principales modelos meteorológicos presentados por el ECMWF, durante la segunda semana de febrero empezará a tomar forma un cambio gradual en el patrón atmosférico. En particular, se observa una anomalía positiva de precipitaciones sobre el noreste argentino y gran parte del Litoral.
“El pronóstico no indica una recomposición hídrica completa. Regiones como Córdoba y la provincia de Buenos Aires continuarían con lluvias levemente por debajo de los valores normales, aunque con una situación menos restrictiva que la registrada desde fines de diciembre”, agregó De Benedictis.
La segunda semana de febrero podría presentar también temperaturas por debajo de los niveles medios en la Patagonia y el centro del país.
Estas tendencias se condicen con las presentadas por el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) en su informe de Anomalías de Precipitaciones y Temperatura Media para la semana del martes 10 al lunes 16. La primera advierte por mayores registros de lluvias de la media en Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Chaco, Santiago del Estero y sur de Misiones. El centro del país mejoraría, pero no alcanzaría para compensar del todo la sequía acumulada.
Respecto al factor térmico, existe una señal clara de anomalías negativas, con desvíos de –2 a –5 °C en la Patagonia y sur de Argentina, sugiriendo un ingreso de aire más frío y un quiebre marcado respecto del patrón cálido dominante.
