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China planta árboles desde hace medio siglo en uno de los desiertos más extremos del planeta y ocurrió lo inesperado

Se trata de un proyecto que buscaba frenar uno de los desiertos más extremos del planeta. Sin embargo, logró un efecto inesperado en el medio ambiente. Se prevé que el plan concluya para el 2050.

18 de agosto, 2026 | 20.57
China planta árboles desde hace medio siglo en uno de los desiertos más extremos del planeta y ocurrió lo inesperado

China levanta una muralla verde alrededor de uno de los desiertos más extremos del planeta desde hace 48 años en el marco del Programa de Bosques Refugio de los Tres Nortes, una operación de restauración ecológica de dimensiones difíciles de comparar con casi cualquier otro proyecto del planeta.

Taklamakan es un gran desierto de Asia Central y es el segundo de dunas de arena más grande del mundo, con dunas que oscilan entre 100 y 300 metros de altura. Se encuentra ubicado en la región autónoma de Xinjiang en China. Sin embargo, los árboles plantados ahora absorben más carbono del que libera, según un estudio publicado en enero de 2026 en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

La iniciativa que inició en 1978 se proponía frenar dunas y tormentas de arenas que amenazaban a las ciudades, rutas y campos, pero produjo un efecto inesperado. El análisis publicado en el PNAS detectó más vegetación, mayor actividad fotosintética y un aumento en la captación de carbono en los márgenes del Taklamakan.

Una muralla verde para frenar al desierto

La muralla verde se extiende por el norte, noreste y noroeste del país. Atraviesa 13 provincias y regiones y ocupa más de millones de kilómetros cuadrados, aproximadamente el 42% del territorio de China. La finalización del programa de plantación de árboles está prevista para el 2050.

Los cientos de kilómetros de bosque plantados pasaron de representar una superficie forestal del 5,05% en 1978 al 13,84% en 2023, según las últimas mediciones oficiales. A su vez, la superficie considerada vulnerable a las tormentas de polvo pasó del 48,1% en 2000 al 40.4% en 2020.

La vegetación funciona como barrera frente al viento y ayuda a conservar el suelo, así como también a proteger zonas agrícolas, poblaciones e infraestructura. China también desarrolló otras iniciativas similares, como los corredores verdes en el desierto de Kubuqi para contener el movimiento de las dunas y proteger el río Amarillo. En este último se combinaron 10% de árboles, 80% de arbustos y 10% de hierbas.

Los efectos de la muralla verde

Los investigadores analizaron 25 años de datos sobre vegetación, precipitaciones, fluorescencia inducida por el Sol (una forma de medir la actividad fotosintética) y el intercambio de dióxido de carbono entre la superficie y la atmósfera.

El resultado mostró una expansión sostenida de la cobertura vegetal, acompañada de un incremento de la fotosíntesis y de una tendencia hacia una mayor absorción neta de carbono. Los cambios se concentran especialmente en los márgenes del Taklamakan, precisamente donde se realizaron muchos de los esfuerzos de restauración.

Sin embargo, investigaciones publicadas en revistas científicas como Nature advierten que algunas campañas de forestación en regiones áridas usaron especies que demandan demasiada agua, lo que puede incrementar la presión sobre los recursos hídricos que ya son escasos en algunas zonas.

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