Un equipo científico internacional, liderado por el investigador español Fernando Ángel Fernández-Álvarez, del Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC) de Barcelona, identificó una nueva especie de calamar completamente desconocida para la ciencia, con una anatomía tan particular que obligó a crear una nueva familia biológica para clasificarla. La bautizaron Mobydickia poseidonii, como guiño a la novela de Herman Melville, Moby Dick.
Lo más llamativo del descubrimiento no es solo la criatura en sí, sino dónde apareció. El ejemplar no fue capturado en una expedición reciente al Océano Austral, sino que estaba guardado en el Museo de Historia Natural de Londres, donde había permanecido mal clasificado durante 70 años, desde que fue capturado en la Antártida en la década de 1950.
Al revisar el espécimen, los investigadores notaron características anatómicas que no encajaban con ninguna especie conocida hasta el momento. Y es que, sus brazos están equipados con ganchos en forma de tridente, pensados para sujetar presas en la más completa oscuridad de las profundidades abisales.
Eso, sumado a otros rasgos morfológicos jamás antes vistos, llevó al equipo a confirmar que no se trataba simplemente de una especie nueva, sino de una familia biológica completamente inédita, algo que no ocurría en el mundo de los cefalópodos desde hacía tres décadas.
Por qué es un hallazgo importante para la ciencia
El caso de Mobydickia poseidonii se convirtió en un ejemplo de lo que los especialistas llaman "biología de archivo". Se trata de la posibilidad de encontrar descubrimientos relevantes no en el fondo del océano, sino en colecciones históricas que llevan décadas sin ser revisadas a fondo.
Según explicaron los propios investigadores, este tipo de hallazgos demuestra que los museos de historia natural todavía guardan secretos biológicos capaces de ayudar a entender mejor la biodiversidad de una de las regiones menos exploradas del planeta.
La particular anatomía del animal, adaptada a la vida en las profundidades abisales del Océano Austral, sugiere además un proceso evolutivo muy específico, propio de un ecosistema extremo donde la luz no llega y la supervivencia depende de otro tipo de herramientas, como sus ganchos en forma de tridente que lo distinguen de cualquier otro calamar conocido.
