Las mejores 10 frases de Atahualpa Yupanqui, leyenda del folklore

El músico, escritor y poeta es uno de los grandes referentes del folklore argentino. Conocé algunas de sus mejores frases.

31 de enero, 2026 | 10.00

Un 31 de enero de 1908 nació Atahualpa Yupanqui, uno de los músicos más importantes del folklore argentino. Poeta, cantautor y pensador, su obra trascendió la música y se convirtió en una forma distinta de mirar el mundo, el paisaje y la identidad del país. 

Las 10 mejores frase de Atahualpa Yupanqui

Athahualpa Yupanqui escribió más de 320 canciones, entre las que se destacan Luna tucumana, Los ejes de mi carreta, Piedra y camino, y muchísimos libros que lo llevaron a recibir premios y tener un gran reconocimiento a nivel mundial, pero que además le regalaron a la historia grandes frases.

La obra del músico y poeta argentino todavía continúa vigente porque habla de valores universales y de cuestionamientos que atraviesan a toda la sociedad. Sus palabras, cargadas de sensibilidad y compromiso, invitan a pensar, a escuchar y a entender el vínculo entre el ser humano y la tierra.

  1. La música es una de las cosas que puede salvar al mundo, porque un hombre que busca y encuentra y se solaza horas y días y años y años luz, a través de generaciones, con la belleza, ¿qué otra cosa puede querer que un mundo mejor?”
  2. "Soy un cantor de artes olvidadas que camina por el mundo para que nadie olvide lo que es inolvidable: la poesía y la música tradicional de Argentina".

  3. Cuando se abandona el pago y se empieza a repechar, tira el caballo adelante y el alma tira pa´atrás”.
     
  4. “Andaré por los cerros, selvas y llanos toda la vida arrimándole coplas a tu esperanza, tierra querida”.
  5. "Las penas y las vaquitas se van por la misma senda. Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas".

    Las frases de Atahualpa Yupanqui suelen hablar del desarraigo, la naturaleza y la música popular

  6. "Yo camino por el mundo. Soy pobre. No tengo nada. Sólo un corazón templado, y una pasión: la guitarra".

  7. "Si un trovador me pidiera un poquito de luz para su vida, toda la selva en fuego convertida para su corazón yo le ofreciera".

  8. "Alguna vez en la vida volveré por esa senda, haciendo el mismo camino entre tu rancho y la acequia".

  9. "Ninguna fuerza abatirá tus sueños, porque ellos se nutren con su propia luz. Se alimentan de su propia pasión".

  10. “No le tengo miedo a la muerte, a lo que sí le tengo respeto es al trance, el ir hacia allá. Confieso que tengo curiosidad por saber de qué se trata”.

¿Quién fue Atahualpa Yupanqui?

Héctor Roberto Chavero nació el 31 de enero de 1908 en Campo de la Cruz, provincia de Buenos Aires, y murió el 23 de mayo de 1992 en Nimes, Francia. Hijo de una campesina de origen vasco y de un trabajador ferroviario de raíces indígenas y criollas, desde muy chico estuvo en contacto con la música. A los seis años comenzó a estudiar violín con el cura del pueblo, pero pronto encontró en la guitarra su instrumento definitivo. En Junín se formó con el maestro Bautista Almirón y se empapó tanto de la música popular como de los grandes compositores clásicos, un cruce que marcaría para siempre su estilo.

El seudónimo Atahualpa nació en 1913, a partir de un trabajo escolar dedicado al último emperador inca, y más tarde se completó con el apellido Yupanqui. Su nombre artístico puede traducirse como “el que viene de tierras lejanas a contar". En 1917 se mudó con su familia a Tucumán y, a los 19 años, compuso Camino del indio, una de sus primeras canciones emblemáticas. Durante esos años recorrió extensamente la Argentina, absorbiendo paisajes, tradiciones y sonidos que luego transformó en canciones y poemas.

Atahualpa Yupanqui se casó 1942 con Antoinette Paule Pepin Fitzpatrick, quien escribió varias de sus canciones

En Tucumán, en 1942, conoció a la pianista franco-argentina Antoinette Paule Pepin Fitzpatrick, conocida como Nenette, quien sería su compañera de vida. Ambos se casaron en Montevideo y estuvieron juntos durante 48 años: ella firmó muchas de sus composiciones bajo el seudónimo Pablo del Cerro y fue coautora de más de 60 canciones fundamentales del cancionero popular, entre ellas El arriero y Luna tucumana.

A partir de la década del 60, Atahualpa Yupanqui alcanzó un fuerte reconocimiento internacional y ofreció conciertos en América, África, Asia y Europa. Se estableció finalmente en Francia, aunque regresó en distintas oportunidades a la Argentina. Con el retorno de la democracia, volvió a presentarse en escenarios emblemáticos y, lo largo de su extensa trayectoria, grabó más de 1200 canciones, dejó registradas cerca de 300 obras propias y desarrolló una destacada producción literaria, con títulos como Piedra sola (1941) y Cerro Bayo (1947), novela que inspiró la película Horizontes de piedra.