Hace 100 años en Plaza Huincuil, Neuquén, comenzaba una historia cuyas pruebas ahora son casi nulas por unos restos de cemento y lo que quedó en la memoria de los vecinos más mayores de la zona: abría sus puertas el Cine Petroleum. En otras palabras, se gestaba la fascinación por la nueva tecnología de entonces, las estrellas de Hollywood y el pueblo embelezado por alguna trama romántica o fantástica. A cuatro años de que se inaugurara YPF, se creaba una sala de la empresa ubicada muy cerca de la planta central, que ostentaba unas 250 butacas y palcos para los puestos gerenciales con el objetivo de "hacer comunidad" en una zona cuasi desértica. Por su escenario pasaron presidentes, actores y actrices famosos y hasta hubo presos políticos por una “Huelga grande” del sector del oro negro. Hacia finales de la década del 60, cerró sus puertas y, desde entonces, permanece abandonado. De hecho, en la actualidad, el terreno está usurpado. Sin embargo, su fachada aún permanece casi intacta como para que algún soñador piense en su regreso.
Para quien llega a Plaza Huincul desde la capital de Neuquén, podrá acceder a lo que queda del Petroleum por la Ruta 22. Al ingresar al pueblo por esa vía, enseguida verá el émulo de una torre de perforación con el logo de YPF que servirá de mojón como para llegar al cine. A partir de esa referencia, deberá girar a la derecha en la calle Mario Zambrano, pasar por lo que era la vía del tren que cerró en 1991 y tras unas cuantas cuadras se topará con Felipe Sapag y hacia la derecha otra vez se encontrará con el Pozo 1, donde se realizó la primera perforación organizada en torno a la actividad hidrocarburífera en Neuquén. Luego hay que continuar algo más de 100 metros por el mismo camino en diagonal y de inmediato se advertirá su presencia: no solo porque sus restos aún llevan su nombre, sino que también porque es una construcción muy sencilla, minimalista, que resalta porque todavía conserva un simil a ventanillas de boletería, pero en realidad son sus puertas originales parcialmente tapiadas.
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Esos vestigios son las únicas pruebas materiales de más de 40 años de esplendor que unió tanto a los pobladores de la zona, como a sus de vecinos de Cutral-Có. En la actualidad, está usurpado desde hace años por familias que sobreviven con lo que pueden. Al lado, aún languidece la vieja estructura de la Escuela Primaria 133, como la pileta olímpica donde generaciones de vecinos aprendieron a nadar, su techo ya no está pero sí desde su piso celeste desgastado brotan malezas. La sala se cerró en 1969, cuando estuvo terminado el cine Ruca Lighuen que se inauguró a los pocos meses. No obstante, al detenerse a observarlo e imaginar su pasado junto al relato de algún viejo lugareño empiezan a aparecer imágenes rutilantes.
La magia del cine y una funciòn con muchos tiros
“Yo nací en el 46 y en el 57 habré ido por primera vez, tenía unos 11 años. Recuerdo que íbamos con los amigos a la matiné. En ese momento, vivíamos aquí en el campamento central con mi familia, y con los pibes de la barra solíamos ir los domingos”, recuerda José “Coco” Briceño, fundador del Museo de los Veteranos Ypefianos. El vecino de casi 80 años, le explica a El Destape que él junto a sus compañeros de la empresa petrolera se consideran soldados de Enrique Mosconi, fundador de YPF, por eso la creación del Museo. “Nosotros hicimos soberanía, pero con trabajo, no con armas”, agrega en defensa del colectivo que representa desde el que reclaman ser reconocidos luego ser despedidos en los 90.
De hecho, Coco, desde la década del 70, trabajó en la empresa de hidrocarburos hasta su primer final en manos del Estado en los 90s, es decir que, irónicamente, se inició casi al poco tiempo que cerrara el cine Petroleum. Sin embargo, él empezó a trabajar desde muy joven por la muerte temprana de su padre y cortó con la rutina de asistir a la sala mítica bastante antes. No obstante, acudió el tiempo necesario como para contarnos algunas anécdotas e historias.
“Tengo una anécdota muy linda. Nosotros, cuando éramos chicos, jugábamos a las escondidas, pero sobre todo a los cowboys. Y bueno, resulta que una vez proyectaron Cheyenne, una película de ese género. Era muy buena, de hecho, estuvo como un mes en cartelera. obviamente que nos mandamos con todos los pibes a verla, serìamos unos 6, 7. Tiro va, tiro viene, eran todas escenas como para compenetrarse mucho. Entonces mientras estábamos todos metidos en la historia, viene un muchachito, se pone en la espalda de uno de los nuestros y le apunta con un rifle de juguete. Se llamaba Ñancupito, quien se paró en la butaca y empezó a gritar ¡todos al piso!”, recordó Coco con una carcajada.
Y añadió otra historia: “Donde terminaba el edificio del cine, había una puerta, que se utilizaba como de emergencia. En tiempos de verano, al no haber refrigeración, aire, ni nada, esa salida se abría. Nosotros entonces, como travesuras típicas de pibitos, nos colábamos por ahí en la noche, Un señor que cuidaba y vendía los boletos, que era un tipo muy bueno llamado Izaguirre, se daba cuenta pero nos dejaba cumplir con nuestra travesura”.
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Una cárcel entre butacas y celuloides
Debido a que el Petroleum era un cine-teatro, el extrabajador de YPF también recordó haber visto a varios artistas por su escenario. Desde el famoso capocómico José Marrone, los cantantes Antonio Tormo y Alberto Castillo, y a varios actores y directores que fueron a filmar una película como (el director) Lucas Demare y Dulio Marzio, entre otros. El film fue Plaza Huincul (Pozo Uno), la primera producción de cine hecha en la provincia del Neuquén.
Coco también recordó que el temible dictador Pedro Aramburu visitó el espacio y el ex presidente Arturo Humberto Illia. Juan Domingo Perón, en tanto, no se hizo presente pese a que “tenía muchos seguidores”. “En esa época acá todo el mundo YPF era peronista”, aseguró Briceño.
Con todo, la política no solo tuvo sus actos de presencia de tono protocolar en el Petroleum: también el espacio cultural fue utilizado durante una inmensa protesta de los trabajadores. Se conoció como la “Gran Huelga”, se inició en febrero de 1958 mientras presidía el destino de los argentinos el dictador Pedro Aramburu. La protesta se gestó entre los trabajadores del petróleo agrupados en el SUPE (Sindicato Unido Petroleros del Estado). El reclamo principal exigía aumentos salariales y mejoras en las condiciones laborales de YPF. Fue un hito en Plaza Huincul, de hecho, terminó convirtiéndose en una gran movilización con apoyo masivo de los vecinos. También hubo lugar para la represión y las detenciones ilegales.
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“Esa fue la primera gran pueblada de esta zona, recuerdo que intervino el Ejército. A los obreros los obligaban a trabajar y el que no quería hacerlo, lo metìan preso dentro del cine Petroleum. Es decir, que el lugar se utilizó como una cárcel, porque los obreros estuvieron casi dos meses ahí adentro. No los dejaban salir, mi hermano estuvo detenido, por ejemplo. Èl me contó que les daban nada más que el baño y un rancho. Y si uno le llevaba algo para comer, nunca le llegaba: se lo quedaban los militares”, relató Coco Briceño.
Triste, solitario y final
El final llegó en 1968 y su actividad continuó el 25 mayo de 1969 en el cine Ruca Lighuen, una sala mucho más grande y la más moderna de toda la Patagonia en ese entonces. Aunque el Petroleum, con sus instalaciones y su magia, quedó allí. Con el tiempo, su deterioro fue en franca, plena y sistemática decadencia. Si bien los vecinos de la zona siguieron yendo a ver películas a otro espacio muy novedoso, es innegable que una historia de más de 40 años quedó librada al abandono y el olvido.
Cuesta entender por qué las autoridades no lo mantuvieron al menos como una reliquia del pasado, un sitio que bien podría ser convertido en museo o visitado con fines educativos o turísticos. En la misma línea, es inexplicable como tampoco fue declarado Patrimonio Cultural.
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Según José Llull Peñalba, doctor en Historia del Arte por la Universidad Autónoma de Madrid, “podemos definir el patrimonio cultural como el conjunto de manifestaciones u objetos nacidos de la producción humana, que una sociedad ha recibido como herencia histórica, y que constituyen elementos significativos de su identidad como pueblo”. Pareciera que aplica perfecto con lo que significó el Cine Petroleum en Plaza Huincul, aunque al olvido siempre le va mejor que a la justicia.
