La relación transita su peor momento. Patricia Bullrich ya no soporta a la hermana del Presidente. La senadora percibe que está siendo víctima de una operación que busca recortarle poder, aislarla y dejarla sin herramientas, pero está acostumbrada a la guerra. Incluso le gusta, la disfruta; es el ámbito en que más cómoda se siente. No sabe convivir con la tranquilidad y ya está analizando su próxima jugada.
El último gran movimiento del bullrichismo terminó con la salida de Manuel Adorni del gobierno, una pieza clave en el armado de Karina. Una figura a la que ellos también se cargaron, más allá del gusto del exjefe de Gabinete por la evasión, tal como lo sugirió ante senadores violetas días antes de abandonar el cargo. Bullrich y su equipo fueron fundamentales para llegar al trágico desenlace para los hermanos Milei: ella pidió explicaciones públicas, todos presentaron sus declaraciones juradas antes de tiempo y se le advirtió a Karina que no había vuelta atrás porque el Congreso lo iba a destituir. Todas fueron acciones que los ubicaron en una posición mucho más nítida que al resto del PRO frente al caso Adorni; un macrismo que advertía, pero no terminaba de accionar.
Este proyecto lo hacemos colectivamente. Sostené a El Destape con un click acá. Sigamos haciendo historia.
Por este tipo de capacidad para el daño y conocimiento de la política territorial, surge una advertencia: nunca es positivo tener a Bullrich de enemiga. Bajo esta lectura, enfrentarse a ella es, por lo tanto, una equivocación. La funcionaria describe muy bien su personalidad apenas comienza su último libro, Guerra sin Cuartel, donde repasa su gestión en la era Cambiemos. Está acostumbrada a la pelea y acepta desafíos con final incierto pese a tener la opción de elegir el camino de la estabilidad. Se siente bien en el caos.
Pero las negras también juegan. Después de haber sido una pieza clave en la caída de Adorni, Bullrich quiere ver qué tiene el enemigo interno: Karina. La salida del coordinador de ministros todavía es muy reciente, por lo que la intervención política empujada por la hermana del Presidente es interpretada como un vuelto por esa destitución.
MÁS INFO
Esta vez, la elección del dirigente fue mucho más acertada. La llegada de Diego Santilli a la Jefatura de Gabinete complica el escenario para la exministra. A diferencia de Adorni, “El Colo” es una persona con trayectoria política, contactos, cintura para la negociación, vínculos con los gobernadores y, sobre todo, es muy difícil pelearse con él.
Para el bullrichismo, una opción es diferenciarse en el Congreso, sin romper el bloque porque sería interpretado negativamente por el electorado. La Libertad Avanza es vista como una herramienta para evitar el regreso del kirchnerismo y cualquier fisura seguramente sea facturada. Pero, como sucedió con el caso Adorni o incipientemente con la reforma electoral, puede empezar a haber diferencias internas. Bullrich enojada es capaz de cualquier cosa.
La mira en las elecciones 2027
En ese menú de opciones y enmarcado en su gusto por aceptar desafíos incómodos, Bullrich no descarta ninguna opción para 2027. No le interesa la Ciudad, pero no hay que eliminarla de la lista de posibilidades. La vicepresidencia le atrae, pero menos que una Presidencia. Aspira a quedar en esa boleta nacional. Pero, a diferencia de hace algunas semanas, ya se menciona la posibilidad de ir como una alternativa a Milei en una interna, dándole lugar a los cambiemitas que, por no haberse pintado de violeta a tiempo, se queden sin lugar en las listas. Lo analiza porque antes no estaban en guerra, pero ahora sí.
