Patricia Bullrich se tomó unos días de descanso junto a sus nietos para recargar energías. La tregua familiar tiene fecha de vencimiento: la próxima semana deberá encarrilar el acuerdo definitivo con los aliados para encarar el debate por la reforma laboral. En el cierre de enero, la jefa de la bancada de La Libertad Avanza en el Senado tiene agendada una cumbre parlamentaria para consensuar la letra fina del proyecto y aterrizar en febrero con la discusión encauzada.
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Al igual que hizo durante la primera quincena en la Costa Atlántica, la ex ministra planea retomar sus caminatas y charlas de cercanía, pero esta vez con la Ciudad de Buenos Aires como escenario. No es un movimiento al azar. Al igual que Diego Santilli en la Provincia, Bullrich mantiene intactas sus pretensiones de competir por la jefatura de Gobierno porteña. Por ahora, cultiva la paciencia y deposita sus expectativas en el éxito de su gestión en la Cámara Alta.
En su entorno destacan la prudencia con la que manejó los tiempos: pospuso el debate de diciembre a febrero —pese a las ansiedades del Ejecutivo— bajo una premisa clara: no se juega un pleno sin garantías de éxito. Por eso, en el Senado esperan que la reforma salga aprobada, aunque con cambios. Bullrich apuesta a hacer un balance a fin de año; si acumula victorias legislativas, será difícil frenar su proyección en la mesa política "violeta" camino a un 2027 clave.
Pero la senadora no solo quiere exhibir gestión, sino también territorio. En su círculo íntimo aseguran que se mantiene el plan de pelear por la Ciudad, aunque aclaran con ironía que "le dejaría el lugar" a quien mida más que ella. El problema para sus rivales internos es que, hoy, es difícil superarla. Según el último sondeo de D'Alessio & Beresztein, Bullrich lidera el ranking de dirigentes argentinos con una imagen positiva ubicada en los 44 puntos, superando incluso a Javier Milei.
Los números de las urnas son todavía más contundentes: en las legislativas de 2025, con su figura al frente de la boleta, superó el 50% de los votos, un escenario de triunfo en primera vuelta. El contraste es inevitable: Manuel Adorni, el candidato "puro" de los hermanos Milei, apenas alcanzó el 30% meses antes.
En el bullrichismo aseguran que la senadora mantiene una buena relación con Karina Milei, la referencia detrás de Adorni. Al menos mejor que la que tiene con Santiago Caputo, el asesor estrella del Presidente. "El Jefe" es el filtro inevitable para cualquier futuro político dentro del espacio, especialmente para figuras como Bullrich o Santilli, que son dirigentes "importados".
Sin embargo, el camino hacia febrero no solo depende de la muñeca política de Bullrich. La reforma laboral está atravesada por tensiones que exceden los pasillos del Senado. Mientras distintos sectores empresariales manifestaron reparos puntuales con la letra del proyecto y los gobernadores negocian recursos propios, el movimiento obrero aumenta la presión sobre la conducción de la CGT.
Las bases exigen un plan de acción inmediato que no espere al inicio del debate en el recinto. Desde la central obrera ya advirtieron que el escenario está abierto y no descartan ninguna opción: desde una movilización masiva hasta un paro general. Esa amenaza de conflicto social es el factor externo que podría alterar el poroteo de los aliados, quienes miran de reojo el clima de las calles antes de apretar el botón de la votación.
