El primer informe de Creencias Sociales 2026 que acaba de difundir el Observatorio Pulsar de la UBA llama la atención sobre el ascenso del “ningunismo”. Indica que el 63% de los argentinos declara estar poco o nada interesado en política y el 42% dice no simpatizar ni sentirse identificado con ningún partido político. Pero aporta un dato que puede ser letal para Javier Milei: el desencanto de los jóvenes con la política, el sector que en 2023 fue decisivo para catapultar al presidente a lo más alto, en 2027 le puede jugar en contra.
El estudio coordinado por el politólogo Facundo Cruz en base al padrón suministrado por la Cámara Nacional Electoral repasa datos de todas las votaciones presidenciales y legislativas desde 2015 hasta 2025. De ese trabajo surge que los jóvenes que tienen entre 18 y 29 son el segmento de más baja participación electoral en los últimos 10 años. Sus niveles de participación siempre son menores al de los segmento de los adultos (30-49) y de adultos mayores (50-69). Esto no es menor, señala Cruz, porque se trata de los tres segmentos que concentran el grueso del padrón electoral. Los jóvenes de 16 y 17 años representan apenas el 3% y los adultos de más de 70 el 11%.
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La tendencia que pone de relieve el estudio del padrón en las últimas 8 elecciones -incluidas las PASO de 2015, 2017, 2021 y 2023- se puede cruzar con los datos económicos de la gestión Milei: las nuevas generaciones son las más afectadas por el desempleo, la informalidad laboral y el endeudamiento. Además, otro exhaustivo trabajo de la UBA, elaborado por el Ciclo Básico Común, advierte que el 50% de los jóvenes se declara en situación de vulnerabilidad. ¿Milei ofrece motivos para que los pibes lo vuelvan a votar o los empuja al ningunismo?
Para Facundo Cruz, en el marco de un pesimismo que se extiende, hoy en distintos estudios de opinión, el segmento joven es el que todavía sostiene al gobierno en los escenarios electorales de cara al 2027: mantiene todavía un grado de esperanza superior a otros segmentos, pero muestra molestia en términos de aprobación presente. Mientras los adultos son los que más rechazan al gobierno de la Libertad Avanza y los más pesimistas, los adultos mayores son los que critican, tienen dudas sobre el futuro y empezaron a cansarse de la falta de soluciones concretas.
A la inversa, los que más van a votar son los que menos quieren a Milei. “El padrón de jóvenes apunta a ser menos de un cuarto del electorado. El grueso son adultos y adultos mayores. Justamente, los que más están yendo a votar”, advierte Cruz, que además es consultor y analista político. La conclusión para el coordinador general de Pulsar es que el gobierno se encuentra en una “trampa etaria”. “Los que más lo bancan son los que menos van a votar en la última década. Son, además, el segmento más volátil y menos comprometido. ¿Va a movilizar segmentos favorables o va a desmovilizar segmentos de rechazo? ¿Qué les puede ofrecer a los adultos mayores de acá a fin de año y en el 2027, donde tal vez pueda recuperar apoyos apelando al antiperonismo?”, se pregunta. Puede ser una fase algo larga de desencanto que tiene 4 años ya porque lo nuevo avejentó rápido.
El trabajo de Pulsar indica que en promedio la participación de los jóvenes de entre 18 y 29 años es entre 4 y 10 puntos más baja que la de los que tienen entre 30 y 49 o entre 50 y 69. En 2025, la franja de entre 30 y 49 años representó el 37,2% del padrón y fue la que mayor participación electoral mostró. En cambio, los jóvenes (18 a 29) representaron el 23,3% y los de entre 50 y 69 representaron el 24,4%. Si se analiza el voto de los jóvenes por género en las últimas elecciones, se advierte otro dato que también puede complicar a Milei: las mujeres presentan un porcentaje de participación casi 4 puntos más alto que los varones, el género que más apoya al ex panelista.
El dato se combina con otra situación que describe el sociólogo Ariel Wilkis y tiene que ver con los 7 millones de morosos de la era Milei. La sociología de la deuda enseña algo que la economía suele olvidar: en el momento en que una familia no puede pagar, se activa la pregunta sobre la responsabilidad. Es ahí, dice Wilkis, cuando el sufrimiento privado busca una explicación pública y un responsable político.
Sociólogo, decano de Escuela Interdisciplinaria de Altos Estudios Sociales de la UNSAM y autor de “Una historia de cómo nos endeudamos” (Siglo XXI), Wilkis dice que la mora es el árbol pero el bosque es la transformación que se está dando a nivel social y tendrá en forma irremediable consecuencias políticas. El especialista escribió en las últimas semanas tres artículos en Anfibia sobre el tema más preocupante que el gobierno tiene sobre la mesa. “La pregunta que importa no es si hay deuda. Es para qué fue tomada: ¿para crecer o para no caer? Le sigue otra: ¿qué nos dice el cambio de las dinámicas de endeudamiento de las familias sobre la desigualdad social de un país?”, se pregunta.
Wilkis repasa la historia del endeudamiento argentino durante las últimas décadas y señala que en el último año se triplicó la cantidad de hogares argentinos que no llegan a pagar sus créditos. No es una deuda aspiracional sino una “deuda de sacrificio”, dice. “Deuda que no te lleva a ningún lado. Deuda que es el precio de sobrevivir”.
Wilkis dice que Milei no inventó la deuda de sacrificio pero la agravó y deja dos ideas que pueden tener un impacto decisivo en el corto plazo. La primera es sobre la deriva política que puede encontrar el continente de morosos. “Cada régimen de deuda de los hogares generó expectativas, y cuando esas expectativas fueron traicionadas, la energía acumulada buscó una salida política. Una carta al presidente, un cacerolazo, un voto inesperado. Pero siempre llegó”, dice. La segunda es sobre el problema que excede a un gobierno y se vuelve sistémico. “La deuda de sacrificio, cuando no encuentra respuesta en la política democrática, no desaparece: se radicaliza. Genera la sensación de que el esfuerzo individual fue real pero la contraparte institucional nunca existió. Y esa sensación —la de haber sido estafado por el sistema, no por un gobierno— es la más corrosiva de todas, porque ya no interpela a un presidente sino a la democracia misma”. Es probable que Milei pague caro la indiferencia con millones de personas que en muchos casos lo votaron. Pero si la mora se agiganta, el problema no será una cuestión entre privados y afectará a toda la clase dirigente.
