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Manual para que la política argentina gobierne a la tecnología (y no al revés)

La guía para enfrentar al dios algoritmo nace de no ceder poder y dejar de jugar en cancha inclinada. El rechazo al catastrofismo, la tarea de un gran conductor y las ideas prácticas para todos los que hacen política, en un libro que acaba de salir. La organización, el diferencial humano para la reinvención 

30 de septiembre, 2026 | 00.05

“Desde un número de teléfono antes memorizado hasta un recorrido trazado de un lugar a otro, las tecnologías digitales, con los smartphones a la cabeza, facilitan un olvido. Pero no tenemos una reflexión acerca del olvido a la altura de la eficacia de esa operación tecnológica, que es social y política al mismo tiempo (...) No dimensionamos la des (organización) que esa digitalización conlleva”, dice Adriano Peirone en un libro clave para desarmar el presente. De su lectura se deduce que las sociedades del saber están basadas en un juego de pinzas: la captura de datos por parte de las grandes tecnológicas y la pérdida de saber de los actores sociales que ceden su poder y sus datos a los algoritmos. 

“Pueblo Informacional, apuntes sobre digitalización y organización” es un libro que llama a recuperar la capacidad transformadora de una política hoy impotente. Que rechaza tanto el reflejo antitecnologico como la mera adaptación, la estrategia que promueven y festejan los ganadores del estado de cosas. Que ofrece guías para dirigencias políticas que define como “acribilladas”.

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Peirone desnaturaliza lo que hoy parece natural. Dice que la dinámica algorítmica de las mediaciones sociales monetiza desde las primeras horas de la infancia hasta las últimas de vida. En esa transformación estructural, alerta el autor, el tiempo comunitario fue entregado. Es necesario recuperarlo.

Frente al olvido que facilitan las tecnologías digitales, Peirone, le habla a la dirigencia política pero también a las organizaciones populares y a los líderes que están naciendo. “Un gran dirigente, un gran conductor, es un conductor también de memoria. Sirve como espejo, reflejando al colectivo su propio saber, el saber colectivo que de otro modo se disipa. Un conductor es alguien que entonces también hace acordar”, escribe. ¿Acordar de qué? De las capacidades populares y de la fuerza de la organización que debe ser el insumo fundamental para inscribir la demanda popular en el imaginario tecnológico. El único diferencial que tiene el pueblo para confrontar con las fuerzas que están detrás del dios algoritmo. “Pasamos como organizaciones a hacer posteos, publicaciones, reels, como cualquier otro ‘individuo’ que puede hacerlo, desprendiendonos de casi todo lo que nos ha otorgado razón de ser, lo cual es dramático en términos de repliegue de lo social”, dice. Error estrátegico. 

Las ideas del texto permiten leer nuestros días en clave de confrontación. Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Nacional de Rosario y graduado en la Escuela de Altos Estudios Sociales de París, Peirone sostiene que toda tecnología contiene una política bélica que, aún solapada, soporta una voluntad de dominación. Jugamos el partido en una cancha completamente delimitada por otros, dice, y lo primero que hay que hacer es asumirlo para dejar de competir dentro de la lógica impuesta por las grandes tecnológicas. Es necesario, en cambio, inaugurar una nueva lógica. Peirone propone un término, trifurcar: se trata, asegura, de imprimir la organización en el imaginario tecnológico, de armar de una vez por todas una tecnología que no venga digerida por el mercado o ideada exclusivamente por el Estado, sino que se sirva de las dos fuentes para instituir una tercera vía futura. 

El libro es un llamado, casi un grito desesperado, a dejar de ceder poder ingenuamente al poder tecnológico, a dejar de  pensar que es posible batallar en ese terreno. Para eso, el autor se pregunta por lo más básico: la utilidad de una tecnología, a quién sirve y para qué. Un interrogante que pretende trasladar a cada sindicato, cada cooperativa, cada municipio, cada comunidad eclesial o club de barrio. Si una tecnología es de avanzada pero retrotrae un proceso colectivo de organización, dice, entonces es una obsolescencia dirigida. “Son innovaciones retardatarias, desorganizadoras", dice. Si las mediaciones tecnológicas desvalorizan o transportan valor hacia afuera de la comunidad de productores, nos enfrentamos a tecnologías de captura”, dice Peirone. 

“Pueblo Informacional” sugiere ejemplos concretos para plantear otros usos de la tecnología: drones sindicales para el control de la vía navegable conocida como hidrovía, el Mercado Libre de los empleados del Sindicato de Comercio, un blockchain operativo para saber donde van los dólares de la deuda pública, la incorporación de jóvenes trabajadores organizados a la toma de decisiones en organismos estratégicos como Arsat o Nucleoeléctrica. 

Para salir de la desmovilización y la derrota, Peirone advierte también contra el peligro catastrofista, la tentación de dar por perdida la disputa y agigantar la tesis de que no hay escapatoria ante el poder de los magnates tecnológicos. El libro es una guía práctica para inventar una política que confronte con la tiranía de los algoritmos, pero desde las necesidades sociales. Por eso, uno de los primeros puntos que plantea es la urgencia de recuperar los datos que cedemos en forma voluntaria y permanente a los algoritmos. “El control popular de datos sociales es el punto cero de una estrategia que tiene mucho por ganar en autonomía si escala hacia una Inteligencia Organizada de nuevo tipo”, dice. 

El autor retoma una frase de una vigencia absoluta que pertenece Cornelius Castoriadis: “Esto es cierto para toda sociedad conocida: de todas las técnicas, la más importante es la organización social, el aparato jamás creado por el hombre es la red ordenada de relaciones sociales”. A partir de ahí surge la idea central del libro: el llamado a innovar desde la sociedad organizada para poner en valor lo que la distingue de las máquinas. No solo la creatividad y la sensibilidad humanas. También, la capacidad de organizarse de manera comunitaria para confrontar con la lógica de mercado que se vende en nuevo envase: el capitalismo digital. 

El libro apunta a la dirigencia política y señala con ironía una paradoja: las plataformas digitales escuchan más que la política. Pero combate con fuerza la idea de un presente inmodificable, algo que incluso se alimenta desde los sectores del progresismo que se empeñan en destacar el poder descomunal de las grandes tecnológicas. Un gran favor para Elon Musk y Peter Thiel. 

No hay soberanía política sin autonomía tecnológica. El objetivo es lograr a partir de las organizaciones que tenemos y las que pueden surgir, afirma Peirone, que haya organizaciones gobernando la tecnología. “Hace politica comunicacional sin una estrategia de soberanía tecnológica es lo mismo que autonarrarnos la idea de revolución en un sistema político sin participación popular”. Peirone retoma banderas históricas y defiende la idea de justicia social, pero lo hace a partir de la defensa de las organizaciones que no responden al poder económico y de la necesidad de ejercer en la práctica la soberanía tecnológica. De lo contrario, avisa, el proyecto de gobierno en curso va a fracasar pero muchas de sus condiciones seguirán en pie.

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Diego Genoud

Periodista político. Escribió "El arribista del poder" y "El peronismo de Cristina". Conduce "Fuera de Tiempo" en Radio Con Vos. Trabajó en Perfil, Crítica de la Argentina, El Canciller, Letra P, el Diarioar y La Politica Online. Fue parte del colectivo que edita la revista Crisis.

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