Este jueves 8 de octubre se cumplen 131 años del nacimiento de Juan Domingo Perón. En un contexto donde los liderazgos políticos suelen surgir más por intereses corporativos que por debates ideológicos o experiencia, es uno de los últimos estadistas que dio este país. Mientras el primero se enfoca en cálculos electorales y relatos partidarios, el estadista tiene la capacidad de definir el destino colectivo, tomar decisiones en crisis y promover cambios sociales duraderos sin poner en riesgo la estabilidad del Estado.
El estadista se caracteriza por tener una visión estratégica que conecta el pasado de su país con un futuro deseable, pensando en generaciones y no en elecciones inmediatas. Además, respeta las reglas democráticas, aplica un juicio práctico para adaptar principios universales a situaciones cambiantes y mantiene la autonomía estatal evitando la captura por intereses particulares. Su prioridad es la perdurabilidad del orden social y no su permanencia personal en el cargo.
Juan Domingo Perón (8 de octubre de 1895 – 1 de julio de 1974) es un claro ejemplo de esta figura. Desde la Escuela del Populismo Clásico Latinoamericano, Gino Germani y Torcuato Di Tella lo interpretaron como el líder que integró rápidamente a las masas obreras migrantes en una coalición entre movilización popular y liderazgo carismático. Según Schmitter y O'Donnell, Perón fue un "articulador" de la participación política a través de corporaciones como sindicatos, empresarios y las Fuerzas Armadas, más que un simple consultor parlamentario.
El legado de Perón: qué hizo en la Historia
Además, Perón fue un exponente del Estado de Bienestar keynesiano, implementando un modelo intervencionista orientado a la industrialización por sustitución de importaciones y a la justicia social. Ernesto Laclau, en La razón populista (2005), destacó que el peronismo no es una anomalía sino una lógica política que construyó lo social desde el antagonismo, unificando demandas sociales insatisfechas y creando un sujeto colectivo: el "pueblo". La emblemática consigna "Braden o Perón" (1946) dividió a la sociedad entre "Pueblo" y "Oligarquía/Imperio". Para Laclau, Perón fue el "significante vacío" que permitió a varios sectores heterogéneos proyectar en él sus esperanzas y demandas.
Al rol de articulador colectivo y estratega político, Perón sumó su visión de la "Tercera Posición", una alternativa entre el capitalismo liberal y el comunismo colectivista que promovía la armonía de clases dentro de una "comunidad organizada". Esta inspiración política tuvo ejemplos exitosos en estados nórdicos y en China, reflejando un modelo propio y original.
La ciencia política nos ayuda a diferenciar perfiles de liderazgo y a elegir representantes basados en la razón más que en la emoción. Perón representa un estadista profesional, muy distinto a los nuevos "outsiders" políticos que suelen destruir los entramados colectivos en vez de fortalecerlos. La verdadera victoria popular pasa por reescribir la historia con conciencia, sin repetir fórmulas que llevan a la injusticia y la división.
