Si hablamos de Lealtad, tenemos que contar la historia del teniente Ernesto "El Muñeco" Adradas. El 16 de junio de 1955, Buenos Aires fue escenario del atentado más grande de la historia Argentina. Cuarenta aviones de combate, un batallón de infantería y civiles armados participaron de un intento de golpe de Estado contra el presidente Juan Domingo Perón. En medio de los ataques, Adradas se enfrentó a los pilotos golpistas y protagonizó un combate aéreo que lo convertiría en una figura clave de aquella jornada. Este 17 de octubre, decidimos rememorar al héroe anónimo, al patriota que arriesgó su vida para defender a miles de inocentes y que evitó una masacre aún mayor.
La ofensiva dejó más de 300 muertos y cientos de heridos. La primera bomba cayó sobre un trolebús lleno de trabajadores y niños. Los ataques continuaron sobre la población civil. El objetivo de los golpistas era derrocar al gobierno constitucional e infundir terror entre quienes se concentraban en Plaza de Mayo.
En ese contexto, Adradas integró una escuadrilla que despegó desde la base aérea de Morón por orden del comandante en jefe de la Fuerza Aérea, el brigadier Juan Fabri. La misión era interceptar y derribar los aviones enemigos que participaban del bombardeo.
El combate aéreo que frenó a los golpistas
Ernesto Adradas había construido una carrera como piloto militar y se destacaba por su capacidad para volar aviones de combate. Había obtenido el brevet de oro como mejor piloto de su promoción y, como teniente, estaba asignado al Gloster Meteor, el avión a reacción insignia de la Fuerza Aérea Argentina.
Cuando llegó el momento de enfrentar a los atacantes, la escuadrilla no estaba integrada únicamente por pilotos leales al gobierno constitucional. Entre sus miembros también había militares comprometidos con la conspiración golpista. En medio de la incertidumbre, el teniente Juan Boehler se acercó a Adradas para preguntarle qué pensaba hacer. Después, corrió hacia el avión del jefe de la escuadrilla para advertirle que tuviera cuidado con él.
Pese a las divisiones internas, los pilotos que salieron a defender el espacio aéreo se enfrentaron a los atacantes. En el combate, Adradas derribó un avión enemigo y luego persiguió a otro. Disparó diez veces contra la aeronave, que terminó gravemente dañada. Su piloto debió eyectarse en paracaídas para salvar su vida.
La intervención de Adradas se convirtió en un episodio destacado de la jornada y en el primer combate aéreo con derribo en Sudamérica protagonizado por un avión a reacción. Su actuación contribuyó a interrumpir temporalmente las oleadas de ataques y permitió que muchas personas buscaran refugio. Sin su intervención, centenares de personas habrían muerto.
La persecución después del golpe
El enfrentamiento no terminó con el bombardeo de junio. En septiembre de 1955, la Marina participó de un nuevo golpe de Estado que derrocó a Perón. Durante esa ofensiva, los buques de guerra bombardearon distintas ciudades y amenazaron con destruir Berisso y La Plata mediante el cañoneo de la destilería de YPF.
Adradas volvió a enfrentarse a las fuerzas golpistas. Sin embargo, tras el triunfo del golpe, su trayectoria militar quedó marcada por la persecución. Fue detenido y sometido a un tribunal militar. Lo condenaron por haber derribado un avión y por realizar proselitismo activo. Frente a esa situación, solicitó el retiro de la Fuerza Aérea, que finalmente fue aceptado en abril de 1956.
El piloto que había combatido contra los aviones que atacaban a la población civil quedaba así apartado de la institución en la que se había formado.
Del retiro a Aerolíneas Argentinas
Fuera de la Fuerza Aérea, Adradas tuvo que reconstruir su vida laboral. Trabajó como remisero y fumigador aéreo hasta que logró ingresar a Aerolíneas Argentinas. Su carrera continuó en la aviación comercial, donde se desempeñó como piloto internacional. Al mismo tiempo, mantuvo sus vínculos con el peronismo y participó de la resistencia durante los años de exilio de Perón, llevando correo clandestino a Puerta de Hierro.
El reconocimiento más significativo a esa lealtad llegó el 20 de junio de 1973. Para su regreso definitivo a la Argentina después de casi 18 años de exilio, Perón eligió a Adradas como integrante de la tripulación del Boeing 707 que lo trasladó al país. El piloto que había enfrentado a los golpistas en 1955 volvía a ocupar un lugar central en un momento histórico del peronismo.
Un héroe durante años olvidado
A pesar de su intervención durante el bombardeo y de su trayectoria posterior, Ernesto “Muñeco” Adradas permaneció durante años relegado en la historia oficial de la aviación argentina. El primer homenaje llegó en 2016, cuando Roque Pérez, su ciudad natal en la provincia de Buenos Aires, le rindió reconocimiento. La distinción se realizó en el mismo rancho donde nació Juan Domingo Perón y buscó recuperar la memoria de un aviador cuya actuación había quedado injustamente relegada.
La historia de Adradas reúne algunos de los episodios más significativos de la Argentina de aquellos años: el bombardeo contra la población civil, el golpe de Estado de 1955, la persecución a los militares que se opusieron a los golpistas y la resistencia peronista durante el exilio.
Su actuación el 16 de junio de 1955 lo convirtió en uno de los protagonistas de una jornada que dejó una huella profunda en la historia nacional. Su posterior elección por parte de Perón para integrar la tripulación de su regreso al país fue, además, un reconocimiento a la lealtad que había mantenido a lo largo de los años.
