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Adelanto de El tecnato del fin del mundo, el último libro de Nico Lantos

La obra muestra cómo mientras las democracias neoliberales se deterioran, una elite tecnológica y económica parece haber dejado de imaginar un futuro colectivo. En su lugar, aparece una carrera individual hacia la supervivencia. 

30 de septiembre, 2026 | 13.50
Adelanto de El tecnato del fin del mundo, el último libro de Nico Lantos

¿Puede una elite terminar con el mundo tal como lo conocemos? ¿Puede un puñado de multimillonarios, tecnócratas y dirigentes convencidos de que el futuro les pertenece acelerar el colapso de un sistema que, al mismo tiempo, intentan abandonar antes de que se derrumbe? Esa es una de las preguntas que recorre El tecnato del fin del mundo. Diario de las crisis concéntricas, de Nicolás Lantos, un libro que registra seis meses —entre diciembre de 2025 y junio de 2026— en los que el orden global terminó de hacer implosión después de una década de cortocircuitos.

El punto de partida de Lantos es alarmante: mientras las democracias neoliberales se deterioran, una elite tecnológica y económica parece haber dejado de imaginar un futuro colectivo. En su lugar, aparece una carrera individual hacia la supervivencia. Los protagonistas de este mundo no buscan evitar el colapso sino prepararse para sobrevivirlo. Acumular, refugiarse, automatizar, escapar. Y, en el camino, acelerar algunas de las transformaciones que podrían producir aquello que pretenden evitar.

Ejemplos de ese proceso no faltan: un presidente secuestrado durante la madrugada, un misterioso avión de la Fuerza Aérea estadounidense en Ushuaia, un príncipe qatarí que compra miles de hectáreas cerca de Bariloche ante la posibilidad de un desastre en el hemisferio norte, funcionarios que difunden memes nazis y multimillonarios que, en una feria apocalíptica, mezclan drogas, OVNIs, sexo, sectas y teorías sobre la Tercera Guerra Mundial.

Los suscriptores de El Destape tienen un 15% de descuento en la compra del libro. 

El catálogo podría parecer absurdo si no fuera porque, como advierte Lantos, los hechos pertenecen al mundo real. Allí reside una de las principales apuestas del libro: mostrar que la realidad contemporánea puede resultar más delirante que cualquier ficción distópica.

Con una combinación de periodismo, análisis político y ensayo, el autor conecta esos episodios aparentemente inconexos para identificar detrás de ellos una transformación más profunda: la emergencia de un capitalismo cada vez más desligado de las necesidades humanas y una elite que parece haber perdido la confianza en la posibilidad de construir un destino común. ¿El mundo que conocíamos todavía existe o ya estamos viviendo después de su final?

Fragmento del libro El tecnato del fin del mundo: 

Cuellos de botella

La alianza entre Silicon Valley y la Casa Blanca hoy es indestructible porque se necesitan mutuamente para ganar la carrera tecnológica contra China, que es la prioridad absoluta que comparten en este momento histórico.

La expansión imperial para apropiarse de los recursos continentales debe leerse a la luz de esa confrontación, que no pasa solamente por la velocidad de la investigación y del desarrollo científico sino también, y cada vez más, por los obstáculos que encuentra cada competidor en el camino.

China mejoró su posición relativa en los últimos años porque supo resolver exitosamente los cuellos de botella que le plantó Estados Unidos (principalmente restricciones al acceso a microprocesadores avanzados y otras piezas de hardware) y a su vez a Estados Unidos le costó resolver los problemas de suministro que le planteó China (por ejemplo, el acceso a tierras raras).

El gran cuello de botella que tiene por delante el desarrollo de las tecnologías de punta en materia de Inteligencia Artificial es la energía.

La generación de energía eléctrica (que requiere siempre la inversión en grandes obras de infraestructura, ya sea convencional, nuclear, hidroeléctrica u otras fuentes experimentales) crece de manera lineal. La demanda de energía eléctrica de la IA crece en forma exponencial. Las dos líneas se cruzaron en 2022 y para 2030 se calcula que la demanda será de varias veces la capacidad instalada. Para ganarle la carrera a China, Estados Unidos necesita mucha energía y la necesita pronto.

En abril del año pasado, el ex-CEO de Google, Eric Schmidt, expuso en una audiencia en el Capitolio sobre Inteligencia Artificial y les dijo a los representantes: "Lo más importante que necesitamos es la energía y las cifras son contundentes. Lo que necesitamos de ustedes, si me permiten ser directo, es energía en todas sus formas, renovable, no renovable, lo que sea, debe estar disponible y debe estar disponible rápidamente. Estamos invirtiendo en cosas como fusión que son increíbles pero no van a llegar a tiempo".

Si contamos los recursos de todos los países bajo la doctrina Donroe (mezcla de Monroe y Donald), desde Argentina hasta Groenlandia, en términos de reservas, representan alrededor de un 20 por ciento del total mundial. Pero en términos de producción actual, de energía “disponible rápidamente”, la que permite sortear el cuello de botella en la carrera contra China, la proporción es distinta. Si controla las dos Américas, Trump tendría señorío sobre el 40 por ciento del petróleo del planeta. 

Un nuevo Tecnato, ejecutado por supermillonarios, desde el Ártico hasta la Antártida, arrasando con la soberanía de todos los pueblos que habitan el hemisferio.

Ciudades charter

Es posible que hayan oído hablar de Curtis Yarvin, una de las estrellas de la intelectualidad orgánica de esta época. Era un programador que escribía en un blog y se hizo popular entre varios CEOs de Silicon Valley a partir de un panfleto que publicó en 2008, “Patchwork, un sistema político para el siglo XXI”, cuya premisa básica es que los gobiernos pueden y deben ser reemplazados por una telaraña global de decenas y hasta miles de mini países soberanos, cada uno de ellos gobernado por su propia sociedad anónima, sin democracia.

Es bastante pavo, pero algunos supermillonarios se entusiasmaron con esas ideas y decidieron invertir mucho dinero en impulsarlas. Entre ellos se destaca (siempre se destaca) el nombre del empresario Peter Thiel. Uno de esos proyectos, en el que Thiel invirtió una suma considerable de dinero, se llama Próspera y es una ciudad en la isla de Roatán, en Honduras.

Legalmente, Próspera fue aprobada como una “Zona para el Empleo y el Desarrollo Económico” en un trámite dudoso durante el gobierno de Juan Orlando Hernández, el expresidente condenado por narco que Trump acaba de indultar, pocos días antes de secuestrar a Maduro “por narco”.

Para el equipo de marketing, se trata de una “ciudad startup”, aunque más discretamente describen el proyecto como la creación de un “Hong Kong privado”, un paraíso capitalista enquistado en un Estado soberano.

Próspera ofrece a las empresas que quieran instalarse una tasa fiscal plana del 1 por ciento, un entorno libre de regulaciones, una ley diferente a la de Honduras y tribunales propios para resolver disputas, servicios de primer nivel y un pequeño ejército privado cuidando la seguridad de los habitantes. Esto ya existe. No es un plan. Está funcionando ahora.

Hace cuatro años el Congreso hondureño aprobó una ley que revocó los permisos que se le habían otorgado de manera irregular. Hace dos, la Corte Suprema determinó que el acuerdo original no era válido y que muchas de sus cláusulas no se ajustaban a la Constitución.

En lugar de irse, Próspera acudió a tribunales internacionales e inició un juicio al país por una suma impagable. Se acogen a una cláusula que prometía estabilidad jurídica incondicional por cincuenta años. Esto quizás explica el interés de Trump por el resultado de la elección presidencial en ese país.

Mark Lutter es el director del Instituto Ciudades Charter, un grupo de lobby también financiado por Silicon Valley (y por Peter Thiel) con la finalidad de impulsar estas zonas de exclusión anarcocapitalistas en todo el mundo. Esta semana escribió en su cuenta de X: “Venezuela no necesita convertirse en otro Irak. Necesita Ciudad Libertad. Realidad: el viejo sistema sigue allí (cortes corruptas, cárteles, instituciones rotas). Arreglar todo al mismo tiempo no funciona. Entonces no arreglen todo. Empiecen con una ciudad que funcione”.

“Una Ciudad Libertad con tierra nueva, reglas nuevas, verdadero derecho de propiedad, verdadero Estado de derecho, construido junto a los Estados Unidos”, propone Lutter. 

El Instituto Ciudades Charter comenzó a recibir financiamiento de Thiel en 2018 y un año más tarde, en una entrevista, su titular ya hablaba de “un libro blanco” para Venezuela “partiendo del supuesto de que se produce un traspaso de poder”. En su reporte anual de 2019 la ONG incluye una sección completa titulada “Make Honduras Great”.

Hay otro proyecto, también financiado por Thiel, llamado Praxis, que es o dice ser una “nación digital” que busca desde hace años instalarse en forma de ciudad-Estado privada.

Después de barajar varias opciones, en los últimos años comenzaron a proyectar la instalación de ese proyecto en… Groenlandia. En enero de 2025, Trump anunció el nombre del embajador ante Dinamarca: Ken Howery, un supermillonario, cofundador de PayPal, donde fue socio de Thiel y de Musk. Ese día la cuenta oficial de Praxis posteó: “De acuerdo al plan”.

El pozo de mierda

Volvamos a Yarvin, el bloguero que le habla al oído a los hombres más poderosos del mundo. Este fin de año estuvo ocupado en sus redes defendiendo a Hitler, por ejemplo, que según su interpretación fue un “genio” por detectar que “la élites angloamericanas” nunca dejarían que Alemania se desarrollara. Es interesante porque, en el paralelismo que sugiere, Estados Unidos ocupa el lugar de Alemania, amenazado por la emergencia de China.

En el posteo destacado en su cuenta hay dos párrafos del último texto en su blog que le dan contexto a ese paralelismo. Ya no propone una telaraña de ciudades privadas. En cambio, dice que Estados Unidos necesita, para hacer frente al desafío que representa el gigante asiático, un “partido político duro” diseñado como “una organización privada legal cuyo objetivo es convertirse en el próximo partido gobernante” y que sea como “el Partido Comunista Chino” en un “Estado de Partido Único centralizado”. 

Esta semana, Yarvin hizo también un largo hilo de tuits sobre la situación en Venezuela, que tiene la doble virtud de graficar a la perfección tanto la filosofía como la propuesta práctica de sus ideas. En ese hilo sostiene que “un Estado es una empresa” y que su política exterior es su “estrategia de negocios” y esa estrategia puede tener flujo de caja positivo (imperialismo), neutro (aislacionismo) o negativo (soft power o lo que él llama “ayudocracia”). Celebra, por lo tanto, que Trump haya abandonado la estrategia deficitaria para abocarse a la superavitaria. Pero hay más.

Yarvin escribió que “la intervención de Venezuela es también inteligente en términos de praxis diplomática” al evitar “instalar un títere” aplicando “poderosos incentivos” a la estructura de poder existente. “Si un Estado es una empresa la forma de controlarlo es comprarlo”, por lo que “como parte del proceso de desbolivarianización, todos los que tuvieron un rol importante en la revolución deben recibir una paga” en forma de participación en las ganancias futuras del país, para garantizar su plena cooperación.

 

Luego comienza la segunda etapa: "Desembarcar en Venezuela con una legión bien organizada de jóvenes tecnócratas latinoamericanos, surgidos de regímenes y partidos de derecha. Hay que empezar a entrenarlos en El Salvador ya mismo. El núcleo de un nuevo servicio civil. Reseteo total del Estado. Estilo DOGE. CEO tech. Seguridad nivel Bukele. En resumen: Venezuela es un pozo de mierda con mega potencial, y es el laboratorio perfecto para una gobernanza del siglo 21".

El pozo de mierda en el que el fascismo neoliberal quiere hacer sus nuevos experimentos.

Instituto Ciudades Charter, la ONG de Mark Lutter financiada por Peter Thiel, usa ese título de fantasía pero está registrada con otro nombre: “Centro para la Investigación de la Gobernanza Innovativa”. Primero ciudades, después países, por último, quizás, todo el continente: somos parte de un enorme experimento de ingeniería social. No es una conspiración y nadie controla todas las variantes. Hay otros actores e intereses en pugna pero ninguno hoy es más poderoso, ni tiene tantos recursos, ni tiene tan claro hacia dónde quiere conducir el mundo.

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