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Milei y las promesas que quedaron en el camino: la Argentina necesita una alternativa

Entre promesas de campaña incumplidas y la falta de soluciones para la economía cotidiana, el Secretario General de la UCR porteña analiza la gestión de Javier Milei y plantea la urgencia de estructurar una alternativa republicana, amplia y de centro que supere la polarización con el kirchnerismo.

29 de agosto, 2026 | 12.56

Javier Milei llegó al gobierno prometiendo una revolución. Se presentó como el dirigente que venía a terminar con “la casta”, a cerrar el Banco Central, dolarizar la economía, terminar con la emisión, bajar impuestos, liberar a los argentinos de un Estado que consideraba responsable de todos nuestros problemas y construir una nueva Argentina.

Pasaron casi tres años y buena parte de aquellas promesas quedaron en el camino.

La dolarización nunca llegó. El Banco Central no fue eliminado y, lejos de desaparecer, el Gobierno acaba de impulsar una reforma de su Carta Orgánica. La motosierra tampoco alcanzó a todos por igual. Y aquella promesa de terminar con la “castA” terminó conviviendo con dirigentes, estructuras y prácticas de la vieja política que el propio Milei decía venir a combatir.

El problema no es solamente que Milei haya cambiado de opinión. En democracia, cambiar una política puede ser legítimo cuando la realidad demuestra que una propuesta era equivocada. El problema es haber construido una identidad política alrededor de promesas absolutas y después pedirle a la sociedad que naturalice que esas promesas nunca existieron.

Y mientras tanto, la Argentina real sigue esperando.

Porque detrás de los números macroeconómicos hay familias que llegan con dificultad a fin de mes, trabajadores cuyos ingresos no alcanzan, comerciantes que venden menos, pequeñas y medianas empresas que no pueden sostener sus estructuras y sectores industriales que pierden competitividad.

Los datos oficiales muestran una caída interanual de las ventas en supermercados, autoservicios mayoristas y centros de compras durante abril de 2026. La desocupación llegó al 7,8% en el primer trimestre del año. Y un informe de Fundar, difundido recientemente por EFE, contabilizó 30.633 empresas menos desde el inicio del gobierno de Milei, con especial impacto en el comercio y distintas ramas industriales.

Es cierto que la inflación bajó respecto de los niveles dramáticos de 2023 y que la economía muestra algunos indicadores de recuperación. Pero gobernar no puede consistir solamente en ordenar las cuentas del Estado. El verdadero desafío es que ese orden se transforme en bienestar, trabajo, inversión, producción y oportunidades.

No alcanza con que cierre una planilla de Excel si no cierra la caja del comerciante. No alcanza con que mejore un indicador financiero si una PyME tiene que despedir trabajadores. No alcanza con celebrar el equilibrio fiscal si la economía real pierde capacidad productiva.

La Argentina necesita equilibrio fiscal, sí. Necesita estabilidad monetaria, también. Necesita reglas claras, inversión privada y un Estado eficiente. Pero también necesita industria, PyMEs, empleo formal, educación, ciencia, infraestructura y un mercado interno capaz de sostener el crecimiento.

Eso no es volver al pasado. Es construir el futuro.

La “casta” cambió de nombre

Uno de los mayores éxitos políticos de Milei fue instalar la idea de que todos los problemas argentinos podían explicarse por “la casta”. La consigna fue efectiva porque durante años la política tradicional perdió credibilidad y muchas veces estuvo desconectada de las preocupaciones concretas de la sociedad.

Pero una cosa es cuestionar los privilegios de la política y otra muy distinta es utilizar esa indignación para construir un nuevo sistema de privilegios.

La verdadera lucha contra la casta no consiste en reemplazar nombres por otros nombres. Consiste en terminar con los privilegios, la discrecionalidad, la corrupción, el uso partidario del Estado y las decisiones tomadas a espaldas de la sociedad.

Y eso requiere instituciones fuertes, división de poderes, transparencia y controles. Requiere República.

Por eso la Unión Cívica Radical tiene mucho para aportar. Porque nuestra tradición política no nació para defender privilegios: nació para ampliar derechos, fortalecer las instituciones y construir una sociedad con más libertad y más igualdad de oportunidades.

La falsa elección entre Milei y el kirchnerismo

El Gobierno intenta instalar una idea que también debemos discutir: “si no gana Milei, vuelve el kirchnerismo”

Es una falsa polarización.

La Argentina no está condenada a elegir entre dos modelos que ya demostraron sus límites. No tenemos que resignarnos a elegir entre el autoritarismo discursivo de un gobierno que divide permanentemente a la sociedad y un pasado kirchnerista que tampoco logró resolver los problemas estructurales del país.

Hay una tercera posibilidad.

Y esa posibilidad necesita una construcción política amplia, democrática, republicana y moderna.

Una alternativa que defienda la estabilidad macroeconómica pero no abandone a quienes producen. Que quiera un Estado eficiente, pero no un Estado ausente. Que defienda la iniciativa privada, pero también al trabajador. Que promueva la inversión, pero que no entregue el desarrollo nacional. Que quiera equilibrio fiscal sin destruir las capacidades del Estado para educar, cuidar, producir infraestructura y generar oportunidades.

La UCR debe ser parte de esa construcción

Desde la Unión Cívica Radical de la Ciudad de Buenos Aires creemos que el desafío no es mirar hacia atrás. Tampoco es subirse a una pelea de extremos que beneficia a quienes quieren que la discusión política se reduzca a dos opciones.

Nuestro desafío es construir una alternativa.

Una alternativa que sea capaz de reunir a quienes creen en la democracia, en la República, en la educación pública, en el trabajo, en la producción, en el federalismo, en la movilidad social y en una economía moderna que genere oportunidades.

Por eso creemos en la construcción de un espacio amplio. Un espacio que pueda convocar a distintos sectores políticos y sociales, desde el radicalismo y el socialismo hasta fuerzas y dirigentes que compartan una misma mirada sobre el futuro.

No se trata de borrar identidades ni de construir una alianza electoral sin contenido. Se trata de encontrar puntos de acuerdo para ofrecerle a la sociedad algo que hoy falta: un proyecto de país que no dependa del miedo al regreso de uno ni de la adoración de otro.

La Argentina necesita dejar de votar siempre contra alguien.

Necesita empezar a votar a favor de algo.

A favor de una economía que funcione para producir y trabajar. A favor de instituciones que sean respetadas. A favor de una política que escuche. A favor de un Estado que haga bien lo que tiene que hacer y deje de hacer lo que no corresponde. A favor de una sociedad donde el esfuerzo vuelva a ser un camino posible hacia el progreso.

Milei llegó prometiendo romperlo todo. El kirchnerismo pretende convencernos de que solamente ellos pueden representar la alternativa.

Los radicales tenemos otra convicción: la Argentina no necesita elegir entre dos pasados. Necesita construir un futuro.

Y para eso hace falta una alternativa amplia, democrática y republicana. Una alternativa que no tenga miedo de discutir con Milei, pero que tampoco tenga miedo de discutir con el kirchnerismo.

Una alternativa que tenga el coraje de decirle a los argentinos que hay otro camino.

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