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Auricelia Arapiun, candidata indígena: “Antes de Lula, Brasil no estaba hecho para nosotras, las poblaciones tradicionales y olvidadas de las periferias”

30 de septiembre, 2026 | 14.20

Debajo de los árboles que rodean la Universidad Federal de Pará, uno de los estados que forma parte de la región amazónica en Brasil, la defensora de los derechos de los pueblos indígenas de la zona Bajo Tapajós, en Santarém, Auricelia Arapiun, que lleva como apellido el nombre de su territorio, cuenta por qué ha decidido competir para obtener una banca el próximo domingo en la cámara legislativa de su estado. Se define como “lideresa indígena, mujer, madre, abuela, licenciada en derecho y ahora candidata”.

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- ¿Por qué decidiste dar el salto de la militancia en movimientos sociales en defensa de los derechos de los pueblos indígenas, como el Consejo Indígena Tapajós - Arapiuns, a la competencia política partidaria?

- Es algo muy reciente, porque siempre me vi del lado del movimiento social. Sin embargo, nos encontramos en un contexto de muchas amenazas a los derechos de los pueblos indígenas y existe la necesidad de ocupar esos lugares de poder y toma de decisiones que determinan nuestras vidas. Fue a raíz de una ley de aquí, en el estado de Pará, propuesta por el entonces gobernador Helder Barbalho, del Movimento Democrático Brasileiro, que perjudicaba la educación pública en el estado. Fue aprobada casi por unanimidad. Los pueblos indígenas vinimos a Belén y pasamos treinta días acá reclamando. Fue entonces que con mi compañera de luchas -principalmente en defensa de la región del Bajo Tapajós, pero también de toda la Amazonia-, Alessandra Munduruku, empezamos a plantearnos: ¿por qué limitarnos a hablar desde afuera? ¿Por qué no animarnos a presentar nuestras candidaturas para poder luchar de igual a igual desde dentro del parlamento? Ahora, en Pará, Alessandra es candidata a diputada federal y yo estadual. Se trata de estar presentes en los espacios donde se crean leyes para atacar nuestros derechos y arrebatarnos los ya garantizados. También me propongo enseñar a los diputados nuestras experiencias de reciprocidad con la naturaleza y de construcción colectiva para la toma de decisiones, diferente a la de ellos, de arriba hacia abajo recortando derechos. El Poder Legislativo es blanco y machista. Son espacios que no fueron creados para nosotros, no trabajamos ni vivimos como ellos. En la Asamblea Legislativa del Estado de Pará (Alepa), entre los 41 diputados sólo tenemos una mujer negra. Y en los 180 años de existencia de la Alepa, nunca hemos elegido a una indígena. De hecho, en ninguna Asamblea Legislativa de los estados de Brasil ha habido un diputado o diputada indígena. Sí conseguimos representación a nivel federal desde las elecciones de 2018. Comenzamos con Joênia Wapichana, elegida como la primera diputada federal por el estado de Roraima. Luego, en 2022, elegimos a tres diputadas federales: Célia Xakriabá, por Minas Gerais, y Sônia Guajajara y Juliana Cardoso, por São Paulo.

- ¿Por qué decidiste presentarte por el Partido Socialismo e Liberdade (PSOL)?

- Soy una persona muy combativa. Siempre digo que, si para defender mis ideas y los derechos del pueblo tengo que enfrentarme a quien sea, lo haré, sea al presidente de la República o al gobernador. Y el PSOL es actualmente el único partido de izquierda que hace esto. No es que sea una fanática, ni siquiera creo que sea necesario estar en un partido, pero lamentablemente tenemos que seguir las reglas creadas por los blancos. Elegí el PSOL precisamente porque no se alía -especialmente aquí, en el estado de Pará- con las oligarquías ni con la extrema derecha para llegar al poder.

- Sin embargo, en esta oportunidad el PSOL no tiene una candidatura propia para la Presidencia. Resolvió respaldar al actual mandatario, Luiz Inácio Lula da Silva, en la pelea por la reelección. ¿Por qué? 

- La candidatura de Lula contó con un respaldo unánime a nivel nacional, bajo la premisa de que no podemos retroceder a lo que vivimos entre 2018 y 2022. Es necesario defender la soberanía y la democracia en Brasil. No es que no tengamos discrepancias. El gobierno de Lula, desde su primer mandato, ha sido un gobierno de coalición, pero, sin duda, fue el mejor presidente de este país para nosotros, las poblaciones tradicionales y los sectores vulnerables de las periferias, y el mejor en cuanto a políticas sociales. Con la elección de Lula surgió la perspectiva de que los pobres pudieran acceder a la universidad, de que tuviéramos oportunidades. Antes Brasil no estaba hecho para nosotros, seguíamos siendo esclavizados y fuertemente explotados. Por eso tengo la certeza de que, en lo social, Lula es la mejor opción. 

- ¿Cuáles son las diferencias que, particularmente tú, como candidata indígena, tienes con los gobiernos de Lula?

- Fue durante el gobierno de Lula cuando se instaló Cargill en Santarém, lo que supuso una violencia enorme para nuestros pueblos y territorios. En su gobierno se expandió el agronegocio y la destrucción de territorios amazónicos y aquí, en Pará, se inició la construcción de Belo Monte, una de las mayores centrales hidroeléctricas, que afecta a diversos pueblos. Sin duda, fue por culpa del agronegocio que Lula había firmado la privatización de nuestros ríos. Cuando digo que tengo diferencias con sus gobiernos, me refiero a que no veo que la base gubernamental haga esfuerzos en el Congreso Nacional para defenderme. Creo, incluso, que nuestros derechos se utilizan como moneda de cambio.

- Hablas del crecimiento del agronegocio durante los mandatos de Lula, ¿Cómo fue en el gobierno del ex presidente, Jair Bolsonaro?

- La situación con Bolsonaro no admite comparación. Aumentó la deforestación, aumentó todo, literalmente intentaron colar medidas abusivas, destructivas. Si no hubiéramos estado nosotros defendiendo nuestros derechos y territorios, habría sido mucho peor. Además, la pandemia durante su gobierno le facilitó mucho las cosas, ya que era un momento en el que debíamos proteger nuestras vidas y no podíamos salir a realizar grandes movilizaciones. Aun así, el movimiento indígena brasileño lo hizo.

- ¿Cómo sería para ustedes tener nuevamente a la extrema derecha en el poder?

- Sería un retroceso enorme, no solo para los pueblos indígenas sino para todo Brasil, un retroceso para nuestra democracia, ellos intentaron dar un golpe. Sería un retroceso para la soberanía brasileña, para las políticas sociales. El perjuicio que sufriríamos si la extrema derecha volviera al poder es incalculable.

- Mencionabas que ustedes, los pueblos indígenas, son usados “como moneda de cambio” en el parlamento, ¿Cómo es eso? 

 - Para aprobar un proyecto del gobierno, tienen que sacar adelante uno de la oposición, y el eslabón más débil son nuestros territorios. Fue lo que ocurrió con el marco temporal (que reconocía como tierras de los pueblos indígenas únicamente a las demarcadas para 1988, declarado luego inconstitucional), donde no vi mucha presión del gobierno para evitar su aprobación. Aun así, sin duda hemos avanzado en la demarcación de tierras indígenas. También se creó el Ministerio de los Pueblos Indígenas durante este gobierno y hemos logrado reforzar la Fundación Nacional de los Pueblos Indígenas. Conseguimos avances, pero con gran dificultad. Yo estuve con Lula hace más de un mes y salí con más certeza de que debía esforzarme en su campaña, porque me escuchó. Le dije: "presidente, usted no lo sabe, pero mi relación con usted es de amor y odio". Le hablé con total sinceridad. El presidente escuchó con mucha atención y respeto. Pretendían dragar el río Tapajós y él ya estaba advertido de que, si decidían hacerlo, perdería las elecciones porque nosotros organizaríamos una nueva revuelta para defender nuestro río. Fue la primera vez que nos convocó para conversar y me pareció muy importante que nos escuchara y tomara la decisión de no dragarlo. Por otro lado, parece que no podemos confrontar a su gobierno porque es hacerle el juego a la extrema derecha. Sin embargo, para nosotros, los catorce pueblos del bajo Tapajós, esta es la oportunidad que tenemos, porque sabemos que él puede dar marcha atrás en sus decisiones. Si no hay presión, pensará que estamos de acuerdo. Es necesario que confrontemos al presidente. “No fue para esto que lo elegimos”, le dije. “Usted no tiene idea de lo que supuso afrontar la campaña de 2022, pusimos nuestras vidas en riesgo”. Tenemos que presionar ahora, porque si fuera la extrema derecha, también la enfrentaríamos, pero la situación sería mucho más violenta. 

- Ahora ustedes están peleando para conseguir que el río Arapiuns, también de la región del Bajo Tapajós, sea declarado sujeto de derecho. ¿En qué consiste esa demanda?

- Es mi río. Es ahí, a orillas del Arapiuns, donde habita el pueblo Arapiuns. Hace poco participamos en una audiencia pública con el Ministerio Público Federal y otros organismos. El río se ha visto muy afectado, por sus aguas baja mucha madera y, en los últimos años, ha sufrido también tanto la pesca y el turismo depredadores, como la especulación inmobiliaria. Queremos que sea reconocido como sujeto de derechos porque, como suelo decir, es nuestro ancestro más antiguo. Para nosotros no es solo un río, es un hermano. Las aguas del Arapiuns son como la sangre que corre por nuestras venas. De allí obtenemos nuestro sustento, es nuestra ruta, nuestro medio de transporte para llegar a otras aldeas. Por eso, merece tener derechos, igual que cualquiera de nosotros.

- Además de las distintas actividades que padecen, sufren también la minería ilegal en la región.

- La minería es un grave problema en mi región. Enfrentamos muchas amenazas, está provocando la deforestación. Si observamos los territorios impactados por la minería... ¿Qué le queda al pueblo? Es una actividad tan destructiva que las personas ya no pueden pensar en una economía propia, pasan a depender de la minería. Además de causar un daño ambiental terrible, provoca un daño social, especialmente en la salud de las personas, que resultan contaminadas por la actividad minera y el mercurio. Esta práctica está prohibida en tierras indígenas. Por lo tanto, cuando se plantea que el parlamento podría autorizarla, se está gestando el genocidio de nuestros pueblos dentro del propio Congreso Nacional. Así es como pretenden matarnos ahora, en un intento por complacer a Estados Unidos. También enfrentamos otras amenazas aquí mismo en Pará, como la instalación de data center. ¿Cómo podemos pensar en construir uno en la Amazonia, en una ciudad como Belém, que ya sufre un calor extremo? Ya empezamos a sentir los impactos. Sabemos bien lo que vivimos en 2023 y 2024 con las sequías. 

- ¿Qué tan peligroso es hoy ser una lideresa indígena en Brasil? 

- Enfrenté muchas amenazas, sobre todo durante el gobierno de Bolsonaro. Sufrí amenazas del tipo “voy a pegarte un tiro en la cabeza”, que me obligaron a proteger mucho a mi familia y a mis hijos, porque ellos sufrían conmigo. Pero nunca quise entrar en un programa de protección porque no confío en el Estado ni en la policía, especialmente en la policía del estado de Pará, que es una de las que más mata a defensores de los derechos humanos y ambientales. Durante la ocupación de la Secretaría de Educación fuimos vigilados, el gobierno del estado de Pará utilizó a personas que estaban dentro del programa para obtener información privilegiada sobre lo que ocurría y nuestras estrategias. Viví momentos muy difíciles durante la COP30 (30° Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático). Empecé a recibir amenazas muy graves incluso antes de que comenzara. La Policía Federal se puso en contacto conmigo antes del evento para que me incorporara a un programa de monitoreo y protección, pero les dije que no quería participar. El primer día de la COP tuve un enfrentamiento con Helder Barbalho, cuando él firmaba un acuerdo con Hydro, una empresa minera de aquí que ya está destruyendo Pará. A partir de ese momento, cuando mi video y mis palabras empezaron a difundirse, comencé a sentir temor, no por mí, sino por mi pueblo. Fue el segundo día de la COP, durante la primera marcha en la que participamos, cuando decidimos ocupar la Zona Azul (donde ocurrían las negociaciones oficiales). A partir de ese momento empezaron a vigilarme, habían planeado mi detención. Me enteré de que se estaba planificando para después de la COP. No fui detenida simplemente porque lo hice público al otro día, logramos reunirnos con el presidente de la COP, con algunos ministros, con la Relatoría de la ONU para los Derechos Humanos. Desde entonces empezaron a rondar unos vehículos sospechosos alrededor del campamento donde nos alojábamos. Yo sentía miedo, nadie podía andar solo. Y al cuarto día de la COP, el conductor de nuestros autobuses encontró dispositivos de rastreo colocados en ellos. Los entregamos a la Policía y al Ministerio Público Federal, que realizó el peritaje. El mes pasado estuve reclamando información ante el Ministerio Público Federal, pues quería saber qué había ocurrido. El fiscal confirmó que los vehículos que operaban de incógnito vigilándonos pertenecían a la Policía Militar del Estado de Pará, y que los dispositivos de rastreo también eran de dicha institución. Por lo tanto, defender el medio ambiente, el territorio y los derechos humanos nos sale muy caro y, a menudo, nos cuesta la vida. Porque el Estado, que debe protegernos, nos está amenazando.

MÁS INFO
Sofía Kortysz

Periodista

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