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Elecciones 2019: Alberto Fernández vs. Mauricio Macri, primer capítulo de la batalla final

Alrededor de las 22, se conocerá la primera tendencia de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias. 

11 de agosto, 2019 | 12.28

Tres años y ocho meses de gobierno de Mauricio Macri se pondrán a prueba hoy. El Presidente, a poco de asumir, dijo que “la inflación es la demostración de incapacidad para gobernar” y que esperaba que su gobierno fuera juzgado por haber bajado, o no, la pobreza. Ambos índices marcan ahora mucho peor que entonces. No son los únicos números que condenan esta administración. Al contrario, las pocas estadísticas que pudieron utilizar en campaña, relacionadas a la obra pública, fueron desmentidas: no se construyeron más rutas ni más cloacas que durante lo gobiernos anteriores, aumentaron los niveles de violencia criminal y concluirá este período con menos escuelas que las que había cuando asumió el poder. Esta noche, si Smartmatic no mete la cola, sabremos si a pesar de todo Macri mantiene chances de ganar las elecciones, como aseguran los comunicadores afines, o si será el primer presidente en la historia argentina que fracasa en las urnas buscando su  reelección.

Enfrente tendrá al challenger menos pensado. Alberto Fernández transitó en pocas semanas el camino que separa a un dirigente político avezado pero con varias temporadas lejos del poder de un candidato presidencial que llega al día de las elecciones con la inercia a favor y la historia a la vuelta de la esquina. En su rincón hay confianza pero no exitismo: algunos moretones todavía duelen. Sabe que un retador siempre tiene que hacer un poco más que el campeón defensor para llevarse el triunfo. En el plano político: llega con todos los deberes hechos. Consolidó una coalición que incluye a casi todos los gobernadores peronistas, a todos los intendentes, a legisladores de media docena de bloques distintos; tendió puentes con los empresarios más importantes del país y hasta con el sector agrícola; tiene a prácticamente todo el sindicalismo de su lado. Hizo pocas promesas, de gran relevancia, teledirigidas a sectores que fueron maltratados en los últimos cuatro años. Planteó con claridad un modelo económico alternativo.

Todos los pronósticos coinciden en que ambos polarizarán la disputa, confinando a las terceras y cuartas opciones al fondo de la tabla, con guarismos que quizás no alcancen los dos dígitos. Es una hipótesis razonable, debe ser contrastada con la empiria, como todas. Casi todos también avizoran una ventaja para el candidato opositor, aunque no se ponen de acuerdo en su magnitud. Mirando el mapa, provincia por provincia, tampoco parece una previsión exagerada. Desde el gobierno hacen decir, en los últimos días, que se encuentran en situación de empate técnico. Veremos, más pronto que tarde. A priori, en las últimas semanas vimos a Macri lidiando con una posible fuga de votos por derecha mientras su adversario, con una base de apoyo asegurada en el peronismo y el kirchnerismo, se dedicaba a cazar en el centro del espectro político. El Presidente terminó pasando de la ira al llanto a la risa en las últimas 48 horas de campaña mientras que Fernández, guitarra y Dylan mediante, parece haberle robado a Cambiemos el monopolio de la buena onda.

La clave del resultado estará, otra vez, en el centro del país, donde Macri cimentó su triunfo en 2015. Se presume que el Frente de Todos, con el aporte de Sergio Massa, la CGT y los movimientos sociales, será más robusto que aquel Frente para la Victoria. Para Juntos por el Cambio, la clave será conservar la mayor parte posible del voto en el campo y las grandes ciudades del interior. Los antecedentes en las elecciones locales que ya se llevaron a cabo este año encienden una luz de alarma: el oficialismo perdió Córdoba capital, Paraná y Santa Fe. La oposición apuesta a sacar una luz irremontable en el conurbano, pelear las provincias de Entre Ríos, Santa Fe y hasta Mendoza, arrebatarle al gobierno ciudades bonaerenses como La Plata y Mar del Plata, y reducir la desventaja en Córdoba y en CABA. A la hora de contar los votos, habrá que estar atentos no solamente a la diferencia entre el primero y el segundo. Cuanto más se polarice la elección, más cerca estará alguna de las fórmulas de superar la marca del 45%, que habilitaría en octubre una victoria sin necesidad de ballotage.

Habrá un importante caudal de atención puesto a lo que suceda en la disputa por la gobernación bonaerense. La milagrosa María Eugenia Vidal, para algunos la figura más popular del oficialismo o del país, pondrá a prueba su hasta hace poco incuestionada infalibilidad electoral ante Axel Kicillof. Elefantes más grandes que ella han caído en esa provincia en el pasado. La gobernadora sufre las consecuencias de no haber podido desdoblar los comicios para evitar el lastre que significa Macri en las zonas que más sufrieron el ajuste. l ex ministro de Economía supo reconvertirse en candidato y coronó una campaña de bajo presupuesto libre de errores no forzados del primer al último día. Supo desmarcarse de acusaciones febriles, de narco o de marxista, que no hicieron mella en su novedosa popularidad. Nadie esperaba, hace pocos meses, que llegara a esta instancia con el cartel de favorito. Vidal necesita un nuevo corte de boleta masivo para tener chances. Los milagros no suceden dos veces. Al menos en teoría.

En la ciudad de Buenos Aires, todo parece encaminarse a un nuevo triunfo amarillo. Horacio Rodríguez Larreta está tan convencido de que volverá a vencer que ya hace planes para mudarse en 2023 a Balcarce 50, salga como salga esta elección. Es el único que puede darse ese lujo. Por primera vez, eso sí, deberá enfrentarse a una oposición unificada: todo el arco del centroizquierda y el peronismo se encolumnó detrás de la candidatura del presidente de San Lorenzo, Matías Lammens. Al resto de sus opositores (Martín Lousteau y el radicalismo metropolitano) los incorporó a su espacio. Es la elección con menos suspenso de todas las del domingo, incluyendo Santa Cruz, donde Alicia Kirchner se juega la gobernación con final abierto. En todo caso, habrá que ver cuánto corte de boleta haya para el jefe de Gobierno que castigue a Macri. Si el fenómeno llega a quitarle un puñado de puntos al Presidente, puede resultar en una amenaza para sus posibilidades de victoria en el escenario nacional. Aquí, en la primera vuelta de 2015, obtuvo más de la mitad de los votos.

Imposible concluir este panorama sin mencionar que por primera vez desde 1983 los argentinos concurrimos a las urnas sin la certeza de que esta misma noche o a más tardar durante la madrugada sabremos los resultados del comicio. La acumulación de irregularidades en torno a la aplicación de un nuevo sistema que no fue testeado, por parte de una empresa de antecedentes ruinosos, sin una auditoría por parte de la justicia ni de la oposición, echa un manto de dudas sobre el conteo provisorio, que aún sin valor legal es de vital importancia para el cumplimiento del derecho a la información de todos los ciudadanos. Aún si no mediara mala fe de parte del gobierno, las numerosas vulnerabilidades del software que fueron denunciadas por expertos apartidarios dejan la integridad del proceso a la intemperie ante el riesgo de una intervención maliciosa. Habrá que estar atentos y esperar que se desarrolle en paz esta jornada cívica y las horas posteriores. Pase lo que pase hoy, mañana despertaremos en una nueva Argentina. Ojalá sea para mejor.

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