Candidatos y reventados en el país del debate

02 de octubre, 2015 | 21.57

La primavera no aparece, las elecciones llegan lento, los candidatos presidenciales vagan por los canales cansados de hacer de ellos mismos y la palabra "debate" vuelve a ponerse de moda. Aunque parezca mentira, hubo un tiempo en el que decíamos "a este país lo que le hace falta es más debate. Acá nunca se discute nada." Eran los '90 -esa década en la que todo el mundo jura que nunca estuvo allí- y Menem rechazaba ir a discutir con Angeloz. La palabra "debate" no tenía el valor de fetiche que le damos ahora. Teníamos la creencia medieval de que el debate era un enfrentamiento del que emergía, como vencedor, el más puro. De ese enfrentamiento y ese choque -creíamos, además- emergía la verdad.

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La noticia de que Daniel Scioli no va a participar del debate televisivo organizado por el canal TN despertó todo tipo de acusaciones, chicanas e insultos. ("Acusaciones, chicanas e insultos" sería un buen título para un programa de debate político de estos días). Hace años que la televisión, la radio y la prensa escrita viven en estado de debate ininterrumpido. Alguien dice algo por radio, alguien le responde por televisión, los diarios escriben sobre lo que se dijo ante lo que se dijo. No hay ausencia de debate; hay exceso. Menos debate y más política, debería ser nuestro slogan para estas semanas.

"No hay debates en nuestra literatura", es un latiguillo que se repite desde los 90 y desde antes también. Hay, debates, pero el mundo de la escritura es tan pequeño e interesa a tan poca gente, que el fragor del combate no se escucha por ninguna parte. Un día antes de la primavera la revista VIVA publicó un reportaje coral con destino de polémica. La revista de 600.000 lectores presenta a cinco escritores que rozan la treintena -Enzo Maqueira (Electrónica, Interzona), Gonzalo Unamuno (Que todo se detenga, Galerna), Loyds (Merca, Alto Pogo), Juan Sklar (Los catorce cuadernos, Beatriz Viterbo) y Manuel Megías (Miserias de la abundancia, Alto Pogo)- y los llama "los escritores del reviente argentino." Tienen buena fama, sus primeras novelas parecen buenas y publican en editoriales independientes

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la entrevista se presentan como "el último escupitajo de los 90" y critican a Cesar Aira. El intento parricidio es una práctica común entre los escritores desde tiempos de Echeverría. Borges asesinó a Lugones, y tres generaciones de argentinos han tratado de asesinar a Borges. Esta postura es natural, es el círculo de la vida. El problema de los reporteados es el énfasis. Son enfáticos en su confesión de escritores y reventados. "Escribimos desde el cuerpo, no desde la pose intelectual, a pura entraña, para contar nuestras vidas o para sacarnos demonios. Nuestras novelas parecen vomitadas en una noche de merca, pero están muy laburadas" sostiene Maqueira. Dicen que al escritor que se presenta como maldito, se le debe quitar la "d" del medio.

La aparición de los escritores del reviente despertó una pequeña ola de indignaciones en blogs y muros de Facebook; (los escritores se expresan en estos lugares). Fue un pequeño movimiento sísmico que está durando un par de semanas, pero la discusión no llegó a la televisión, fuente y destino de todos los debates. Es una lástima: escriben sobre merca y sexo, que son productos codiciados en la televisión. Pero la conjunción de merca, sexo y letras espanta a los espectadores.

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