¡Toc, toc! Es Vidal

Del "hada buena" a la gobernadora agresiva que increpó a bañeros y docentes, pasando por su romance con Quique Sacco, Mariu es uno de los liderazgos de Cambiemos que, a pesar de todo, vuelve.

19 de enero, 2020 | 00.05

Uno de los arietes más sólidos contra el gobierno del Frente de Todos hoy apunta hacia la provincia de Buenos Aires. Ese ariete está sostenido no sólo por las figuras de Cambiemos, o los propietarios rurales que se resisten al pedido de solidaridad del gobierno, sino también por algunos funcionarios del oficialismo. Porque a veces los propios ayudan menos que los ajenos: por ejemplo, el Ministro de Seguridad bonaerense Sergio Berni y su ostensible tiro por elevación al propio presidente. 

Impuesto a las Grandes Fortunas

Mientras tanto, algunos de los ajenos se mueven más astutamente que los propios: por ejemplo, la exgobernadora María Eugenia Vidal. Mientras el gobernador Axel Kicillof denuncia la catastrófica situación “de endeudamiento y de caja” que le hereda una de las peores gestiones bonaerenses conocidas, la de Vidal, ella aprovecha la ocasión para retomar las riendas de su carrera política. Primer acto: mesa austera para unas fiestas en familia. Segundo acto: blanqueo de novio nuevo y lujoso break vacacional. Tercer acto: poner a varios editores de Política de la revista Noticias a escribir sobre los efectos del romance en la presidenciabilidad femenina. 

Quienes creyeron que la carrera política de Vidal terminaba con su derrota en las elecciones de 2019 nunca entendieron a Vidal. En el apuro por dar vuelta la hoja y dar por terminados los terribles años de Cambiemos, nos olvidamos que esa fuerza política no nos gobernó sólo con CEO, y que también trajo, y creó, políticos profesionales. Como Vidal.¡Toc, toc! 

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Desde que la vimos en 2015 en televisión con la tez fresca y relajada, sentada en la mesa de su casa en una entrevista con Jorge Lanata apenas ganó la gobernación, la vimos jugar fuerte, a fondo. Y hoy, como buena política, cuando la mayoría la considera out, está decidida a hacer un uso calculado de todos los recursos políticos posibles para volver. 

A pesar de que cuenta con una importante carrera previa a la gobernación, que data por lo menos de los tiempos del menemismo, comenzamos a verla en loop recién a partir de su salto a la provincia de Buenos Aires, desde donde fue una de las protagonistas del ejército comunicacional de Cambiemos. 

Desde la provincia puso en juego todo su arsenal. Personificó a la candorosa Heidi que le beboteó a todo periodista que se prestara a ser beboteado, siempre besando y abrazando vecinos, siempre agradecida con Mauricio y Horacio, hasta que el primero la arrastró a la derrota mutua de 2019. También fue la agresiva Vidal que increpó bañeros, docentes, universidades del conurbano, ex presidentas y presuntas mafias de funcionarios. Y que en 2017 contribuyó al improbable logro de que Esteban Bullrich fuera electo senador. Y a la que no se le movió un pelo cuando fue denunciada por los “aportantes truchos” ni cuando la desidia de su gestión provocó la muerte de dos docentes por la explosión de una garrafa en una escuela humilde de Moreno.  

El insólito blindaje mediático del que disfrutó mientras destrozaba la provincia con los y las bonaerenses incluidos tuvo muchos momentos memorables, pero sin dudas uno de los más recordables ocurrió en 2018, en LN+, cuando, coronando una complaciente entrevista, Pablo Sirvén hizo un gesto con sus manos, como si golpeara una puerta imaginaria (¡Toc, toc!) y agregó: “Señora María Eugenia, soy la Historia, necesito que sea presidenta”, mientras ella se hacía la desentendida y redoblaba su “mauricismo”.  

La carrera de Vidal nos muestra, al mismo tiempo, las dificultades que tienen todas las mujeres que desean construir una carrera política, y también las ventajas que puede otorgar la condición de mujer cuando de hacer política se trata. 

El romance entró y salió de su vida con el timing exacto que le marcaron la rosca y los cálculos electorales. Ganó las elecciones de 2015 casada y tras asumir se divorció. En el cargo se cuidó de mostrarse como el “hada buena” (arquetipo de mujer política mucho más aceptable para el sentido común todavía dominante que el de la “mujer empoderada”). Usó fluidamente su condición de mujer-madre-joven-y-sola. Se definió a sí misma como “una romántica”, una “mujer joven” que confía en que “va a tener otra oportunidad”. Se mostró “de entrecasa”, en un supermercado, en una juguetería, en un local de comidas rápidas, como una “mamá que trabaja”. Sonreía cuando le preguntaban, una y otra vez, “Mariu, ¿tenés novio?”. Pocos días después de su derrota en las elecciones bonaerenses, blanqueó su romance con un notorio periodista deportivo viudo, a quien habría conocido en un popular programa televisivo. ¡Toc, toc!

De la triste nota de la revista Noticias sobre el “efecto Quique Sacco” retuvimos su machismo y misoginia: la nota habla de cómo el amor de un hombre “presidencializó” nuevamente a Vidal, de cómo ir “del brazo de un hombre” la puso “más linda, más popular, más querible”, más “plena”. Pero no perdamos de vista lo más importante del argumento del texto, donde leemos textualmente que “de la paliza descomunal de las elecciones” “hoy nadie habla y nadie se acuerda”. “Nadie”, dice la nota. Lo único cierto en todo esto es que nadie que haya dejado semejante desastre, que haya gestionado con tanta inoperancia y desidia, debería poder volver a ningún lado. 

Como afortunadamente la política siempre es relacional, la suerte de Vidal depende de muchos factores. Por ejemplo, de cuánto logre mantener el blindaje de los medios, de cómo juegue en la interna de Cambiemos, o de cómo les vaya, a su vez, a sus contendientes en esa interna. 

Pero sobre todo, la suerte de Vidal depende de la suerte del gobierno del Frente de Todos. Ojalá que los propios, entre ellos Berni, entiendan lo antes posible que una de las cosas en las que no se puede errar es en mantener la unidad. No estamos en 2015 sino en 2019. Y enfrente está Cambiemos, que a pesar de la derrota conservó un 40% de adhesiones firmes, inmunes al desastre económico; y, atención, una variedad de liderazgos y recursos políticos que lo vuelven un contrincante temible. 

Y uno de esos liderazgos es, sin dudas, el de Vidal. Que, a pesar de todo, vuelve ¡Toc, toc!

*Paula Canelo, socióloga. Autora de ¿Cambiamos? La batalla cultural por el sentido común de los argentinos, Siglo XXI Editores.

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