Tener un auto implica afrontar diferentes gastos mensuales y uno de los más importantes es el seguro automotor. En Argentina, todos los vehículos que circulan por la vía pública deben contar, como mínimo, con una cobertura de responsabilidad civil contra terceros. Esta obligación está establecida en el artículo 68 de la Ley Nacional de Tránsito 24.449.
El seguro es básicamente un contrato entre el propietario o tomador y una compañía aseguradora. El conductor paga un determinado importe y, a cambio, la empresa se compromete a responder económicamente frente a los riesgos establecidos en la póliza. Ese contrato determina qué situaciones están cubiertas, los límites de indemnización, las exclusiones y la vigencia de la cobertura.
La protección mínima obligatoria es la denominada Responsabilidad Civil, comúnmente conocida como seguro contra terceros. Su función principal es cubrir los daños que el vehículo asegurado pueda provocar a otras personas, ya sean transportadas o no transportadas. La cobertura básica no significa necesariamente que la aseguradora vaya a pagar los daños sufridos por el propio automóvil.
A partir de esa base pueden contratarse alternativas más completas. Dependiendo de la compañía y del plan elegido, existen coberturas que incluyen robo o hurto, incendio, daños parciales o totales, granizo y otras situaciones previstas específicamente dentro de la póliza.
Una de las opciones más conocidas es el denominado todo riesgo, que puede incorporar daños propios incluso cuando el asegurado sea responsable del accidente. En estos seguros suele existir una franquicia: una parte determinada del costo de reparación queda a cargo del propietario y el resto es cubierto por la aseguradora según las condiciones contratadas.
¿Cómo se paga el seguro del auto?
Aunque la cobertura obligatoria básica tiene vigencia anual, eso no significa que necesariamente haya que pagar todo el año de una sola vez. Las pólizas pueden establecer cuotas o emisiones periódicas, y muchas personas abonan el seguro todos los meses.
El pago puede realizarse mediante tarjeta de crédito o débito, entidades financieras, sistemas electrónicos habilitados y diferentes servicios autorizados para cobrar las cuotas. Cada aseguradora establece las alternativas disponibles para sus clientes.
El importe final que paga el propietario se conoce habitualmente como el costo o premio del seguro. Puede variar considerablemente según el tipo de cobertura contratada, el vehículo asegurado y las condiciones establecidas por cada compañía.
También es fundamental controlar que cada cuota haya sido efectivamente abonada. La Superintendencia de Seguros de la Nación (SSN) advierte que, si el pago no se realiza en término, la cobertura queda automáticamente suspendida desde las 24 horas del día del vencimiento impago. Además, la aseguradora no está obligada a avisar que un débito automático fue rechazado.
Por eso, además de comparar precios, resulta clave revisar exactamente qué cubre la póliza, cuál es la franquicia, cuáles son sus límites y cuándo vence cada pago. Tener el seguro vigente no es solamente una obligación legal: también puede evitar afrontar personalmente gastos muy elevados después de un accidente.
