El Autódromo Nacional de Monza ocupa un lugar especial en la carrera de Franco Colapinto. No solamente es uno de los circuitos que más disfruta manejar, sino que allí comenzó oficialmente su historia como piloto titular de Fórmula 1. Además, las características del trazado italiano, con velocidades extremas, pocas curvas y frenadas muy exigentes, pueden adaptarse a algunas de las cualidades que históricamente mostró el argentino.
Monza tiene 5,793 kilómetros, 11 curvas y una de las mayores velocidades promedio de todo el calendario. Los Fórmula 1 circulan con configuraciones de muy baja carga aerodinámica y permanecen aproximadamente el 80% de la vuelta con el acelerador a fondo. La recta principal supera el kilómetro y desemboca en una de las frenadas más violentas del campeonato: los pilotos llegan cerca de los 350 km/h antes de reducir drásticamente la velocidad para ingresar a la primera chicana.
Es justamente esa combinación la que puede favorecer las características de Colapinto como piloto. El argentino suele mostrarse decidido en las frenadas y cómodo en circuitos donde existen posibilidades concretas de superar rivales. En Monza, el rebufo y las largas rectas permiten mantenerse cerca del auto de adelante, mientras que las chicanas generan oportunidades para atacar sobre el freno.
Pero existe otro factor todavía más importante: Colapinto conoce muy bien el escenario. Allí disputó su primer Gran Premio de Fórmula 1 con Williams en 2024. Después de largar 18°, completó las 53 vueltas y terminó 12°, ganando seis posiciones en su estreno. Incluso realizó allí su primer sobrepaso en la categoría, cuando superó a Lance Stroll en la primera curva.
Ese recuerdo convirtió a Monza en un circuito diferente para el argentino. Cuando regresó en 2025 ya como piloto de Alpine, reconoció que volver al lugar de su debut le generaba recuerdos especiales. “Es una pista que siempre me gustó y realmente disfruto manejar”, explicó entonces Colapinto, quien también destacó la pasión del público italiano y la historia que rodea al escenario.
Además, antes de aquel Gran Premio había realizado pruebas con Alpine en el mismo circuito, acumulando todavía más kilómetros. El propio piloto destacó que las altas velocidades y las extensas rectas están entre los aspectos que hacen de Monza uno de sus trazados favoritos.
Sin embargo, que Monza le guste a Colapinto no significa necesariamente que sea favorable para su auto. Esa diferencia quedó muy clara en 2025. El argentino explicó después de clasificar 18° que el trazado no funcionaba particularmente bien para el Alpine y que faltaba velocidad para avanzar en la parrilla. Finalmente largó 17° y terminó en esa misma posición.
Por eso, las posibilidades de Colapinto en Monza dependen de dos factores diferentes. Por un lado aparece un piloto que conoce el circuito, disfruta las frenadas fuertes y tiene allí uno de los recuerdos más importantes de su carrera. Por el otro, estará el rendimiento que pueda ofrecer su monoplaza en un escenario donde la potencia, la eficiencia aerodinámica y la velocidad final son fundamentales.
Para Colapinto, de todos modos, volver al “Templo de la Velocidad” siempre tiene un significado distinto. Monza fue el lugar donde dejó de esperar una oportunidad en la Fórmula 1 para convertirse definitivamente en piloto de la máxima categoría.
