Los autos que "se manejan solos" utilizan una combinación de cámaras, radares, sensores, posicionamiento satelital, computadoras y programas de inteligencia artificial para interpretar lo que ocurre alrededor del vehículo y tomar decisiones sin depender permanentemente de una persona.
El sistema puede identificar otros autos, peatones, ciclistas, semáforos y obstáculos. A partir de esa información determina cuándo acelerar, frenar, doblar o cambiar de carril.
Sin embargo, no todos los vehículos que ofrecen asistencias a la conducción pueden considerarse autónomos.
La clasificación internacional establece diferentes niveles. En el nivel 2, por ejemplo, el vehículo puede controlar simultáneamente dirección, aceleración y frenado, pero la persona debe permanecer atenta y preparada para intervenir. Incluso Tesla aclara que su Full Self-Driving (Supervised) requiere supervisión y que el vehículo no es autónomo.
El gran salto aparece en el nivel 4. Allí un automóvil puede circular sin intervención humana dentro de determinadas zonas y bajo condiciones previamente establecidas. El nivel 5 representa el máximo teórico: un vehículo capaz de desplazarse completamente solo prácticamente en cualquier situación.
Esta tecnología ya funciona comercialmente en algunos lugares. Waymo, empresa perteneciente a Alphabet, opera vehículos totalmente autónomos sin un conductor humano detrás del volante en distintas ciudades de Estados Unidos y continúa ampliando sus áreas de servicio.
Tesla, por su parte, también desarrolla su plataforma Robotaxi y ofrece viajes autónomos en varias ciudades estadounidenses. Incluso presentó el Cybercab, un vehículo concebido específicamente para la conducción autónoma y diseñado sin volante ni pedales.
¿Qué ocurre en Argentina?
Desde marzo de 2025, la reglamentación nacional de la Ley de Tránsito reconoce expresamente los vehículos autónomos y establece cinco niveles de automatización.
Para los vehículos autodirigidos, los sistemas de hardware, sensores, actuadores, posicionamiento y software necesitan autorización de la Agencia Nacional de Seguridad Vial. La normativa permite además establecer restricciones geográficas y de velocidad.
Durante 2026 se produjo otro avance importante.
La Ciudad de Buenos Aires autorizó oficialmente la realización de pruebas piloto de vehículos autónomos de nivel 4 en el espacio público. La medida también estableció un procedimiento para solicitar las correspondientes autorizaciones de circulación.
Esto significa que Argentina ya cuenta con una base normativa que permite comenzar a experimentar con vehículos capaces de desplazarse sin intervención humana, pero eso no equivale a que actualmente cualquier persona pueda comprar uno y utilizarlo sin conductor por cualquier calle.
Tampoco existe, hasta septiembre de 2026, una fecha oficial para el lanzamiento masivo de robotaxis sin chofer en Argentina.
El proceso probablemente será progresivo: primero pruebas controladas, después posibles servicios en zonas delimitadas y, finalmente, una expansión condicionada por la homologación, infraestructura, seguros, seguridad vial y legislación.
Los autos sin chofer, por lo tanto, ya no pertenecen únicamente al futuro. Argentina abrió legalmente la puerta para probarlos y Buenos Aires dio uno de los primeros pasos concretos. La gran incógnita ahora no es si la tecnología existe, sino cuándo estará suficientemente desarrollada y autorizada para que pedir un auto sin conductor sea algo cotidiano en las calles argentinas.
