La situación económica actual y la que sufrimos en el 2001 tienen puntos en común. Aunque también es verdad que tienen sus diferencias, por lo que es fundamental entender qué pasó en aquella crisis para aprender algunas lecciones. Dado que de no haber aprendido nada, los errores se repetirán y entonces las consecuencias serán peligrosamente las mismas, obteniendo como resultado otro fatídico año de colapso económico y social.

Empecemos con uno de los puntos de mayor similitud: tanto la economía que estalló en 2001 como la actual son economías fuertemente dependientes del endeudamiento externo. Así, durante el primer año de gobierno de la Alianza el endeudamiento externo comenzó a cerrarse y el entonces presidente Fernando De la Rúa negoció en diciembre de 2000 un paquete de ayuda con el FMI llamado Blindaje, el cual supuestamente iba a cubrir todas las necesidades financieras del país hasta el final de su mandato. Algo muy similar a lo que está ocurriendo hoy: el gobierno de Mauricio Macri recurre al FMI como prestamista de última instancia porque el crédito en los mercados externos está cerrado. Al igual que en el pasado, se augura que la ayuda del Fondo será suficiente para cubrir todas las necesidades de la Argentina hasta fin de 2019, por lo cual no habrá que preocuparse.

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Sin embargo, las lecciones del pasado señalan que los anuncios de 2001 fueron demasiado optimistas: el gobierno del Alianza tras el Blindaje debió renegociar con sus acreedores privados una refinanciación de deuda en muy pocos meses, puesto que la deuda externa era impagable sin nuevos préstamos. Por ello, ya con el retorno del Domingo Cavallo al ministerio de economía, en mayo de 2001 se realizó el megacanje por el cual canjear títulos de deuda viejos por otros nuevos con vencimientos más lejanos al costo de pagar tasas de interés más elevadas. Esto empero tampoco alcanzó: en julio (apenas dos meses después) otra vez quedó en evidencia que todo aquello era insuficiente y se optó por realizar un ajuste gigante del gasto público conocido como “ley de déficit cero”, por el cual se bajaron las jubilaciones y salarios públicos en un 13%.

El FMI celebró dicho ajuste y le dio otro préstamo a De la Rúa-Cavallo: en septiembre de 2001 endeudaron al país por otros 8 mil millones de dólares con el llamado “salvataje” para reforzar las reservas. Con todo, el final de la película lo conocemos: apenas tres meses después vino el corralito, luego los saqueos y la rebelión popular que puso fin a la Alianza. No bastó que De la Rúa se hubiera entrevistado con George Bush en noviembre de 2001 (apenas un mes antes de la explosión final) y toda la ayuda otorgada. Ese modelo económico era insostenible y la sociedad argentina lo hizo saber.

En la actualidad y de cara al futuro la situación económica sólo ofrece un panorama desolador: una inflación piso del 30% (incluso algunos ya proyectan una por encima del 40%), nuevos tarifazos, subas de la nafta y del gas, recortes en el presupuesto ya anunciados por el gobierno y paritarias por el piso. La caída salarial, del consumo, de la inversión, en las ventas y de la economía ya se descuentan para este año. A su vez, es necesario sumar a esto el terrible paquete de exigencias que pedirá el FMI para acceder a seguir endeudando al país. El dólar continuará su camino de ascenso, los ataques especulativos no se detendrán, mientras que todos los meses estaremos bailando al ritmo de los “supermartes” de renovación de las Lebacs. Para rematar el terrible combo que se aproxima debemos recordar que todavía están pendientes dos subas más de la tasa de interés en los Estados Unidos, presagiando nuevas corridas y mayores fugas de capitales, lo que hará descender todavía más las reservas del Banco Central, dejando al país más expuesto y vulnerable.

Las únicas cartas que intentará utilizar el gobierno de Macri son las ya ensayadas por el gobierno de De la Rúa. Es decir, ante la desesperación y el fracaso del recetario neoliberal y los pésimos resultados obtenidos, creerá que el problema fue no haber ido todavía más a fondo con su política económica. Por ende, se extremará el “gradualismo” con nuevos ajustes y mayor endeudamiento. Algo que generará mayor recesión y sólo servirá para financiar la huida de los dólares del país.

El actual gobierno podría aprender algo de las lecciones del 2001: pedir dinero al FMI sólo genera como consecuencia un país más endeudado, las condicionalidades que se pagan por esos fondos implican recesión, caída en la recaudación y ajustes inviables. Apostar como principal estrategia ganar a la “confianza” de los mercados es un camino suicida: los mercados apoyan con el corazón pero actúan con el bolsillo, por lo que fugarán todo lo que se les permita. Pero sobre todo, el punto central del aprendizaje sobre la última crisis es el que el gobierno parece desoír hoy del mismo modo en que De la Rúa: la tolerancia popular al ajuste está en una situación límite. Con encuestas que muestran un 70% de imagen negativa y un ascenso del disconformismo, es difícil pensar que de repetir el recetario del pasado se generen resultados distintos: la sociedad civil estará lista para irrumpir de nuevo una vez más. Por ello, si el gobierno de Macri no aprende las lecciones del pasado estará condenado a repetirlo.

* Julián Zícari es Doctor en Ciencias Sociales, Magíster y Especialista en Historia Económica. Recientemente publicó el libro Camino al colapso. Cómo llegamos los argentinos al 2001 (Ediciones Continente).