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Es la organización, estúpido

26 de octubre, 2026 | 13.47

Anoche, mientras se contaban los últimos votos en Brasil, ya estaban escritas las columnas que iban a explicar el resultado. Unas dirían que ganó la economía. Otras, que ganó el antibolsonarismo. Algunas, que fue el Nordeste. Otras, que fue la judicialización del apellido. Otras, el canal de whatsapp “Exército do Lula”. Cada una de esas lecturas tiene algo de verdad y ninguna explica por sí sola por qué Lula da Silva fue reelecto con el 51,79 por ciento de los votos válidos contra el 48,21 por ciento de Flávio Bolsonaro, una diferencia de apenas 3,58 puntos.

Escribo esta columna desde un lugar declarado: el de “consultor político de parte”. No el analista que observa desde afuera ni el que vende la misma fórmula a cualquiera que la pague. Alguien comprometido con un proyecto, que gana o pierde con él. Desde ese lugar, la tentación del factor único no es solo un error intelectual: es una forma de perder elecciones.

No hay una teoría general del voto

La ciencia política y la comunicación política dedicaron buena parte del siglo XX a buscar el factor determinante. Primero fue la posición social: clase, religión y lugar de residencia explicarían el voto. Después, la identificación partidaria heredada en la familia. Más tarde, el cálculo racional de costos y beneficios. Finalmente, el juicio retrospectivo sobre la economía, resumido en la frase que James Carville instaló en la campaña de Bill Clinton en 1992: "es la economía, estúpido".

Cada teoría capturó algo real y cada una fue corregida por la siguiente. La conclusión compartida hoy por el campo académico es que no existe una teoría general del voto. Existe una trama de factores, conscientes e inconscientes, racionales y emocionales, cuyo peso relativo cambia de una elección a otra.

Lo que importa, y por ello mismo la dificultad a la hora de trazar una estrategia electoral, es la coyuntura. Y las coyunturas no se repiten.

Lo que sí se puede leer en Brasil

Si ningún factor único explica el resultado brasileño, sí hay algo que se puede señalar con precisión: en una elección decidida por menos de cuatro puntos, la militancia organizada fue decisiva.

En los días previos a la primera vuelta, el PT y la coalición que lo acompañaba desplegaron el "Lulaço", una movilización nacional de 48 horas. No fue un acto ni una campaña de medios: fueron visitas puerta a puerta, caminatas por los barrios, caravanas, volanteo y banderazos, coordinados por las secretarías de Nucleación y Movimientos Populares del partido y adaptados a las características de cada municipio. El criterio fue explícito: presencia total en las calles y en las redes.

Esa última frase importa, porque la otra pata del dispositivo fue digital y tecnológica. Meses antes, el PT había lanzado "Porta-Vozes do Lula", una estructura de militancia digital organizada en grupos de WhatsApp, con misiones diarias, puntaje acumulado y un ranking de participantes. La primera misión consistía en sumar gente. La consigna que recibía cada nuevo vocero era llevar el mensaje a sus conversaciones cotidianas: la familia, los vecinos, el trabajo, la escuela, la iglesia. El impacto del canal de whatsapp dirigido por el diputado André Janones motivando, coordinando y “agitando” sobre esa impronta anterior fue muy relevante.

Lo interesante no son las herramientas en sí, sino lo que revelan. No se trató de una campaña de contenidos que esperaba viralizar, ni de una estructura territorial que ignoraba las redes. Fue un sistema donde la comunicación daba el marco, la tecnología sostenía la coordinación y la organización ponía los cuerpos. En una elección tan reñida la ausencia de cualquiera de estas tres piezas cambia el resultado.

Comunicación, tecnología y organización

Escribí hace unos meses que las campañas ya no se transmiten sino que se organizan. El argumento era que el modelo publicitario agotó sus supuestos: ya no hay una atención masiva capturable, ya no hay un piso de credibilidad del emisor, y la relación entre mensaje y ciudadano dejó de parecerse al consumo.

Enfocarse en las redes sociales como si fuese el único territorio y el único lugar donde disputar, es un error muy propio de estos tiempos. Porque la viralidad no predice la persuasión ni multiplica el mensaje por fuera de “las visualizaciones”. La campaña de Mamdani en Nueva York, tantas veces citada por sus videos, se sostuvo en realidad sobre una organización masiva de voluntarios que salían a tocar puertas con una aplicación que les indicaba a quién visitar. Los videos sirvieron para reclutar, no para convencer.

Brasil acaba de confirmarlo a escala continental. Y vuelve a poner sobre la mesa la distinción central: una audiencia se mide en alcance y desaparece después de la elección; una base se mide en capacidad de convocatoria y permanece. El indicador que importa dejó de ser cuántos nos vieron y pasó a ser a cuántos podemos llamar por su nombre y pedirles algo concreto.

La tecnología no entra acá como producción de piezas. Entra como infraestructura de vínculos: un sistema que registra quién hizo qué, que asigna tareas, que no pierde al voluntario que se ofreció y nunca recibió una respuesta. La mayoría de las campañas argentinas no pierde militantes por falta de convocatoria. Los pierde por falta de asignación de tareas y de pertenencia concreta a un dispositivo organizacional.

Por qué un consultor de parte

Vuelvo al lugar desde el que escribo, porque creo que explica también por qué insisto con esto.

En la Argentina, buena parte de la consultoría política trabaja para quien la contrate, a veces para candidatos enfrentados en la misma elección. No es un juicio moral: es un modelo de negocio. Pero tiene una consecuencia sobre el tipo de lectura que produce. Quien vende a cualquiera necesita vender un commodity: una clave, una fórmula, un factor que explique todo y se pueda aplicar en cualquier campaña. "Es la economía", "definen los jóvenes", "gana el que domina TikTok", "ganó el miedo".

Carville, cuando escribió su frase en una pizarra, no estaba formulando una teoría: estaba fijando una de tres prioridades para una campaña concreta, contra un adversario concreto. Era un consultor demócrata, trabajando para un demócrata. La frase se independizó de su contexto y recorrió el mundo convertida en ley general. Esa deriva es exactamente lo que un consultor “partidario” no puede permitirse.

Se suele pensar que la pertenencia y el compromiso político definido puede nublar la lectura. Creo que es al revés. Quien quiere ganar necesita la lectura más precisa posible, incluso la más incómoda para los propios. El partidismo no exime del rigor: nos lo exige. Y obliga a decir hacia adentro lo que no se quiere escuchar. Por ejemplo, que la frase "cuando la economía se caiga, vuelven" es nuestra propia versión del factor único, y es falsa. El malestar no habla solo: alguien tiene que ponerle nombre, señalar responsables y ofrecer una salida creíble. Si no lo hacemos nosotros, lo va a hacer otro, como ya pasó.

2027 empieza hoy

Soy optimista sobre lo que viene, y quiero fundamentarlo.

El peronismo y sus aliados conservan algo que casi ningún otro espacio político argentino tiene: estructura territorial real, presencia militante en los barrios, miles de personas dispuestas a trabajar sin cobrar un peso. Eso no se compra ni se improvisa en una campaña. En un escenario donde la persuasión volvió a depender de la conversación cara a cara, ese activo vale más que nunca. Brasil acaba de mostrar que una elección casi empatada se gana con ese tipo de recurso, no con el mejor spot.

Tenemos además una ventaja comparativa frente a las herramientas importadas. El instrumental de campaña estadounidense está pensado para recaudar fondos, llamar por teléfono y mandar mensajes de texto. Acá el activo es la cercanía física, WhatsApp funciona como estructura informal y la escala de organización es ascendente, del barrio hacia arriba. Ese es nuestro terreno.

Pero el optimismo tiene una condición, y es la razón de esta columna. Nada de esto se construye en los últimos sesenta días, cuando nos desesperamos. Una base de datos de militantes y simpatizantes se arma durante meses. Un sistema que asigne tareas y registre interacciones se diseña, se prueba y se corrige. Una red de referentes barriales se sostiene con contacto frecuente, no con una visita un mes antes de las elecciones. La organización, a diferencia de la publicidad, no tiene atajos ni se puede comprar con un presupuesto de último momento.

Si arrancamos en 2027, vamos a llegar tarde. Si arrancamos ahora, en una etapa sin urgencia y sin cámaras, llegamos a la elección con algo que ninguna campaña de medios puede igualar: gente organizada, identificada, con tareas y con capacidad de convocar a otros.

Tres líneas para una pizarra

Si tuviera que escribir, como Carville, tres líneas en la pizarra de una campaña del peronismo y sus aliados para 2027, serían estas:

Primera: nadie vuelve solo.

Segunda: lo que convence es la conversación, y las conversaciones hay que organizarlas. Tercera: lo que no empecemos este año, no va a existir en el próximo.

Me dirán que acabo de hacer exactamente lo que vine a criticar: pasé cinco mil caracteres sosteniendo que ningún factor explica una elección y termino poniendo uno en el centro. La objeción es justa, pero tengo una respuesta:

La organización no explica el voto. Nada lo explica por sí solo: ese fue el punto de partida y sigue en pie. Pero una coyuntura electoral está hecha de elementos que no elegimos y de elementos que sí. La economía no la manejamos. El clima regional, tampoco. Cómo será la campaña del oficialismo, ni hablar. Qué va a estar en la cabeza de la gente el día de la elección, lo sabremos cuando pase. De toda esa trama, hay un solo hilo que depende enteramente de nosotros, y es cuánta gente vamos a tener organizada cuando llegue ese día.

No es el factor que gana las elecciones. Es el que nos deja en condiciones de ganarlas cuando el resto de la coyuntura, como pasó anteayer en Brasil, se decide por tres puntos y medio.

Por eso, debajo de las tres líneas y en letra chica, iría esta aclaración: es la organización, estúpido. No porque explique el resultado, sino porque es lo único que podemos empezar a construir esta misma semana.

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