El Nepo-Estado: los negocios y la diplomacia de los hijos del poder en la era Trump

La segunda administración de Trump expone una trama donde negocios privados, criptomonedas y diplomacia se entrelazan con el poder estatal. Hijos, yernos y socios inmobiliarios ocupan el centro de un esquema que, entre conflictos de interés y megaproyectos en zonas de guerra, redefine la política exterior como extensión de un portafolio familiar.

21 de febrero, 2026 | 00.15

“Me demostró que el éxito se logra con el trabajo duro, no con las limosnas”, dijo Zach Witkoff sobre su padre Steve Witkoff, el empresario inmobiliario que ahora oficia de enviado especial y amigo de Trump. La frase siguiente fue: “Cuando me uní a su negocio, comencé desde abajo”. El mito de origen de uno de los hijos del poder de la máxima potencia global fue pronunciado durante la Convención Nacional Republicana en Milwaukee, Wisconsin, el 18 de julio de 2024, que terminaría con la reelección del magnate.

La narrativa de la generación de Bill Gates y Paul Allen, los creadores de Microsoft, fue la de haber surgido en un garaje. Y aun teniendo en cuenta que esa historia fundacional no transcurrió en cualquier garaje del Conurbano bonaerense, sino en ciertos barrios de la principal potencia mundial, igualmente su crecimiento dejó logros inéditos para las generaciones sucesivas y tuvieron un alcance global. Pero, ¿qué dejan los hijos de la administración Trump? Un legado de especulación financiera, edificios y barrios para elites globales y más guerra, mientras un enriquecimiento personal.

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Lucro familiar desde los resortes del Estado

Mientras la vieja guardia gobierna Estados Unidos y sigue en paralelo con negocios tradicionales como el de los bienes raíces, los hijos de los altos funcionarios de la administración Trump II de la Casa Blanca encontraron en las criptomonedas la fuente no solo para generar plata, sino también para hacerlo más rápido que sus padres.

World Liberty Financial (WLF) fue una idea que surgió poco antes de la asunción de Trump en una reunión en la residencia del millonario en Mar-a-Lago. Ahí se dio origen a la empresa que vería la luz en septiembre de 2024. Ahora es dirigida por Zach Witkoff, uno de sus cofundadores junto a tres hijos de Trump; Don Jr. (de 48 años), Eric (42) y Barron (19). Y en ese breve período desde su creación ya se embolsaron una cifra millonaria: “Se estima que [la firma] repartió 1.400 millones de dólares a las familias Trump y Witkoff”, según informó este mes el diario financiero Wall Street Journal.

¿De dónde viene esa suma astronómica para una empresa tan nueva? Una parte de la compra parcial -49%- de la compañía. El mismo medio reportó la compra por parte del hermano de Mohamed bin Zayed Al Nahayan, presidente de Emiratos Arabes Unidos. El acuerdo secreto que involucró a la realeza de Abu Dabi implicó el desembolso a WLF de 500 millones de dólares por una fracción de la compañía. Este emirato se aproximó cada vez más a Trump ya desde su primer mandato cuando se plegó a los acuerdos de Abraham, por el que la Casa Blanca -con Jared Kushner, yerno de Trump, a la cabeza- avanzó en la normalización de las relaciones con Israel. Ahora, además de hacer negocios con los familiares del republicano, es uno de los principales aportantes para la autodenominada “Junta de Paz” en Gaza.

Otra parte de las ganancias vino de un esquema con el que en Argentina varios están familiarizados: la firma puso a la venta el token WLFI que ayudó a inflar y en ese punto, el núcleo reducido, es decir, los hijos del poder, sacarían a tiempo sus ganancias antes de que su valor se desplomara. El primer paso para esa valorización consistió en que World Liberty compró una empresa que cotiza en bolsa, recaudó plata de los inversores mediante la venta de acciones y usó esos fondos para comprar sus propios token WLFI, según informaron personas familiarizadas con la propuesta, citadas por el WSJ. Al comprar tanto criptomoneda, se ayuda a impulsar el precio y las acciones de la compañía. Pero este círculo virtuoso funciona solo cuando la moneda digital está al alza. Y mientras los “fundadores” pudieron retirar ganancias, el resto de los inversores no; algo que en la jerga se conoce como estar “bloqueado” por cierto tiempo. Mientras, estos verían cómo el valor de la “moneda” se desplomaba.

Pero World Liberty Financial no es la única firma que nació o se administra entre los pasillos oficiales, las residencias del presidente y oficinas privadas. Cantor Fitzgerald es otra compañía impulsada desde el nepo-Estado. Dedicada a los servicios financieros y banca de inversión, fue una de las empresas con más trabajadores afectados por el ataque contra las Torres Gemelas en 2001. 658 de sus empleados murieron pero Howard Lutnick, el actual secretario de Comercio de Trump, quien entonces era cabeza de la firma, se salvó por no haber estado en las oficinas de los pisos 101 hasta 105 de la torre norte aquel día. También fue quien decidió no pagarle salario a las familias de las víctimas. “Aunque fue una decisión difícil, fue la única”, dijo a la cadena CBS News en 2011.

Ahora, Cantor Fitzgerald está dirigida por Brandon Lutnick, hijo del secretario de Comercio de Trump, y fue clave en la salida a bolsa de empresas como American Bitcoin -que se gestó en 2024 en Trump National Golf Club en Júpiter, Florida y fue fundada en marzo de 2025 por Eric Trump, Donald Trump Jr. y accionistas de su antigua empresa, American Data Centers. American Bitcoin llegó a valer 5.000 millones de dólares antes de que las acciones se desplomaran junto al Bitcoin.

La pregunta por si existe algún tipo de conflicto de interés es inevitable. Un portavoz de World Liberty, David Wachsman, intentó descartar las sospechas sobre esta empresa privada con ramificaciones en funcionarios del Estado: “No hay, ni ha habido nunca, ningún conflicto de intereses en la firma”, dijo. Pero como en la interpretación psicoanalítica de los sueños, las negaciones parecen operar como una indudable afirmación.

El periodista David D. Kirkpatrick escribió en enero en la revista New Yorker que al comienzo de su primer mandato, Trump prometió que él y su familia “jamás harían nada que pudiera siquiera ser percibido como una explotación del cargo de presidente”. Pero en su segundo mandato, dijo Kirkpatrick, algo cambió: “Él y miembros de su familia firmaron una avalancha de megaoperaciones en el extranjero, ensombrecidas por conflictos de intereses, y lanzaron al menos cinco empresas de criptomonedas diferentes, todas las cuales se aprovechan de la posición de Trump como presidente para atraer compradores o inversores. Los organismos de control ético afirman que ningún otro presidente ha explotado su posición de forma tan descarada, ni a tal escala”. Y citó a Trump, quien recientemente explicó al diario The New York Times por qué dejó de lado su anterior moderación: “Descubrí que a nadie le importaba”.

El mismo periodista calculó -siendo benevolente y retirando varias fuentes de potenciales ingresos de Trump- que la ganancia familiar a partir de su posición privilegiada de presidente alcanzó los 3.400 millones de dólares (la extensa nota detalla las fuentes que componen esa cifra).

Diplomacia “Inmobiliaria”: Kushner, Witkoff y la Junta de la Paz

La diplomacia de Donald Trump II combina la amenaza y el garrote militar, con un estilo no convencional propio pero también de quienes designa para intentar negociar sobre los conflictos más sensibles para la humanidad actual. Desde la guerra en Gaza, la intermediación entre Ucrania y Rusia así como la escala de tensiones con Irán.

El Departamento de Estado y el Consejo de Seguridad Nacional, las instituciones que por décadas se ocuparon de estos asuntos, están corridas y en su lugar Trump apuesta por su yerno Jared Kushner y por su amigo Steve Witkoff. Este dúo se arroga haber conseguido el cese el fuego en Gaza -sumamente frágil y con más de 600 víctimas palestinas desde que se alcanzó en octubre- y dice ahora ir por la paz en Ucrania, así como una desescalada con Teherán.

El supuesto “método transaccional” que caracterizaría a esta dupla estaría siendo privilegiado por Trump y elogiado por países como Rusia, Turquía, etc. Un enfoque que derivaría de sus trayectorias en el mundo privado, del que planean salir.

Witkoff era un empresario inmobiliario importante y Kushner -que además de yerno es otro “hijo de” un promotor inmobiliario, Charles Kushner- que también se dedicó al mismo rubro y que no tiene un cargo público, así que cabe deducir que su fuente de ingresos sigue siendo el mundo privado. Aquel viejo eslogan que se oía en Argentina en los años de Mauricio Macri también resuena para estos dos: Sus abultados patrimonios personales los hace más resistentes a las influencias de corrupción. Sin embargo, otros sectores sí los señalan sobre potenciales conflictos de intereses. Witkoff y su hijo en el mundo cripto con socios en la monarquía de Abu Dabi y Kushner recaudando miles de millones de dólares de fondos gubernamentales de países como Arabia Saudita, Qatar y los Emiratos Arabes Unidos, como detalló este mes el portal Axios.

El yerno de Trump, quien ocupa un rol de alta relevancia en la llamada Junta de Paz de Trump para Gaza, hasta ahora se ha dedicado a exponer sus planes de resorts de lujo y viviendas millonarias para el enclave palestino, construidos sobre las ruinas que dejó Israel y donde incluso la FIFA tendría un rol. Así, el único “logro” que exponen hasta ahora es el constantemente burlado cese el fuego en ese territorio y los beneficios proyectados solo parecen ser los que van a terminar en los bolsillos de estos empresarios inmobiliarios.

Además, los socios que encuentra la dupla en ese camino no parecen tener mejores intenciones para los palestinos. Abu Dabi integra la mesa de Trump -con la que, según dijo, eventualmente hasta podría reemplazar a la ONU- y dice no tener una agenda en Gaza -según declaración del asesor presidencial, Anwar Gargash-, pero hay indicios de lo contrario. “Múltiples informes y planos filtrados indican que los Emiratos Árabes Unidos están dispuestos a financiar una ‘comunidad cerrada’ en el sur de Gaza, donde supuestamente instalarán vigilancia biométrica para monitorear a los residentes, además de encargarse de su ‘reeducación’ y ‘desradicalización’”, informó esta semana la revista +972, dirigida e integrada por periodistas palestinos e israelíes.

En tanto, la implicación de la familia Trump en el conflicto de Gaza no se agota solo en la vía diplomática -sea cual sea la forma que ésta adquiera- sino también tecnológica y comercial. Esta semana, la firma israelí XTend y Eric Trump se unieron para sacar a bolsa a la empresa de drones que ya operó en el territorio en guerra. Se trata de una compañía que promociona sus dispositivos sin metáforas: “bajo coste por muerte”, o lo que sería lo mismo: “Hacemos que matar sea más barato”.

En suma, el ascenso de esta suerte de nepo-Estado, donde lo privado y lo público se entremezcla, marca un nuevo paradigma en el core de esta potencia en relativo declive: la política exterior ya no es un fin en sí mismo, sino el resultado de un portafolio de inversión familiar, liderado por los hijos y familiares de los principales integrantes del Gobierno.

Así, mientras la administración Trump II desmantela las instituciones tradicionales para reemplazarlas por un clan de hijos, yernos y socios inmobiliarios, el costo de este experimento queda a la vista. En Gaza, la paz suena más a un remate de resorts de lujo entre búnkeres militares y al final del día, el legado de esta generación no parece medirse en inventos e innovaciones que cambian el mundo, sino en la consolidación de un Estado donde el balance contable de unas pocas familias es la prioridad. Si, como dice Trump, “a nadie le importa”, el nepo-Estado se anota un punto: normaliza que el futuro de la política se negocie en los mismos términos de una subasta inmobiliaria o de una transacción especulativa con criptomonedas.

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Dacil Lanza

Es periodista especializada en política internacional en medios como la agencia Télam, el diario italiano Il Manifesto, la revista Nueva Sociedad y Cenital. En El Destape Radio es parte de Palermo Wuhan los sábados de 7 a 10 de la mañana. Hizo coberturas en Brasil, Chile, Colombia y España. Como freelance viajó a otra región que la apasiona: Medio Oriente, donde conoció Israel, Palestina y Egipto.