El próximo 27 de octubre, Israel enfrenta las primeras elecciones parlamentarias tras las masacres de Hamás del 7 de octubre de 2023 y las guerras que desencadenó Israel desde entonces en toda la región. Unas elecciones que llegan después de una transformación radical de la política en la región, pero que siguen orbitando sobre un mismo centro: la figura de Benjamin Netanyahu. Y por eso estos comicios van a ser también un referéndum sobre la figura del primer ministro, quien va a ser evaluado por sus responsabilidades ante la mayor catástrofe de seguridad en la historia reciente de Israel, por sus casos de corrupción, por la apertura de diversos frentes de guerra, por su alianza con Donald Trump, por su política hacia los ultraortodoxos así como por su reforma judicial y el encarecimiento del costo de vida. Del lado de enfrente, una coalición del “cambio”, liderada por el jefe del Ejército (2014-2019) Gadi Eisenkot, que critica a ‘Bibi’ Netanyahu por casi todo menos por su política hacia los palestinos. En cualquier caso, las dos coaliciones que encabezan las encuestas aún no llegan al número mágico de 61 escaños para formar Gobierno y rechazan hacer una alianza con los partidos árabes israelíes, quienes por su lado sí se ofrecen a desbancar a Netanyahu. Pero cualquiera que sea el resultado el martes, la agenda de los palestinos no está sobre la mesa.
El eterno retorno de Netanyahu siempre está volviendo
“Bibi” termina su mandato -algo que no pasaba desde hace 38 años- y vuelve a competir por mantenerse en el poder, donde estuvo por casi 19 años en distintos periodos. Por eso, Netanyahu demuestra una resistencia política insólita. Igualmente tendrá que hacer una rendición de cuentas en las urnas, mientras se niega a hacerla en otras instancias.
El primer ministro también será escrutado por las causas de corrupción que enfrenta en los tribunales -algunas retratadas en documentales como King Bibi- y que vienen siendo suspendidas de forma constante bajo la excusa de las guerras. Guerras que son otro punto sobre el que Netanyahu debe comparecer ante el electorado; la oleada de frentes bélicos que abrió en la Franja de Gaza, Líbano, Siria e Irán. Sin embargo, esto es algo que no necesariamente es visto como negativo por toda la población, incluso cuando tuvieron que pasar largos períodos en los refugios.
Además están el encarecimiento del costo de vida, pero también la exención histórica del servicio militar para los judíos ultraortodoxos. Esto último se mantiene pese a un fallo vigente de la Corte Suprema que exige aprobar una nueva ley de reclutamiento de esta parte de la población israelí -que representa a cerca del 13%-. Es un debate que el Gobierno de Netanyahu viene evitando dar. Y esto se disputa también en las calles. “La protesta se debe a que el Estado persigue la religión. Está intentando arrebatar por la fuerza a los judíos ultraortodoxos, recluirlos en una institución cerrada llamada Fuerzas de Defensa de Israel y convertirlos en israelíes, es decir, en personas laicas”, dijo a la agencia de noticias AP un ultraortodoxo que se manifestaba en Jerusalén el pasado 8 de octubre.
Pero de renovar su mandato, seguirá teniendo la presión de sus aliados ultraortodoxos -representados en Judaísmo de la Torá Unida- para no enrolarse, pero también de sectores de la población que consideran que esto sí debe ser obligatorio para ese sector, como los es para el resto de los israelíes.
Además, Netanyahu será evaluado porque antes del 7 de octubre intentó una reforma judicial que provocó una oleada de protestas históricas porque la población consideró que violaría la independencia del Poder Judicial. La norma fue frenada en la Corte, pero luego en 2025 el gobierno logró una reforma para incidir sobre el Comité de Selección Judicial, responsable del nombramiento de jueces.
Pero en cada uno de estos temas, las opiniones no son necesariamente de rechazo a las decisiones de ‘Bibi’, ya que estas despiertan odios y pasiones. A eso se suma que, por primera vez, un presidente de Estados Unidos se pronunció explícitamente a favor de un candidato. Donald Trump y Netanyahu sólo mostraron un distanciamiento performativo, sobre todo cuando el republicano llamó “loco” al primer ministro en junio. Pero ahora dan señales de querer seguir unidos en más frentes de guerra en caso de ser electo. “Sin duda, el mejor amigo que Israel ha tenido y tendrá en la Casa Blanca. Y toda la civilización se siente fortalecida por tu valentía. Donald, tenemos un trabajo que terminar. Tú lo dijiste, y lo terminaremos juntos. Lo terminaremos nosotros y nadie más lo hará”, dijo Netanyahu a Trump una llamada telefónica después de que este lo apoyara públicamente.
La mayor rendición de cuentas: el 7 de octubre de 2023
El atentado del 7 de octubre de 2023 contra Israel lo cometió Hamás y las responsabilidades comienzan por ese grupo palestino. Sin embargo, los israelíes también le piden a Netanyahu que responda por la mayor falla de seguridad en la historia reciente de Israel. Más cuando semanas antes de estas elecciones, fueron apareciendo informes periodísticos que indican que el jefe del Gobierno recibió advertencias de parte de gobiernos extranjeros sobre un posible ataque. Tanto el diario israelí Haaretz y los diarios estadounidenses The Wall Street Journal (WSJ) y The Atlantic informaron de advertencias que llegaron desde Egipto y Emiratos Árabes Unidos.
La primera advertencia de Egipto a Israel fue en junio de 2023, según funcionarios del gobierno árabe citados por WSJ y que la definieron como vaga. En esos momentos todavía no se sabían detalles, solamente indicaron que la situación en Gaza era volátil e instaron a Israel a retomar las negociaciones con Hamás. La segunda advertencia fue el 26 de septiembre, cuando Abbas Kamel, jefe de la inteligencia de Egipto y uno de los funcionarios de seguridad más influyentes en la región, viajó personalmente a Israel en una misión importante para advertir al Gobierno de Israel que Hamás parecía estar preparándose para un ataque de gran escala. Sobre este encuentro informaron funcionarios israelíes, egipcios, árabes, estadounidenses y europeos que fueron notificados de esa visita tras el 7 de octubre, según informó The Atlantic. Este medio dijo que Egipto indicó a Israel que la oportunidad para evitar una catástrofe se estaba agotando y recomendó al gobierno de mayoría hebrea que hiciera concesiones económicas, principalmente a Hamás, para evitar el conflicto. La prensa señala que los funcionarios israelíes aseguraron a Kamel que tenían todo bajo control.
La siguiente advertencia llegó a fines de septiembre, una semana y media antes del 7 de octubre de 2023, cuando el presidente de los Emiratos Árabes Unidos, el jeque Mohammed bin Zayed llamó a Netanyahu desde el Palacio Presidencial de Abu Dhabi y habló con él durante 45 minutos. Esto lo informó el diario Haaretz como parte de un adelanto de una investigación del libro ‘Rehenes, 843 días de abandono’. El líder de Emiratos dijo que hablaban frecuentemente tanto con Netanyahu como con el presidente israelí, Isaac Herzog. Esto fue reconocido incluso por Herzog.
Ese llamado fue distinto a las conversaciones previas, porque Bin Zayed ya usó un tono de advertencia más fuerte, ya que señalaba que el líder de Hamás en Gaza, Yaya Sinwar, estaba planeando una operación grande contra Israel. El mandatario expresó su preocupación de que dicho evento no solo provocaría un derramamiento de sangre, sino que también desestabilizaría la región y socavaría los acuerdos de Abraham de normalización de relaciones. Ya la siguiente fecha importante fue también en octubre de 2023, antes del ataque de Hamás, cuando el funcionario egipcio Abbas Kamel llamó de nuevo a Israel, en este caso, directamente a Netanyahu para transmitirle una tercera alerta según informaron funcionarios del gobierno árabe al WSJ. Según funcionarios de Egipto, este país y las autoridades de los Emiratos Árabes estaban cada vez más preocupadas porque Hamás discutía sus evaluaciones de inteligencia entre ellos y las compartían incluso con Estados Unidos, algo que funcionarios estadounidenses también expresaron públicamente.
También desde dentro de Israel hubo algunas advertencias pero la de julio de 2023, cuando el entonces jefe del Shin Bet (servicio de inteligencia interno), Ronen Bar, advirtió a Netanyahu que la guerra era casi inevitable para Israel, a menos que algo cambiara. Pero esas advertencias, sin embargo, no fueron tan precisas ya que dijo que las amenazas podrían venir de Gaza, Cisjordania o incluso con Líbano.
Por otro lado, según publicó Haaretz este mes, después de que Israel liberó a Sinwar en 2011 y de que este volviera a Gaza, empezó a armar varias versiones de un plan de ataque hacia el país de mayoría hebrea. Algunos de esos planes llegaron incluso a la inteligencia israelí. El Ejército llamó a ese plan como Muro de Jericó, pero se hizo muy poco para frustrar su implementación.
Algunas voces señalan cierta intencionalidad de Netanyahu, en una suerte de “dejar hacer”, pero hay otros analistas que, sin quitarle responsabilidad al primer ministro, consideran que las advertencias existieron siempre, pero que el Gobierno en realidad lo que hizo fue subestimar las capacidades de Hamás, sobreestimar las propias capacidades de respuesta de Israel, a la vez que se concentró en Cisjordania, donde sectores de su propia coalición, que pertenecen al movimiento colono, tenían como prioridad. En cualquier caso, el liderazgo lo tenía Netanyahu y es a él a quien demandan explicaciones. Algo a lo que se niega ya que no quiere crear una comisión independiente para asignar responsabilidades, como demandan los familiares y víctimas del 7-O.
Gadi Eisenkot, el líder de la coalición del “cambio”
La gran novedad en la contienda es el ascenso de Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor militar entre 2014 y 2019 que perdió a un hijo y dos sobrinos en la guerra en Gaza. Al frente del nuevo partido Yashar (que podría traducirse como “recto” u “honesto” en hebreo), Eisenkot encabeza un heterogéneo "bloque del cambio" compuesto por formaciones liberales de derecha y centroizquierda sionista.
Eisenkot es crítico con Netanyahu respecto al 7 de octubre, pero sus propuestas para Gaza no son del todo claras ni diferentes, ya que insiste en la vía militar. “Desde el momento en que asuma el cargo de primer ministro, en un plazo de 18 meses, Hamás dejará de gobernar la Franja de Gaza. Este será un objetivo oficial del gobierno que dirija, y me propongo cumplirlo. Esto sucederá, ya sea mediante acciones basadas en el marco del presidente Trump, que fue aceptado por el gobierno de Netanyahu, o mediante el despliegue de capacidades militares y operativas (…) que conducirán a la destrucción del ala militar de Hamás”, dijo la semana el exgeneral israelí y candidato electoral.
Eisenkot y su partido van junto a otras fuerzas aliadas como ‘Juntos’ del exprimer ministro Naftali Bennett y su segundo Yair Lapid, y a Los Demócratas de Yair Golan -con cierta herencia del laborismo- entre otros. En los últimos agregados de encuestas muestran a la fuerza de Eisenkot al frente y también a su bloque. De su lado, Netanyahu mantendría su alianza con su coalición de Gobierno actual con, por ejemplo, Poder Judío o Sionismo Religioso de los líderes colonos y ministros Itamar Ben Gvir y Bezalel Smotrich. Ninguno de los dos grandes bloques parece rondar por sí solo la mayoría clave de 61 escaños en la Knesset.
Los partidos árabes y el voto palestino
En este rompecabezas, hay un actor que podría romper el empate: los palestinos con ciudadanía israelí, que representan cerca del 20% de la población del país. Hay que aclarar quiénes son las personas que votan en Israel; israelíes judíos, ciudadanos árabes de Israel, ciudadanos drusos -una rama musulmana que, a diferencia de los palestinos, van al ejército-, y también los colonos israelíes que ocupan Cisjordania y Jerusalén Este. En tanto, los que no pueden votar son: la mayoría de los ciudadanos israelíes en el extranjero y los palestinos en Gaza, en Cisjordania y Jerusalén Este ocupadas (un tema a ampliar es que Israel no es solo una potencia ocupante que tiene un control militar de la mayor parte de ese territorio, sino que también, desde este último Gobierno de Netanyahu, la administración de estos territorios también tiene una oficina civil a cargo del líder colono y ministro de Finanzas, Smotrich).
Los cerca de 2 millones de árabes, la mayoría palestinos, residen en Israel tienen cierta representación en formaciones como Ra'am y la Lista Conjunta, partidos que expresaron su disposición a colaborar de alguna manera para desbancar a Netanyahu. “Queremos reemplazar al gobierno de derecha en todo el sentido de la palabra, poner fin a las guerras y a estas políticas, detener la expansión de los asentamientos y abordar la inacción ante los ataques de los colonos. También queremos un gobierno que implemente la seguridad y la paz compartidas entre palestinos e israelíes (…) La decisión sobre si Ra'am votará a favor de un gobierno se tomará después de las elecciones”, dijo Mansour Abbas, líder del Partido Ra'am, en declaraciones de este mes a la agencia Reuters.
La paradoja es que dentro del propio "bloque del cambio" de Eisenkot, al igual que en el de Netanyahu, existe enorme resistencia a pactar formalmente con ellos, a pesar de que podrían tener la llave de la gobernabilidad.
Otro punto clave será la participación electoral de estos sectores. Históricamente es baja, ya que ronda el 50%, pero algunos analistas señalan que por el miedo a la renovación del Gobierno de más extrema derecha que haya tenido Israel y después de años de marginación y aumento del crimen, la participación podría subir al 65% o 70%. “Como árabes que vivimos en Israel, nos vemos afectados por diversas situaciones que nos presionan a votar. Desde la reciente guerra hasta la situación actual en Cisjordania, pasando por la delincuencia en nuestra comunidad y la precaria situación económica. La ciudadanía en general se encuentra bajo mucha presión. Hoy buscamos soluciones que no nos obliguen a abandonar el país”, declaró la palestina israelí Sokayna Sarahneh a Reuters.
El elefante en la habitación: los palestinos
Cabe la pregunta de si una eventual victoria de Eisenkot va a significar un cambio sustancial en la política israelí hacia los palestinos. La respuesta es obvia: no. Y respecto al elefante en la habitación, la ocupación en Cisjordania y la solución de los dos Estados, hay que decir que estas dos coaliciones mayoritarias, la liderada por Eisenkot y la de Netanyahu, no se distancian demasiado. En el espectro político judío-israelí, la llamada solución de dos Estados es hoy un tema tabú y ninguno de los bloques cuestiona la presencia militar en Gaza, ni el crecimiento de los asentamientos en Cisjordania.
Un eventual gobierno de Eisenkot solo podría intentar mitigar la violencia de los colonos para moderar las críticas desde afuera o coordinar mejor la ayuda con la comunidad internacional para mejorar la golpeada imagen de Israel en el exterior, pero no va a impulsar un proceso de paz estructural. En definitiva, este 27 de octubre Israel no decide entre la paz o la guerra, ni entre izquierda o derecha, solo cabe esperar que los israelíes definan entre la continuidad con promesa de más guerras y la profundización de la ocupación, y un cambio para que poco cambie.
