Brasil no encuentra el fondo del pozo de la pandemia

La cepa amazónica causa un récord de infectados y fallecidos. Es la peor emergencia sanitaria de la historia. No hay camas de terapia intensiva en todo el país. Y nadie sabe cuánto puede seguir empeorando.

18 de marzo, 2021 | 08.03

Este miércoles, una de cada tres personas que mató el coronavirus en el planeta, murió en Brasil. “Es la principal catástrofe sanitaria y hospitalaria de la historia”, advirtió el Instituto Fiocruz, una de las instituciones médicas más prestigiosas del país. Ya se habla del “genocidio de Bolsonaro”, por la pasividad del presidente. En los primeros días de marzo, los epidemiólogos advertían que, si no se tomaban medidas drásticas, a fines de este mes se superaría la marca de 3 mil muertes diarias. Ayer hubo 3149 (501 de antes de ayer). “El acceso a unidades de terapia intensiva es virtualmente imposible en todo el país”, alertan los médicos. La escena es un aviso de lo que puede pasar en el planeta mientras las variantes más peligrosas se expanden sin control y las vacunas no alcanzan para todos.

El cuarto ministro de Salud de Bolsonaro, Marcelo Queiroga, asumió en el peor momento de la pandemia, pero en su discurso inaugural insistió en que no es necesario realizar un lockdown a nivel nacional. Queda claro que el presidente brasileño, y los suyos, no van a moverse de la posición negacionista más que lo mínimo necesario. El titular de la bancada oficialista en la cámara de Diputados, Ricardo Barros, llegó a decir que la situación “no es tan crítica comparada con otros países” sino que “es incluso confortable”. Y la semana pasada falleció por Covid otro legislador bolsonarista, Silvio Antonio Favero, que había presentado ante la legislatura de Mato Grosso do Sul para “garantizar el derecho del ciudadano a decidir si quiere o no ser vacunado”.

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Ayer se registraron por primera vez más de 90 mil casos positivos y más de tres mil fallecidos en 24 horas. Todo el país colapsa en simultáneo. En 25 de las 27 capitales estaduales, la capacidad de unidades de cuidados críticos está encima del 80 por ciento. En 19 de ellas, el número es superior al 90 por ciento. Sólo en la ciudad de San Pablo, se calcula que no menos de 60 personas fallecieron esperando una habitación de cuidados intensivos o un tubo de oxígeno. En Porto Alegre, con una tasa de ocupación de terapias intensivas superior al 100 por ciento, se tuvieron que improvisar camas fuera del sistema hospitalarios y los deudos hacen filas de varias horas para los trámites funerarios. La atención médica de cualquier otro tipo fue reducida a una mínima expresión.

El peligro de la cepa de Manaos

La velocidad de transmisión de la cepa de Manaos explica el desastre. Según estudios médicos, es entre dos veces y dos veces y media más infecciosa que la cepa de Wuhan, además de puede reinfectar y elude la respuesta inmune. La progresión numérica es escalofriante. El primero de marzo hubo 1223 fallecidos por este virus. Diez días más tarde se rompía la barrera de los dos mil casos. Bastó una semana para superar la de tres mil. Y los expertos no saben dónde estará el pico. La desidia de Bolsonaro atentó contra el régimen de vacunación, que al día de hoy sólo alcanzó a seis de cada cien brasileños. Ayer, el expresidente Lula le pidió a Joe Biden que libere para su país y para otros decenas de miles de vacunas que los Estados Unidos almacenan de forma ociosa.

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