Irán despide a Jamenei con funerales masivos y fuerte seguridad en Teherán

03 de julio, 2026 | 08.15

DUBÁI, ​3 jul - El cuerpo del líder supremo iraní asesinado, el ayatolá Alí Jamenei, era velado el viernes en una amplia sala de Teherán, mientras clérigos, autoridades, dignatarios extranjeros y otros dolientes ‌le rendían homenaje tras sus 37 años ‌en el poder.

Irán está organizando una semana de procesiones fúnebres masivas en honor a Jamenei —asesinado en febrero por ataques aéreos estadounidenses e israelíes al inicio de una guerra de cuatro meses— como muestra de devoción pública hacia el Estado teocrático de la República Islámica y su fervor revolucionario.

Se esperaba que el cuerpo de Jamenei fuera trasladado a Qom, Nayaf y Kerbala, los grandes centros chiitas de Irán e Irak, antes de ser enterrado el jueves en Mashhad, sede del santuario de peregrinación más sagrado del país.

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MOMENTO CRÍTICO ​PARA LA REPÚBLICA ISLÁMICA

Su ataúd ⁠fue descubierto a última hora del jueves ante una multitud de seguidores que sollozaban, se balanceaban y ‌se golpeaban la cabeza al compás de un canto fúnebre, mientras se lanzaban ⁠flores desde el féretro hacia la multitud. El viernes, el ⁠ataúd —y los de los familiares asesinados junto a él— fue expuesto en la gran sala de oración construida en honor a su predecesor, el ayatolá Ruhollah Jomeini.

El funeral llega en un momento crítico para Irán, ⁠donde los gobernantes clericales, respaldados por el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, se encuentran ​en la cresta de la ola tras haber sobrevivido a lo que ‌consideraban una guerra existencial contra sus enemigos más grandes ‌y poderosos.

Pero casi cinco décadas después de la revolución de 1979, y a pesar de ⁠todas las proclamaciones oficiales de unidad nacional en los días previos al funeral de Jamenei, la República Islámica rara vez ha estado tan fracturada internamente.

El apoyo al liderazgo clerical es muy frágil, según los analistas, y el nuevo líder supremo, el hijo de Jamenei, Mojtaba Jamenei, no ha aparecido en público desde ​que resultó herido ‌en el ataque que acabó con la vida de su padre.

Años de sanciones devastadoras han paralizado la economía, mientras que las fuerzas de seguridad han reprimido con cada vez más dureza las crecientes oleadas de protestas masivas en todo el país, lo que culminó con la muerte de miles de manifestantes en enero.

Esos graves problemas han quedado relegados a un ⁠segundo plano esta semana, en la que las autoridades han montado una demostración de poder estatal y apoyo masivo, movilizando a lo que esperan que sean millones para que participen en el funeral.

Las calles de Teherán estaban estrictamente controladas, con vehículos militares y policiales alineados en las principales vías y con la policía y miembros de la fuerza paramilitar Basij, vestidos con camisetas negras, patrullando en motocicletas. Irán advirtió a Estados Unidos e Israel no lanzar ataques durante el funeral.

Tras la llegada de los ataúdes el viernes, llevados en alto sobre las manos ‌levantadas de una multitud que los esperaba, fueron depositados en la sala de oración sobre un estrado blanco escalonado, frente a un nicho arqueado de gran altura, decorado con azulejos de intrincados motivos, flanqueado por banderas nacionales y banderas negras de luto.

Un turbante negro, que llevan los clérigos que afirman descender del profeta Mahoma, descansaba sobre el ataúd sobre un pañuelo a cuadros doblado, símbolo en Irán de los ideales revolucionarios milicianos ‌y de la solidaridad con los palestinos.

Las delegaciones, entre las que se encontraban las de Líbano, Irak y Yemen —países donde se encuentran los aliados más fuertes de la red de poder regional de Irán—, entraron sucesivamente en la ‌sala para situarse ante ⁠los ataúdes.

Se esperaba la asistencia de representantes de Rusia y China. El presidente iraquí, Abdul Latif Rashid; el primer ministro armenio, Nikol Pashinián, y el ministro del Interior ​pakistaní, Syed Mohsin Naqvi, llegaron a Teherán para asistir al funeral.

Las familias del líder de Hezbolá, Hasán Nasralá, y del alto mando Imad Mughniyeh, estrechos aliados libaneses de Irán fallecidos en ataques israelíes, asistieron a la ceremonia.

Con información de Reuters